Existe una ley no escrita, por la cual los parias que protagonizan fábulas ejemplares nunca pueden tener un momento de felicidad. Es un principio clásico, un Pathos más realista que obedece a dos factores: la fidelidad a unos arquetipos y el encauzamiento del espectador. El público puede querer que los personajes, por fin, tengan un respiro y algo de suerte… pero en el fondo desean que sigan sufriendo, descargar sobre ellos sus miserias.

Sólo las prank calls de Sarah Silverman divierten y empalotan a la vez
La Tía de Richie ya ha revoloteado sobre la vida de estos personajes. Es quien paga las rentas de esta pareja, pero también era un lastre del que deshacerse: antes o después habría que presentarla en algún capítulo. Así que, su muerte sirve como pistoletazo argumental. Richie y Eddie planean pedir la enésima ayuda económica a la anciana, cuando averiguan que ésta ha fallecido. Su única y lógica preocupación es la herencia que ha dejado a su sobrino: 600 libras. Y todos sabemos cuál será el destino de ese dinero.

‘Guy Ritchie’s Hard Boiled’
El entusiasmo de Eddie lleva a los chicos a la feria local, donde dilapidan el dinero en la caseta de tiro. Richie, borracho de entusiasmo, no puede cerrar la bocaza y alardea del dinero que lleva encima, 300 libracas, e incluso revela dónde están las otras 300, a voz en grito. Los gitanos de la feria toman buena nota, y antes de que puedas decir ‘eres más tonto que Pichote’, la cartera de Richie ha volado. Los que antes eran ‘nobles gitanos’ se convierten en sucios inmigrantes: Richie, a pesar de estar en lo cierto, sigue enfangándose. Y Eddie recurre al mejor parlamento posible con un feriante: pegarle un tiro en el ojo.

- ‘Eddie, creo que esta bruja tiene algo’
-’Sí, parece hidropesía’.
Llevamos ya dos escenarios en un solo capítulo, pero aún hay más. Una pitonisa revela a Richie información sobre su patética vida… unos datos que, curiosamente, se refieren al contenido de su cartera. Y le hace una ominosa advertencia: en tres días morirá. El cerebro de estos idiotas carece del oxígeno suficiente para pararse a pensar, y continúa la carrera de patochadas. Richie irrumpe en un hospital para comprobar su estado de salud. Ese resquicio de lógica será el último, ya que al instante Richard entra en modo Destino Final y se atrinchera en casa.

Sin dobles, como hacía Jackie Chan
El gran acto final tiene lugar en Villa Basura, como no. Tras una serie de abusos y un piano en la cabeza (literal, y con Edmonson a lomos de él). Richie expulsa a Eddie de su casa y opta por dormirse hasta que pase el plazo mortal. Atención, porque una vez más Mayall y Edmonson subliman su maestría en una única escena. De nuevo Richard es una metralleta de conceptos Ibsenescos. Se mete en la cama con una bolsa de agua caliente entre las piernas, lee una línea de Guerra y Paz, se plantea masturbarse y, en una frase que oscila entre la potencia emocional, el patetismo descarnado y el humor crudo, dice:

‘Me pregunto dónde estará mi madre’
Antes de que podamos reaccionar ocurre lo fantástico. Alguien llama a la puerta del dormitorio: es la propia Muerte, guadaña incluida, que viene a llevarse a Richie al Infierno. La Muerte no duda en romper la cuarta pared y revela al espectador que es en realidad Eddie, con una túnica y zancos. Eddie lleva el engaño hasta las últimas consecuencias para que Richie le entregue las 300 libras… pero ser más listo no implica tener mejor suerte. Las escaleras, las malditas escaleras (siempre hay al menos un tropiezo en ellas por episodio) hacen que caiga y se destape el engaño. Todo podría acabar aquí, pero que el dinero siga presente es un resquicio de buena suerte inadmisible. El gitano de la barraca de tiro, ahora gitano tuerto, irrumpe en la casa y les devuelve la cartera… sin un chavo, por supuesto. Y además se lleva las 300 libras restantes en concepto de daños, así como el Playboy que Richie escondía para sus poluciones.

Dellamorte Dellamore
El espectador avezado ya tiene que haber descubierto la ironía: más que Apocalipsis, hay Holocausto. Bottom nos hace sentir mejor al burlarnos de las penurias de dos miserables, lo más bajo de la sociedad. Pero al mismo tiempo, es un ejercicio de maestría argumental e interpretativa, por parte de dos titanes que están por encima de su audiencia. ¿O no? ¿Qué vidas han llevado en la realidad Mayall y Edmonson? ¿Existe una Pareja Basura auténtica? ‘En el próximo episodio de Bottom…’
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February 18th, 2008 a las 4:40 pm
Es curioso cómo el comportamiento de Richie durante la feria, en este capítulo, no es tanto un ejemplo de su miseria sino de cómo ha llegado a ella.