Título: Los Soprano // Título original: The Sopranos // País: USA // Año: 1999-2007 // Episodios: 86 // Canal original: HBO // Duración episodio: 53 min. // Creador: David Chase // Directores: Tim Van Patten, John Patterson, Allen Coulter, Alan Taylor // Reparto: James Gandolfini, Edie Falco, Jamie-Lynn Sigler, Michael Imperioli, Lorraine Bracco, Tony Sirico, Robert Iler, Steve Van Zandt, Dominic Chianese, Aida Turturro // Visionador: Adrián Daine
Los Soprano es una serie difícil de seguir. Es algo -mucho- más que una serie basada en los problemas de un capo mafioso para conciliar sus deberes familiares con sus otros deberes familiares. La serie pide mucho al espectador, y éste debe estar más que atento a todos los detalles y ramificaciones que van surgiendo capítulo a capítulo. A veces se abrirá una trama poco interesante que cobrará peso, qué sé yo, dos temporadas después, y no habrá flash-backs, ni diálogos de resumen, absolutamente nada que ponga al día al seguidor de la serie. Y no estamos hablando de un reparto conciso, sino de más de cincuenta secundarios fijos a lo largo de las seis temporadas, todos ellos con algo que aportar, ya sea una minúscula rencilla con un miembro de una familia rival o un verdadero bombazo que sacude toda la trama. Puede haber alguno que piense que no es más que un culebrón camuflado de postmodernismo, como ocurre en Six Feet Under, por ejemplo, pero se equivocan. No hay cabos sueltos, ni situaciones forzadas. La trama encaja perfectamente, de temporada en temporada, como un reloj, incluso en aquellos momentos en los que la realidad se impone a la ficción (como la muerte de la actriz que representaba a la madre de Tony Soprano), y siempre, siempre, se ajusta al leit-motiv de la serie: no hay melodramas innecesarios, ni lugares comunes, ni situaciones irreales que devienen en situaciones aún más irreales. Y, para muestra, un botón, publicado por Elástico hace ya un tiempo: un resumen hipervitaminado de TODO lo que ocurre en la serie, de la primera a la sexta temporada, en no más de diez minutos.
El segundo punto a tener en cuenta es que es una serie de la HBO , y como tal, no camufla nada. ¿Recuerdan la visión romántica que se da de la mafia en El Padrino, o la socarronería cool de Uno De Los Nuestros? Pues no hay nada de eso aquí. La visión del crimen organizado en Nueva Jersey es hiperrealista en todos los sentidos, desde el estilo de vida y los negocios hasta la violencia y el sexo. La serie, que en muchos episodios ahonda en la fama que se da a los italoamericanos y al concepto que se tiene de ellos, no nos va a mentir: lo que estás viendo es, seguramente, muy cercano a la realidad, con todo lo que ello conlleva. Para bien y para mal. No en vano más de un miembro del reparto ha sido o está siendo investigado por conductas relacionadas con el crimen organizado.
El tercer punto, y el más importante para explicar por qué Los Soprano no es una serie tan asequible como parece, es Tony Soprano, su protagonista. En la línea de lo dicho anteriormente, Tony Soprano reúne todas las características que encontraríamos en un jefe mafioso prototípico: es conservador, racista, homófobo, machista, cabezota, violento, territorial y, en líneas generales, un desconsiderado del copón. Su personaje no debería ser carismático de ningún modo, y sin embargo, esa crudeza y falta de sensibilidad tan definida en el personaje lo hacen más atractivo para la audiencia que si hubieran diseñado un protagonista más cercano al espectador. Tony Soprano es la última persona que querrías tener cerca, no ya como enemigo, sino también com amigo. No representa ningún tipo de valor o principio admirable, y es la primera persona de la que te enamoras nada más empezar la serie. En esto, además, los creadores de la misma apuestan fuerte: como todo el reparto, pero más acentuado en el personaje de James Gandolfini, sus actos y decisiones no se explican. Nunca vamos a encontrar recurso alguno de guión en el que se nos explique y justifique lo que hace, ni siquiera cuando se encuentre frente a su psiquiatra. No se pretende que el espectador “comprenda” a Tony Soprano, sino que sea un simple testigo.
Visto así, puede parecer difícil engancharse a la serie, porque es de las poquitas que pasan de ofrecer una serie de conceptos o arquetipos afines al espectador para que éste se sienta reflejado en algo y se convierta en audiencia fija, pero es ese desdén a la hora de atraer al espectador, o esa fidelidad a no endulzar nada, lo que convierte a la serie en un visionado obligatorio, que no defrauda a quien está dispuesto a aceptar las condiciones. Éste es Tony Soprano, ésta es su familia, y así están las cosas. Lo que ves es lo que hay. Y es más que suficiente.
Estamos en un coche. En la radio, una canción sobre elegidos, pistolas y destinos truncados. Atravesamos un túnel y al salir del mismo podemos ver Manhattan a lo lejos. ¿Hacia dónde nos dirigimos? Nueva Jersey. El conductor paga el peaje y da una calada a su puro. Es Tony Soprano, pero no lo sabremos hasta el final de los créditos, cuando baje del coche en la puerta de su casa. [youtube HUAtGy5TBI0] El paisaje que veremos durante dichos créditos, acompañado de la poderosa canción "Woke Up This Morning" de Alabama 3, es una sucesión de lugares icónicos del norte de Nueva Jersey,
Momentazo número uno: en la sala de espera de su terapeuta, Tony Soprano observa la estatuilla de una mujer con una mirada entre confusa e incómoda. Volveremos a ver la misma escena en el último episodio de la serie, a modo de círculo cerrado, pero aquí hay una clara sensación premonitoria: salvo contadísimas excepciones, Tony va a tener un frente abierto con todas las mujeres que se le crucen -desde madre, mujer e hija hasta amantes y esposas de los demás-, en un intento de comprenderlas y controlarlas. Cuando la Dra. Melfi –Lorraine Bracco, actriz protagonista de Goodfellas y uno de
Si en el piloto incidíamos en la presentación de los miembros de la familia de Tony Soprano, este segundo episodio irá dedicado a la segunda familia, la de los negocios, aunque, como siempre, todo irá entrelazado con lo primero. Los Soprano es una serie con un reparto extensísimo ya desde sus inicios, y por tanto se hace necesaria una presentación preliminar de los personajes principales dentro del núcleo de Tony. Para ello, David Chase tirará de un recurso que hace este episodio único por lo inusual de plantar una secuencia previa a los créditos en la que magistralmente y con unos
Los pilares básicos, basiquísimos, sobre los que se sustenta Los Soprano son dos: la FAMILIA y el TIEMPO. Ahora cualquiera puede pensar que vale, que muy bien, y qué serie no toca al menos uno de esos temas, si no los dos. La cuestión aquí, el tercer elemento de la ecuación, es saber combinarlo con la MAFIA. En el primer caso ya hemos visto que los Soprano son una familia tipo: ama de casa abnegada que suspira de su esposo un poco más de compromiso en casa, hija mayor en edad rebelde pero responsable y consciente de alcanzar su futuro
Lo onírico es un recurso más que común en Los Soprano, sirviendo de base al espectador para entrar en la psique de los personajes y observar un desarrollo mucho mayor. El sueño con el que empieza este episodio marcará las pautas de todos los que quedan por venir, y no sólo los de Tony. El mimo que se pone en la realización indica cuán importantes son dentro de la serie, y lo en serio que se lo toman sus creadores. Casi todos estarán basados en algún tema que -risas- quite el sueño a los personajes, mezclado todo con un surrealismo
Sirva este episodio como demostración práctica de que la planificación en Los Soprano funciona a un nivel mucho más amplio que el de la propia temporada en que discurre. Puede que las ramificaciones de lo que en este episodio acontece no aparezcan bien reconocibles hasta dentro de tres capítulos o tres temporadas, pero oiga, aparecen, y alguna de ellas redefine toda la serie sin despeinarse. Tenemos, por ejemplo, la forja de una relación padre-hija basada en los mismos términos de verdad encubierta y tolerancia silenciosa con que el padre se mueve con el resto del mundo. Meadow es una chica
A Tony no se le levanta, y eso, para el Último Macho de la TV (busquen, comparen, y díganme si no tengo razón), supone un problema. Achacándolo primero al prozac, Tony no tarda en descubrir que si le es imposible follar con su goomar y/o con su esposa, es porque en realidad está empezando a ponerse tonto con la dra. Melfi, la cual insiste en darle un sentido más profundo a la cosa y establece ciertos lazos de identificación entre ella y las mujeres de su vida, basándose en que Tony la eligió para psicoanalizarle por ser una mujer italoamericana.
Padres e hijos, hijos y padres. Cuando Anthony Jr. se emborracha entre clases con el vino robado de la iglesia, se desata un vendaval familiar en el que, de manera más o menos implícita, todo el mundo apunta a Tony como principal referente. Ya saben: de tal palo tal astilla, y todo eso. Sin embargo, lo que más preocupa a Tony no es que su hijo sea como él, lo cual, en cierto caso, tiene su lógica al ser el padre el ídolo del hijo; más bien, lo que Tony nota es que quizás AJ se esté empezando a dar
Que este episodio comience con un sueño en el que un cadáver que ya vimos en el primer episodio augure un mal futuro a Chris Moltisanti tiene su sentido: todo este capítulo avanzará en función de sus ansias de prosperar en la familia y sus frustraciones por no ser ya un hombre "conectado" dentro del clan. La paranoia que afecta a todos los miembros por la amenaza de denuncias y actuaciones por parte del FBI, y que les lleva a arruinar el convite de una boda, afecta a Chris hasta el punto de no sentirse valorado por nadie, ni siquiera
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