Hablamos desde y para el conocimiento de causa. La cadena nacional que adquirió los derechos de emisión de Friends se ha ocupado concienzudamente de que ustedes hayan visto su primer episodio tal número de veces que da vértigo. Por si se da la inusual circunstancia de que no es su caso, en la red tienen múltiples formas de acceso al mismo (aunque no la recomendemos, también a la versión doblada) y al resto de la temporada. Esto para establecer lo importante, ahora vayamos con lo accesorio:
El guión de todo canónico episodio piloto se resume en la esquemática presentación de los principales personajes que ilusoriamente deberán acompañar al espectador a lo largo de la serie si ésta es finalmente puesta en marcha. Se dan unas primeras bases con carne y ojos sobre las que asentar el desarrollo de la acción dramática y se expone el punto de partida del serial. En el caso de Friends, un producto que basará su funcionamiento exclusivamente en sus personajes y la empatía que éstos logren conseguir con el público, lo inmediato sería pensar que de esta situación inicial hubiera hecho su piedra de toque. Se imponía una presentación de los seis protagonistas que, en mayor o menor grado, cuando 22 minutos después los títulos finales aparecieran en pantalla, nos hiciera familiarizarnos con ellos de tal forma que, con el paso de cuantos menos episodios mejor, los termináramos considerando nuestros propios colegas. Catarsis ficcional y sueño húmedo de todo programador de televisión en forma de frase típica: “son como de la familia”. Piensen en las familias que se reúnen para cenar delante de la tele para verse reflejadas en su pantalla dentro del salón de los Cosby, Tanner, Winslow, Martín, Serrano et al. —¿da escalofríos, verdad? ¡ahora entienden todo lo que hay que agradecer a los Bundy primero y los Simpson después por poner recto tan deformado(r) espejo!—, pero trasladado a jóvenes urbanitas que, una vez superada la primera euforia de los noventa y sus estudios universitarios, estabilizaban su independencia económica y sentimental en pequeños apartamentos de grandes ciudades de la Costa Este. Sin embargo, The one where Monica gets a roommate no va a seguir dichos previsibles derroteros de piloto (ese papel corresponderá más bien al segundo capítulo). Es una de las inmediatas sorpresas inesperadas que una serie como Friends ofrece cuando es analizada con lupa y ligereza en el consumo de alcaloides.
Más que un acercamiento a la personalidad y características propias de cada personaje, este episodio hace mucho más hincapié en la presentación de los espacios recurrentes que les rodearán. El primer plano después de la cortinilla de créditos no puede ser más definitorio: el ventanal exterior (pero parte del decorado) del Central Perk nos lleva al escenario principal, el café donde nuestros amigos se reúnen. En el centro no podía faltar el inevitable sofá nuclear de toda couch-comedy, solo que aquí no está ubicado en ninguna casa (aún), sino dispuesto en mitad de un espacio público: la vida social de los veintimuchos no orbita en torno a la familia aglutinada en el hogar, sino a los amigos y el consumo de líquidos fuera de casa. Es irrelevante lo que estos personajes nos cuentan a través de sus conversaciones y unos pocos rudimentarios y mal hilados gags. En este momento bien podríamos estar ante una serie centrada en los clientes de una cafetería que fueran cambiando en cada episodio. Toda la importancia le pertenece al espacio, al marco.

Única referencia de situación geográfica (NY): un juego de palabras
Permitámonos saltar la primera imagen icono de la serie, la entrada de Jennifer Aniston vestida de novia y con el pelo mojado en el café, ahora nos interesa que el segundo espacio que hace aparición es el piso de Monica (Courtney Cox), con todos los personajes presentes y estableciendo el que será el segundo lugar de reunión favorito de todos ellos. Ya tenemos dos sofás más. Tradicionalmente las sit-com televisivas han tenido una delimitación de espacios muy marcada (el salón y la cocina de una casa, la barra de un bar, la recepción y el restaurante de una pensión), sobre todo por su sistema de realización multicámara y con público en directo, lo que no hace sino conferirles un estigma teatral que solamente puede ser trascendido por la habilidad de sus responsables. En 1994 Seinfeld ya había introducido sin miedo la alegría en la multiplicidad de escenarios, pero aun así fijar los principales seguía siendo un asunto importante. Los únicos otros decorados que harán aparición en este episodio son el piso de Ross (que posteriormente será sustituido en importancia por el de Joey y Chandler), el restaurante donde tiene lugar la cita de Monica y la cocina de otro restaurante, en el que ella trabaja (nótese el valor meramente funcional para señalarnos su profesión). Al final del capítulo podremos saber más o menos de la taciturnidad de Ross, el papel de ligón y mujeriego de Joey o lo hija de papá que es Rachel, pero lo que nos queda cristalino es que esta gente va a pasar mucho tiempo en el Central Perk y en ese salón de paredes violetas. Objetivo conseguido.
En cuanto a la caracterización de los personajes, Friends sigue la estela pacientemente esculpida con cincel y martillo por los titanes Larry David y Jerry Seinfeld en la serie que ya hemos nombrado. En vez de optar por la atribución discreta de los habituales arquetipos entre los integrantes del cast, el necesario reparto es mucho más tamizado y repartido en términos porcentuales, algo que se hará evidente en la evolución de la serie. Ejemplos: Chandler es el personaje graciosillo, pero no mucho más que Ross; ¿quién es más maniática e infantil, Rachel o Monica?; ahí está Joey para que los comentarios absurdos y/o fuera de lugar no sean algo exclusivo de Phoebe. Esta democratización de papeles, en la que cada uno hace un poco de todo pero con sus propias características, no es algo baladí sino uno de los principales factores de éxito del producto: proporciona seis fuentes diferentes de humor en vez de concentrarlo todo en un par de personajes-bufón y dejar el resto para historias más “serias” (piensen en todos los ejemplos que quieran); nivelando a la baja, diríamos que lo bueno es que todos son igual de insensatos, pero cada uno tiene su forma de demostrarlo.

Ante ustedes: la moda de los noventa
Por lo expuesto en el párrafo anterior, casi todos los diálogos del piloto pueden ser interpretados como un intercambio de one-liners, no sólo los enunciados por Chandler (o Matthew Perry encasillándose para casi siempre en el papel de sí mismo). Suele ser un lugar común considerar los guiones de Friends como sus valores más sólidos, pero lo cierto es que los distintos equipos de guionistas que han pasado por la serie han demostrado funcionar mucho mejor en las distancias cortas, y eso en una sit-com son las réplicas y contrarréplicas, no los arcos argumentales. Por otra parte, en este primer episodio solamente tenemos dos pequeños pero hilarantes ejemplos de humor físico: el paraguas que Ross abre accidentalmente sobre Rachel cuando la saluda por primera vez desde los años de instituto y el empujón de Monica a Joey para tirarle del sillón; el resto de gags se basan casi exclusivamente en el lenguaje verbal.
Antes de terminar, el primer episodio de Friends aún nos deja una imagen legendaria más, también protagonizada por Rachel: su destrucción de las tarjetas de crédito, último vínculo de unión con su vida anterior a la serie, supone el definitivo pistoletazo de salida a la narración de las vidas y desventuras de estos personajes durante los siguientes diez años. El que será el arco argumental de varias temporadas y uno de los pilares centrales de toda la serie, la intermitente relación de Ross y Rachel, ya da su primer paso en la conocida Oreo conversation, que ya por sí misma es un resumen premonitorio de lo que nos espera —fijen sus moñómetros, el triunfo (“I just grabbed a spoon”) es decirle a la chica “¿estaría bien si te invito a salir algún día?”; ya si eso, oigan—. Pero tenemos aún muchos capítulos por delante para hablar de la que fue una de las relaciones amorosas entre personajes de ficción más famosas de los noventa.
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November 5th, 2007 a las 2:45 pm
Joder, y había quien decía que no se podía extraer chicha a Friends. Me gusta la mención que hace del humor físico, aún en estado embrionario aqui. A mucha gente le reventaba, pero creo que el payaseo físico tenía grandes logros en Friends, sobre todo cuando los actores comenzaron a sentirse cómodos con sus personajes…
TíoVania :
November 6th, 2007 a las 2:40 am
¿¿Pero quién decía esa estupidez?? Friends tiene TELA. Tengo ganas de que pasen 14 ó 15 años para que los posts de Sr. Toldo lleguen al s02e22, o a la tercera temporada, que es donde están las más altas cotas de ese tipo de humor, en mi opinión. Por dios, la mitad del capítulo del partido de football es puro slapstick.
Starman :
November 6th, 2007 a las 11:24 am
“¿Por qué cada vez que veo a este tío me dan ganas de suicidarme?” - Joey sobre Ross
Un buen chiste para una muy buena serie, y de acuerdo en eso de que es una estupidez afirmar que poco hay que rascar en ella. Su artículo ya deja claras muchas de las constantes de la serie y el cómo le sacaron partido al decálogo de las sitcoms norteamericanas.
Supongo que siempre se ha hecho así, renovar desde los cimientos y no desde el tejado como han hecho por aquí los cuatro enterados de la televisión española.
Alvy Singer :
November 6th, 2007 a las 3:13 pm
Ayer precisamente ví el capítulo que da una versión barroca de la relación Ross/Rachel con el asunto de Joey y Charlene.
¡Y este piloto que no lo es, es la observación más certera que he visto!
Jarkendia :
November 26th, 2007 a las 2:59 pm
Me ha encantado la forma en que has descrito el piloto de mi serie de comedia favorita, aunque al contrario que tú, prefiero la serie doblada (tengo la primera temporada original y vi unos capítulos en VO y me disgustaron un pocos sus voces reales). Está claro que esto va sobre gustos, pero debo decir que el resto de series las veo en VO salvo por ésta y House (aunque ahora, curiosamente, estoy siguiéndola en VO).