Aunque The One With The Butt pudiera parecer un título prometedor (?), no es este un episodio que nos cause mucho entusiasmo. Hay que señalar que su momento cumbre quedó fuera del montaje final para televisión, por lo que un personaje esporádico pero regular de esos que hacen crecer muchos enteros a Friends como conjunto, Estelle Leonard, fumadora y neurótica agente de Joey, ya no aparecería hasta la siguiente temporada. Pese a encontrarse en las antípodas de eficiencia profesional del Darren Lamb encarnado por Stephen Merchant en la gloriosa Extras, Estelle también es una agente peculiar del todo enmarcada y prácticamente constituida por el espacio que supone su despacho de trabajo. Pero, decisión de los de arriba, no nos queda más remedio que esperar todavía unos cuantos episodios para poder hablar de ella y su genuino dispensador de cigarrillos. Centrémonos en cosas que sí pasan realmente en este capítulo:

Rachel se viste de voluntaria para su misión humanitaria de limpiar el salón
Monica deja las zapatillas en el salón. Como consecuencia de un arrebato repentino de limpieza y orden hogareño por parte de Rachel (ya saben, en esta época tan ansiosa de demostrarse auto-suficiente y útil ante sus congéneres), Monica vuelve a descubrir su peculiar manía por el orden y la limpieza, ahora ya de forma definitiva. Si no creen que resulta gracioso tener una protagonista de comedia que padece una enfermedad obsesivo-compulsiva, echen un vistazo a los desopilantes créditos finales en los que en off una Monica ya acostada piensa levantarse de la cama para recoger sus zapatillas dejadas en el salón (como parte de su reciente estrategia para no parecer tan ordenada ante los demás) y la mañana siguiente levantarse antes para volverlas a dejar en su sitio incorrecto. Pura descripción de un cuadro clínico conflictivo que a buen seguro sesga de forma perturbadora la rutina diaria de muchas personas afectadas al impedirles hacer vida normal si no consiguen satisfacer sus manías de orden. De forma encomiable, Friends introduce esos pequeños infiernos personales en una cotidianidad graciosa que permite verlos desde una perspectiva afable y casi tierna. Y sin aspavientos.

Ya me gustaría ser eunice szpillman e identificarles todo lo que acumula Chandler en la habitación, pero no pasaría del irónicamente descontextualizado poster de Capra
Chandler y el poliamor. Siempre atenta al momento en que vive y reflejo de su contemporaneidad, Friends no tardó en hacerse eco del repunte y renovada presencia social que tuvo en los noventa el poliamor como manera de concebir y estructurar las relaciones sentimentales fuera del discurso dominante de la monogamia. Así, Chandler conoce a una atractiva mujer que le cuenta cómo en ese momento está manteniendo dos relaciones más con total apertura y libertad. Por supuesto, serán numerosas las voces que se dejen oír en el capítulo contra las relaciones poliamorosas en una perpetuación de discurso hegemónico que, significativamente, es puesto con mayor insistencia en boca de dos de las chicas, Monica y Phoebe. Nada nuevo en la representación conservadora necesaria para la supervivencia de un producto masivo, pero reseñable en cuanto a la banalidad con la que es tratado el tema (que lo reduce a una excentricidad insignificativa) en comparación con otros asuntos que la serie sí acogió, en cambio, desde la óptica de la integración porque realmente ya no había nada que integrar, como la fecundación in vitro. Este es uno de los primeros pasos que conformarán a Friends como uno de los relatos paradigma de la monogamia seriada en un mundo en el que, si bien tienen presencia los amores no correspondidos, tanto la infidelidad por un lado como el desapego o el desposeimiento por otro no son concebibles ni concebidos.

Como buena liberal culta y cosmopolita, a Monica no le pegaría el USA Today; ella lee a la Grey Lady
Persistencia de la intertextualidad. The One With The Butt es un episodio profuso en citas y referencias muy basadas en la economía de medios enunciativos. Todo empieza con Joey interpretando a Sigmund Freud en la fascinante obra musical llamada Freud! (noten cómo el signo de exclamación al final del título es el elemento que mejor puede ejercer de interpretante antes mismo de que oigamos a cualquier actor cantar “All you want is a dingle”). Después, cuando Joey es contratado para ejercer de (ehem) doble de culo de Al Pacino (en una producción dirigida por alguien con gran parecido a Brian De Palma), hará un par de personalísimas imitaciones del gran actor, poco reconocibles si no se tratara de frases de Justicia para todos (And Justice for all, Norman Jewison. 1979) y El Padrino III (The Godfather Part III, Francis Ford Coppola. 1990). Aunque habría sido material harto interesante que Joey se especializadara en este tipo de papeles de doble de cuerpo de cara a nuevas situaciones humorísticas en guiones ulteriores, la capacidad interpretativa del actor es de nuevo puesta en evidencia y es expulsado del rodaje por sobreactuar con su culo italo-americano (no me pidan que explicite el subtexto malvado que puede esconderse tras este gag dado que Joey también es un actor italo-americano). Por último está la gran capacidad sintetizadora de Phoebe, que reproduce la icónica escena de la ducha de Psycho (acompañada por chillidos análogos a las notas punzantes de Bernard Herrmann) como símbolo de toda una tradición de psicopatías. Si a esta referencia nada soslayada a la película de Hitchcock le unimos la similitud física con De Palma del director de la película de Pacino en la que trabaja Joey… obtenemos una sucesión de nombres propios marcados en negrita en la última frase del texto.
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