Debido a la importancia tanto en términos de calidad como de trascendencia teórica para el estudio de la serie que tiene este episodio, ofrecemos un acceso más rápido e inmediato a la forma de verlo que el mero rememorarlo en la mente mientras se lee o el realizar una audaz búsqueda en Google o similar: es el click y la magia del hiperenlace.
Si en la entrega anterior teníamos un episodio estructurado en torno a dos líneas narrativas paralelas que segregaban a nuestros protagonistas por sexos, The One with the East German Laundry Detergent va un paso más allá y presenta tres tramas paralelas, cada una con una pareja. Así, mientras el título se centra en la inflexiva aventura de Rachel y Ross haciendo la colada, en esa misma noche Chandler y Phoebe romperán juntos con sus parejas del momento y Joey y Monica acudirán juntos a una cita con otra pareja cuyo objetivo será romper para repartirse a sus integrantes. Un episodio de sencillas pretensiones situacionales pero grandísimos logros cómicos. Vayamos por partes.
Primera secuencia post-créditos. Empezamos en un escenario ya tan habitual para el aficionado de Friends como es el Central Perk, con los seis amigos ya dentro y disfrutando de su ganado descanso semanal al tratarse de una desocupada mañana de sábado que, lógicamente, precede a una noche concebida para la desinhibición y el juergueo (es lo primero que nos dice Chandler: “Sa-tur-day Night!”). En realidad Rachel no comparte ese momento de relax con sus amigos, pues ella se encuentra en pleno lugar de trabajo. Está claro que, como camarera, no disfruta de los mismos privilegios laborales que los otros seis, todos ellos con trabajos no tan pedestres. Por eso quizás sea necesario recordarnos que aparentemente es la que de familia más adinerada procede, al relatar cómo su padre le ofrece un Mercedes si vuelve al redil familiar de placentera vida ociosa; que quede claro que si Rachel renuncia a la tarde de los sábados y demás lujos asegurados siendo camarera se trata de una decisión suya, libre y personal. Y así es como Veblen y Nozick se acaban de dar la mano entre capuccinos y expressos.

Antes de los iBook, a las cafeterías se llevaba Moleskine
Pero veamos cómo The One with the East German Laundry Detergent articula a la perfección la trama unificada aristotélica poniendo en juego los elementos que tiene disponibles. Este primer momento de reunión de los seis protagonistas no se vuelve a repetir hasta precisamente la última secuencia del episodio, que con sentido especular y de cierre tiene lugar en el mismo escenario. Ahora es el momento en que se configuran las tres situaciones paralelas que darán forma al episodio y constituirán la noche de sábado de cada uno de los personajes; las parejas se forman, con mayor o menor conocimiento por parte de cada integrante, y los planes se establecen. Así mismo, en la última secuencia cada una de las parejas ya relata o evidencia en las heridas de su cuerpo las consecuencias de cada respectiva experiencia. Planteamiento y desenlace colectivos que enmarcan los tres nudos desarrollados.
La cita doble de Joey y Monica. Una visión formativa de Friends nos permite aprender en pocos episodios que Joey es un personaje caracterizado no precisamente por su lucidez y agudeza mental, sino más bien por todo lo contrario. Su naturaleza y condición irá evolucionando como la propia serie a lo largo de las diez temporadas, desdibujándose, afianzando, hiperbolizando, amanerando, aislando y seccionando facetas de esta característica según la época, pero es aquí donde esa personalidad empieza a construirse, con este Primer Plan Desatinado de Joey. Impresionado por el reencuentro con el voluminoso y redondeado atractivo de una antigua amante ahora emparejada, Joey decide organizar una cita doble con ella y su novio a la que lleva a Monica en calidad de estable compañera amorosa, pero en realidad confiando en su potencial como torpedo a la línea de flotación, sección masculina, de la pareja real. Por supuesto, todo ello sin que la propia Monica lo sepa, engañada pensando que el Otro es hermano, disponible y apetecible, del objetivo femenino de Joey. Primera consecuencia lógica: los gags y malentendidos acerca del incesto están servidos en bandeja de plata (no obstante, Friends volverá a tratar este tema con mucho más descacharre en el futuro). Segunda consecuencia lógica: Joey se verá en medio de la dura batalla que su plan deberá librar contra la realidad (siendo esta una característica consustancial a sus Planes Desatinados). Esto propicia la puesta en práctica de la que puede ser una de las mejores técnicas para desviar la atención de una conversación que se torna incómoda: gritar “¡Oh, Dios mío!” y decir que has tenido la sensación de ir a caerte… aunque al final no ha sido así. Por supuesto, la eficacia no está del todo garantizada, sobre todo si se abusa del mismo truco demasiadas veces a la semana. Lo inesperado de la situación, y muy poco habitual en los Planes Desatinados de Joey es que, en realidad, el plan funciona y los rompe-parejas consiguen su(s) objetivo(s).
Este acontecimiento ya nos ha servido como acercamiento a los modos de funcionamiento de los procesos mentales de Joey y a su capacidad de maniobra, pero la anécdota de la cita a dos bandas también permite profundizar en la construcción del personaje de Monica. Enlazando con la imagen de ella que se apuntaba en el episodio piloto, durante la primera temporada se pensó en configurar a Monica como el personaje femenino más sexualmente variado y activo del grupo (de ahí el nada casual emparejamiento con Joey para el gag de este episodio)… Algo que terminaría trasladándose a Phoebe, pero que no estaba tan claro en esta temporada. El caso es que en este episodio asistimos a toda una nueva serie de actitudes de sexual predator en las que Courtney Cox brilla sin ningún problema. Otras facetas de la personalidad de Monica sí serán más duraderas, por ejemplo, un nivel cultural más ilustrado y humanista que el de sus amigos, expresado poniendo en su boca una mención del todo mind-set y gratuita (no podía ser de otra forma) a Norman Mailler. Pero si ya hemos ejemplarizado cómo Rachel construye su personalidad a través de los gestos y movimientos corporales, Monica lo va a hacer mediante la expresividad oral de sus locuciones conjuntivas características. Serán un buen número de ellas las que vaya mostrando a lo largo de distintos episodios, pero casi todas similares en cuanto a dilatación en la duración de las sílabas, concreción e indeterminación parejas (no más de dos palabras, escasa significación), boca y ojos en forma de O (vulgo ojipláticariacontecida) y, por supuesto, vehemencia formal. Aquí presentamos un all-time classic: “Hello?!”:
La ruptura doble de Chandler y Phoebe. Como parece que el capítulo va de hallazgos dispuestos a perdurar en el transcurso de la serie, aquí también tenemos una dosis importante de pegamento argumental: la relación intermitente entre Chandler y Janice. Una relación que en este episodio (y por ende en la serie) aparece como ya iniciada, y es presentada sólo en el momento de su ruptura, lo cual en retrospectiva adquiere una curiosa significación. Lo primero para entender esta pequeña crónica de la ruptura en clave de desastre es detenernos un momento en el personaje de Janice. Janice es el epítome de lo que los anglosajones definen a la perfección como una persona terriblemente annoying. Molesta, irritante, fatigosa, cansina… piensen en todos los sinónimos castellanos que quieran, pero no encontrarán adjetivo más ajustado. Solamente hay que prestar atención a su nasal tono de voz, la manera que tiene de detener las lágrimas cuando se va a echar a llorar y, por supuesto, esa risa. ¡Y eso que esta vez aún no pronuncia la que por siempre será su frase característica sin detenerse en cada palabra! El otro rasgo fundamental de Janice es su marcado acento neoyorkino, sobre todo si se toma desde el contraste con la impoluta pronunciación del resto de personajes. Lo que no deja de ser una demarcación social y de clase más de las que ocasionalmente se apuntan en la serie, al ser todos nuestros protagonistas orgullosos y bien educados residentes de Manhattan. Janice, en cambio, con cada “r” omitida, cada “th” pronunciado como /da/ y demás rasgos propios de Robert De Niro está evidenciando sus más humildes orígenes, lo cual termina derivando en su caricatura de nueva pija de collar de perlas y palmas de las manos hacia arriba. Compárese con el pijismo de Rachel (como en esta fase de la serie estamos en su etapa de reeducación, cada vez es menos notorio en la actuación de Jennifer Aniston, pero será recuperado de forma prominente en el futuro) o sus amigas que vinieron a visitarla a la cafetería en el episodio anterior directas desde sus impolutos barrios residenciales; mismo grado, mismos gestos, muy distintas connotaciones: recuerden lo annoying que resulta. Esto cobrará mayor relevancia a medida que Janice se convierta en uno de los personajes más castigados de la serie.
Una vez tratado el tema Chandler-Janice, una relación que se sustenta en su negación, no puede quedar sin reseñar el desate de Matthew Perry en este episodio. Con la excusa de un ininterrumpido consumo de capuccinos por parte de Chandler como preparación y terapia para afrontar el duro trago de romper su relación con Janice, el actor ofrece un recital loonesco de exagerados movimientos corporales. Hasta tal punto de golpear en la cara a su novia incrustándole la lentilla en el ojo. He aquí una recopilación de la dimensión cinética:
Y, por supuesto, de la literaria:
— Hey, Janice.
— Oh, my God! I’m so glad that you’ve called me… I’ve had the most supremely awful day!
— Hey… That’s not good.
(…)
— Here’s the thing, Janice… You know, I mean, it’s like we’re different. You know, I’m like the bing, bing, bing, you’re like the boom, boom, boom…
La colada de Rachel y Ross. Una colada que, según Chandler, es una cita al tratarse de Ross y Rachel a solas una noche de sábado (“Saturday Night, all rules apply”). La hazaña de realizar una colada por sí misma es el enésimo paso en el duro camino de Rachel hacia su emancipación definitiva de la cálida vida resuelta por la cuenta corriente y comodidades de sus progenitores, pero parece que esta vez sí que va a tener un efecto verdadero, por imperfecto y desteñido que sea el resultado. En esta ocasión se encuentra en un medio tan hostil como una lavandería de barrio, donde afanadas amas de casa campan a sus anchas marcando el territorio e inventando inexistentes reglas no escritas de comportamiento y modos de proceder a la hora de reservar lavadora o carrito. El papel de Ross, por lo tanto, será el de guiar este complicado viaje por el mundo del centrifugado y discriminar el código válido que sí se aplica (ropa blanca en un lavado, ropa de color en otro) y el inventado por la bully antagonista. Un papel de héroe urbano muy apropiado para un antropólogo como Ross, que hasta en previsión se había hecho con un detergente Überweiss alemán para reforzar su hombría (ya se sabe de la gallardía y buena planta teutonas… inevitablemente tenían que derivar en lavar más blanco). Ya sabemos que lo de Rachel es un proceso de aprendizaje, y esta va a ser una de sus pruebas más duras, o al menos la primera en la que va a necesitar demostrar coraje en un ambiente ajeno y frente a un público anónimo y desconocido, los otros clientes de la lavandería (o sea, no es lo mismo que cortar tus antiguas tarjetas de crédito rodeada de amigos que te apoyan en la cocina de tu mejor amiga del instituto y nueva compañera de piso sin problemas para acogerte cuando aún no tienes ni siquiera para pagar tu primer alquiler). Por lo tanto, lo natural es que debido a la presión y emoción del momento (endorfinas mezcladas con el aroma a suavizante) haya una vacilación inicial que requiera ser superada con firmeza. De nuevo volvemos a la cinésica, sin que la casualidad coyuntural nos impida imaginar una causalidad primigenia:
Por último, un nuevo apunte sobre el humor físico de Ross (ya lo decíamos, hostiazo friendly el muchacho). Al igual que más arriba veíamos el descontrol corporal cafeínico de Chandler, ahora incidimos sobre la forma de figurativizar el humor de Ross. El primero lo hace a través de su cuerpo, pero el personaje interpretado por David Schwimmer lo hace en su cuerpo. Se podría decir que Ross, además de los duros golpes del destino, también recibe físicamente los duros golpes del gag sobre sus carnes (y, aun cuando no sea así, también se tratará de experiencias sensibles en su propia constitución corporal). El cuerpo de David Schwimmer es el vehículo humorístico de Ross; en esta ocasión, su frente contra la puerta de una lavadora, posterior caída al suelo incluida. Observen la interesante cadencia que se produce entre el golpe de la carne contra la superficie de plástico duro propiamente dicho, luego contra el suelo y el descontextualizado sonido que precede a la expresión de dolor y sorpresa post-golpe en este educativo, gratuito y cuasi-hipnótico bucle:
Coda. La influencia de Friends en la elección de espacios en el cine de Isabel Coixet (1 · 2).
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January 24th, 2008 a las 4:12 pm
Todo lo que sea hacer chistes de la Coixet es bienvenido. Aunque sean antes.