Que en idioma original fue “ The Penguin Goes Straight / Not Yet, He Ain’t”
Volvemos a tener en los guiones a Lorenzo Semple Jr., aunque sea compartiendo crédito con John Cardwell y nos enfrentamos con ellos a un clásico de los cómics de Batman. La Redención del villano. Especialmente en El Pingüino esa “redención” ha parecido siempre algo factible, tanto que muchas veces ha podido ponerse en la zona legal gracias a sus negocios “turbios pero no tanto”. En cualquier caso en esta serie ya hemos tenido un par de “rectificaciones”. La de Zelda y la de alguna de las muchahas de a compañamiento, pero ahora estamos ante algo diferente. Es un villano de entidad y, tal y como deja claro el segundo título, “Todavía no”.
Hay, eso sí, una diferencia notable: quitando el capítulo de la serie de animación de Dini / Timm, en general los cambios de actividad del Pingüino le sitúan en la vida relajada o como propietario de algún tipo de local que le permita “juguetear” con actividades no del todo limpias, como el tráfico de mercancías. Aquí, por el contrario, le tenemos dando noticia en el club de los millonarios de la creación de la Agencia de Protección El Pingüino. La verdad es que llamar a algo “Agencia de Protección” da una idea del “matonismo” implícito que, ciertamente, no parece del estilo de nuestro villano. Mejor suerte, sin embargo, tiene la secuencia en al que el emplumado criminal maneja el Bat-Movil por control remoto. Algo que volveremos a ver en Batman Vuelve con idénticos protagonistas y un desarrollo bastante diferente. En esta ocasión la desaparición del BatMovil (un tema recurrente en esta serie, en al que el coche parece la tercera parte del Dúo) sirve para sacar la BatCicleta, una moto con sidecar -ahá- que también solucionará algunas papeletas a nuestros héroes.
También tenemos aquí al Batman de los planes alocados. Como la idea de sustituir unas joyas que El Pingüíno tiene que custodiar por otras falsas, lo que les pone contra las cuerdas al ser descubiertos. ¿En qué pensaba Batman? Por suerte para ellos a mitad del segundo episodio -sí, el Pingüino logra enmascarar el cliffhanger del capítulo, con una sala de tiro al pato, como algo “normal”- descubren el plan del Pingüíno. Robar sus propios regalos de boda. ¿Por qué? ¿Con quién quería irse el Pingüíno? Nunca lo sabremos, pero será una duda que quedará en nuestras cabezas: ¿No hubiera sido más fácil quedarse y disfrutar de los regalos? Entonces… ¿qué se lo impedía? Pensad en elllo.
Santurronerías.
Robin dice Santo… KO, cuando el criminal se vence a sí mísmo en una acción del Pingüíno. Leopardo, ante el cambio de vida del villano, en una frase que queda completada con “Vaya cambio de manchas” haciendo clara referencia a la frase hecha inglesa. Trampa para Murciélagos, al descubrir que el cambio estaba previsto por el criminal emplumado, quién ha logrado ponerlos fuera de al ley en un giro notable de la situación. Jackpot al ver al Pingüíno en el club de millonarios. Romeo y Julieta al descubrir que Sophia Starr tiene previsto casarse con él.
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