
Los episodios que (re)presentan a un villano pocas audacias pueden permitirse, más allá del orden de emisión que desvíe las apariciones a lo convenido. En Dos Caras se respeta ese orden. Sería conveniente recordar la aparición en 1990, no sólo por cercana, sino por paralela a la de este Batman: TAS, que es la del Dos Caras postAño 1, en el famoso (por su portada pintada por Neal Adams) anual de 1990 en el que Andrew Helfer decidió que lo que Dos Caras expresaba… era en fin, una manifestación un poco más clara de que padecía, además de abusos paternales, alcoholismo, trastorno bipolar (una broma que funciona perfectamente) y paranoia.
Acaso importa que no sea un guiño deliberado a Miller
Hay que señalar el paralelismo que hay entre el nacimiento del Joker en la adaptación cinematográfica de Tim Burton y el nacimiento de Dos Caras (el cliffhanger) de esta temporada. No resulta agradable la coincidencia espacial (una fábrica, además de un mafioso que quiere deshacerse de él) pero sí las diferencias contextuales que, como siempre, inclinan la balanza a favor de la serie animada, porque la película convertía al Joker (o mejor dicho, ¡a Jack Nicholson!) en un sencillo matón, caco a lo sumo. El siempre exagerado Martin Scorsese pareció recalcar más al Joker en una escena de su juguete fallido, pero interesante, llamado The Departed, con el mismo Nicholson: en un cine pornográfico capaz de organizar dos grandes enfrentamientos entre policías y ladrones, esta vez infiltrados, mientras permanece inamovible a detenerse. Ese podría ser con toda tranquilidad el mismo Joker de La Broma Asesina.
El fracaso de Bruce Wayne
Uno de los peores momentos de Batman: TAS puede ser cada vez que Wayne logra aprehender algo. No sólo resulta inútil, sino también algo falaz con la propia serie desde su primer episodio, ya que no es difícil detectar que tras el astuto monólogo de Bill sobre los superhéroes había una evidente y hasta voluntariosa inexactitud: cualquier buen superhéroe destierra su identidad civil tras la adquisición de los superpoderes, o al menos para la realización del primero, debe cumplirse el fracaso del segundo. No era esta una constante omnipresente en Batman porque las primeras historias de Kane y de los años cincuenta insinúan que, por una parte, Batman fue adiestrado por un detective del que era fervoroso lector cuando niño, y por otra parte, el legado de Batman podría ser asumido por Robin en el futuro (punto de partida de Batman: Beyond… ¡cincuenta años después!), y la vida cotidiana del murciélago estaba compartida siempre con su pupilo Grayson. Pero ya es sabida la influencia de Stan Lee y su gran primera reconfiguración del modelo superheroico: resultaba además ya improbable que tras las Crisis y la llegada de Frank Miller, en el tebeo se pudiera mantener una vida cotidiana feliz en Bruce Wayne, y eso lo decimos sin olvidarnos de todas las apariciones anteriores y venideras de R’As Al Ghoul o Las Leyendas de Batman, que parecían consagradas a ese modelo.

Bruce Wayne no es un mal amigo, es un amigo incapaz, ausente. Su amistad con Harvey Dent tiene mucho de interesante, porque el fiscal cree que su amigo filántropo puede ser capaz de mantenerse en una misma línea, en una misma lucha. Y su aspecto, su ira, se deben, principalmente, a Rupert Thorne, el jefe mafioso de la ciudad (recalcamos en el hecho de que Thorne es la influencia mayor para tanto Tim Sale como Christopher Nolan, y sino ya verán como transcurren los hechos en el nuevo Two Face) que termina convirtiéndole en monstruo. Este segundo episodio, en vez de estar centrado en los demonios del primero, prefiere jugar con una disyuntiva del todo interesante: ¿puede el Mal generar Otro (no más) Mal? Casi todos sabemos que sí, pero ¿Por qué Dos Caras se convierte en un villano? Nunca esta pregunta había sido interrogada con tanta fuerza si atendemos a que sólo en su primer capítulo se limitan a explicarnos su teoría de la ira (en realidad la brutalidad, el miedo, y demás colección freudiana de instintos primarios), de la represión, y en éste las consecuencias humanas. Observemos quien consuela a la esposa de Dos Caras: Bruce Wayne. ¿Hay mayor y mejor forma de representar un fracaso humano? El eterno amigo que no es un monstruo, y sólo a partir de la observación de que el villano de Dos Caras no es otro que Wayne, podremos entender algunos de los giros más interesantes y llenos de pericia que tendremos en la serie. ¿Qué línea separa entonces a Batman de Dos Caras? El absoluto dominio terapéutico del disfraz sobre el rostro que provoca a Batman enfrentarse a sus demonios en horario de presunta noche y la misma necesidad ociosa de salvar al pueblo para redimirse. ¿Se han fijado que aristocrático porte hay en cada uno de los inventos de Batman? A Dos Caras le mueve la visceralidad, la venganza y, sobretodo, el escaso interés que tiene por aceptar su condición. El villano más maquiavélico de la serie, de momento, será Joker: consciente de sus habilidades no cesará en la lucha, porque admite su rol. El éxito de este episodio puede explicarse en como el público asistió casi perplejo al enfrentamiento noir de un hombre con sus pesadillas. La mayor astucia de todos es colocar a Dent como un luchador contra el crimen, no obstante, aquí Batman debe evitar, principalmente, que Dent mate a Thorne, y de paso, capturar al segundo.
Dos Caras (los dos volúmenes) es uno de los logros indiscutibles de la serie dada su capacidad analítica en Batman y su sobrio perfil de su supervillano (trágico, patético, finalmente ¡deforme!), a los que sólo hacen sombra algunos episodios anteriores y el venidero de Catwoman, perfecta inmersión en la atracción sexual como collage de set pieces de acción.
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February 22nd, 2009 a las 4:34 pm
hijos de puta los q los lean