Sorprendente lo cerca que está de rimar el título español y cómo logran evitarlo en el último momento, ¿no creen? En inglés se tituló “Fine Finny Fiends / Batman Makes the Scene”.
Señores y Señoras, nos encontramos ante el final de la primera temporada de la serie. Tras este capítulo la producción se pararía lo suficiente como para poder estrenar la ya famosa película del Dúo Dinámico y permitirles descansar un poco –lo justo- para emprender la segunda temporada. Lamentable en estos momentos no se acostumbraba tener grandes cliffhangers para concluir las temporadas y a penas si se nota la diferencia con cualquiera de los capítulos anteriores.
Lo realmente importante es, de hecho, la importancia pivotal de Alfred. Ese es el auténtico triunfo de la serie, pues al inicio de la misma el Alfred de los cómic –torpón, humorístico- había muerto y fue el éxito de esta el que hizo que lo “resucitasen” y se le diera un tratamiento más serio. En efecto, la serie de los años 60 de Batman aportó seriedad al tratamiento de personajes.

La imaginación, que no está reñida con la seriedad de los personajes, permite sacarse de al mano a un Alfred que va a comprar el Caviar a una pescadería nueva, permite que los matones del Pingüino se disfracen de ancianitas –al más puro estilo inglés, claro- y que no se encuentre llena la tienda de curiosos y pesados. De hecho Alfred ataja la posibilidad de presentarnos al Sr. Wayne como el Tío Gilito, comprando el Caviar de oferta, explicando que su proveedor habitual no se lo podía suministrar.

Todo resulta ser una trampa de El Pingüino que termina con un lavado cerebral gracias a una mezcla de sauna con bombillas navideñas que haría temblar de envidia a Leticia Sabater.

Parte del asunto implica que Batman rescate al mayordomo así que el Pingüino dejó una escena del cimen que sería la envidia de cualquier investigador.

Exacto, todo vacío y una sola pista, un papel con una dirección. El tipo de cosas que hacen que Bats sospeche de una trampa. Una con marionetas de pingüinos y paraguas que salen por todas partes. Cómic en celuloide, oigan.

Pero, de momento, se lleva a Alfred. Pasamos entonces al uso de Bruce Wayne como imagen pública de Batman, uso necesario por la relación de Wayne con Alfred -y que recien rapatado le ponga a currar… - y que sirve para explorar ese “círculo millonario” en el que no suelen fijarse en esta serie. De hecho, se utiliza para sacar a Robin conversando con bellas señoritas en traje de baño –Wayne es un pillo y aprovecha la reunión de millonarios para realizar al elección de Miss Medio Ambiente-

o para enseñarnos a Tía Harriet revelando oscuros secretos de familia, como que el tatarabuelo de Bats fue el creador de la sociedad no-tan-secreta Skull & Bones.

Tras este paseo mundano Bats puede usar a Alfred para reconocer a los maloso preguntándole por una serie de fotos que van desfilando por la Batcomputadora. Momento que aprovechan los creativos de al serie para colar a

William Dozier

Y a Howie Horwitz
Productores ambos de la serie y responsable el primeo del éxito de la misma por su responsabilidad como creador y su idea de confiar en Lorenzo Semple Jr. la coordinación de guiones. Dozier es tan necesario para entender la serie que incluso participa en la misma como narrador.
El resto es bastante rutinario, el Pingüino mete a los Cruzados en una habitación que va quitando el aire –atentos a la coña de la cantidad de aire-

Estos se liberan, él escapa y pasamos a los Millonarios que tienen otra de sus diversiones tradicionales.

Muchachuelas saliendo de tartas.
Para eso son Millonarios, vaya. Pelea, descubrimiento de que Bats lo sabía todo desde el principio, redención de la chica del Pingüino que ha pensado en presentarse al concurso de manera legal y fin de fiesta con toda la Happy Family hasta el siguiente episodio que será ya la segunda temporada.
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