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Historias Para No Dormir - S01, EP08 - EL PACTO

Amando De Ossodio, August 27th, 2008

UNO: PUEDES BEBER DE LAS MÁS SUBLIMES FUENTES…

El caso del Sr. Valdemar es una obra cumbre no sólo del relato corto, no sólo de Poe, sino de la literatura en general y en mayúsculas. Tanto literaria como extraliterariamente. Repasemos una sucinta lista de virtudes:

EL GORE
Efectivamente, ningún relato de Poe es tan escabrosamente explícito como el que nos ocupa. Si bien Poe se había dedicado a sugerir -con una gran fuerza, eso sí-, lo cercano de la muerte por tuberculosis de su mujer y prima, Virginia Clemm, le hizo describir con frialdad quirúrgica cada uno de los procesos que llevaron a ambos, a su esposa y al protagonista del relato, a la tumba. Cómo se apaga el rojo de sus mejillas como si alguien hubiese apagado unas velas, el icor que rezuman sus ojos cuando se tornan blanquecinos, la mancha purulenta en la que se convierte el desdichado Ernesto Valdemar, una frase final que encierra toda la filosofía de la composición poeniana y que se grabó a fuego en la sensibilidad, años más tarde, de un jovencísimo HPL y que le cambiaría para siempre (”pasé de respirar los prados del Olimpo a las miasmas de la tumba” diría cuando descubrió al de Baltimore).

SUPERAR LA MUERTE
Uno no puede dejar de preguntarse si, a pesar de tener un planteamiento típico del “what if…?”, en el fondo no hay un anhelo más íntimo y personal en el relato. ¿Habría podido hacerse algo por su mujer si se la hubiese mesmerizado antes de morir de tuberculosis? Sólo es un esbozo, pero lo dejo aquí lanzado porque su reflexión puede llevarnos a lugares comunes ya explorados por el imaginario colectivo (así a bote pronto se me ocurre el capítulo 517 de Buffy, Forever,  en el que Dawn pretende resucitar a su madre con la ayuda de la brujería).

LA MUERTE ERA HOMBRE
La muerte de las heroínas -vale, no es el epíteto más adecuado- poenianas es un tránsito, un espacio en ningún sitio que no es definitivo. Ligeia, Morella, Berenice (en menor grado)… mueren de forma casi wagneriana -perdonen la comparación- para poder canalizar el elemento fantástico del relato que ocupan. La muerte, en su caso, pasa de puntillas. Con Ernesto Valdemar, en cambio, la muerte pasa como elefante por cacharrería. Casi diríase que se venga en el pobre de todo lo que omite en sus desdichadas compañeras literarias. Sin lugar a dudas, Valdemar sufre la más espeluznante muerte acaecida hasta ese momento en la literatura, me atrevería a añadir. Porque además de desagradable, rápida e inmerecida, es plausible, o lo fue durante unos años en los que el mesmerismo, el hipnotismo y el espiritismo campaban a sus anchas entre los intersticios de las ciencias más clásicas. Valdemar muere castigado por creer, quizás, en lo que no está permitido creer, lo que da un toque herético a su muerte y la hace un poco menos inútil.

EL VALOR DEL HOAX
Cuando se publicó la historia, se dio por verdadera. Nadie la había firmado, nadie le había dado la pátina de obra literaria. Todos la creyeron un reportaje científico. Como consecuencia, el buzón de correo del autor (el analógico, recuerden) se llenó de cartas de pretendidos espiritistas y mesmeritas que le relataban, alborozados, pretendidas similares experiencias. Y este hecho es tan moderno y transgresor que da vértigo. De todas formas, firmas más avezadas que la mía en esta misma página pueden darle pareceres más sabios y razonados sobre el valor del hoax a partir de una obra de ficción como la que nos ocupa.

DOS: …PERO SEGUIRÁS MEANDO ORINES

Teniendo todo esto como caldo de cultivo, como ingredientes de un plato que ha de cocinarse a fuego más o menos lento, ¿a quién habría que culpar si el plato nos lo sirven tarde, frío y a medio cocer? Al cocinero, obviamente. La cagaste, Narciso Ibáñez.
Lo paradójico es que en unas declaraciones escritas para la publicación en la revista “oficial” de HPND, Chicho asegura que en El pacto quisieron retratar única y exclusivamente lo que Poe escribió, y de hecho se disculpaba por haber rodado una historia no apta para cardíacos. Incluso en la entradilla del episodio da cuenta del hecho de que vamos a ver una historia que nos helará la sangre por su explicitud, advirtiéndonos de que sólo nosotros seremos culpables del mal que la televisión nos haga. Por lo menos esa noche de 196…

CARTÓN VIEJO
Nada de lo visto en el episodio nos recuerda lo vivo del relato. Todo está envejecido. Acartonado. Los decorados parecen que vayan a caerse de un momento a otro. El comienzo, en el manicomio de C…, con el apalizamiento al demente gritón, gesto gratuito y que obedece a la consigna entera de todo el episodio: ¿para qué contar algo en 30 minutos, si puedes alargarlo hasta los 60? Luego nos ofrece la presentación de los legos, que pasan por diversos grados de estulticia hasta llegar a un infame Ibáñez Menta, generalmente sobrio, en un papel sobreactuado, que más parece un mago de circo que un científico buscando integrar su disciplina en el corpus académico. Hasta las ropas le sirven para ello, con un estilo casi, casi marichalariano.

ESTIRASA, QUE ALGO QUEDA
Cuando uno visiona diversos episodios de HPND tiene la impresión de que NIS hacía y deshacía a su antojo, esto es, que no era esclavo de ninguna escaleta ni de ninguna parrilla. Que cada episodio duraba lo que tenía que durar, ni un minuto menos, ni tampoco ni un minuto más… hasta El pacto.
Vale, con Poe entramos sin red en la historia y apenas nos hemos acomodado cuando Valdemar se ha deshecho ante nosotros. Pero eso es un valor añadido de la historia. No deja que ninguna otra cosa nos distraiga, a pesar de que entre principio y final transcurran siete meses. A Poe ya se le conocía en España, de hecho en los créditos iniciales se agradece la colaboración de la Editorial Acervo, dueña de los derechos. Por eso la historia que nos presenta al principio, la de la demente Lucía apenas sirve para nada, sino para sufrir a un NIM en horas bajas. La presentación del cuerpo médico tampoco mejora la acción, con retóricas caducas sobre cuerpo, alma y la madre que los parió. Y para acabar, el protagonista, que en realidad es un secundario, y al que sólo un ego hipertrofiado sirve de causa para que se experimente sobre él. La tergiversación perfecta. El hundimiento de un Titanic casi inexpugnable. Tocado y hundido. Corman, más luz!!

TENGO UNA VISIÓN
Bien, tras mucho pensarlo creo adivinar por dónde fueron los tiros intelectuales de NIS al plantear este episodio fallido. Tenemos una obra cumbre de la brevedad y de lo explícito. Sabemos que los tiempos que corrían por aquí no eran muy halagüeños, sobre todo para mostrar lo explícito. Pero NIS quiso jugar esa carta. Tuvo una visión. Iba a darle a España la explicitud que la adaptación requería, pero…
Había, quizás, demasiados riesgos que correr. Riesgos de lo que antaño se denominaba censura y que aún no se disfrazaba de corrección política. Así que, para seguir manteniendo la idea final, había que deslavazar el trayecto. Y por eso lo alargó innecesariamente, diluyó la dureza del relato y lo carpetovetoniquizó, sólo para conservar el elemento sorpresa final… y la cagó, con perdón.

DE POE AL PEO
Y la sorpresa final es… un puto esqueleto mojado de supuesta sangre e ícores varios recostadico en la cama. Ni siquiera entonces impresionó, de otra manera hordas de frikis habrían estampado camisetas con la imagen y la habrían convertido en icónica. Pero nada de eso pasó. NIS se lo jugó todo a una carta y perdió. No me extraña que años después, en la misma serie, volviese a rodar la historia con los mismo actores y con el título de El caso del Sr. Valdemar, que es como tuvo que haber empezado este episodio. Con todo, se deja ver, pero hay gente a la que hay que pedir más, porque puede darlo, y NIS es un claro ejemplo de ello.

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