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Los Teleñecos - Prólogo: La vanguardia de trapo

Raul Minchinela, September 30th, 2007

Es hora de poner la música, y es hora de encender las luces. Es hora de conocer los Teleñecos.

Esa es la primera frase de la sintonía de Los Teleñecos. Y es la única frase inocua de toda la cabecera. Todo lo demás nos dice exactamente qué separa esta serie de todo el resto de la televisión mundial.

Es habitual que las cabeceras de los programas de televisión sean identificativas del argumento: las de detectives sugieren misterio, las de culebrones de terratenientes sugieren lujo, las de ciencia-ficción sugieren lo desconocido. Los Teleñecos también muestran sus intenciones en la cabecera, pero no son argumentales. Van más allá. Vean los dos primeros párrafos de la sintonía:

Es hora de poner la música. Es hora de encender las luces
Es hora de conocer a los Teleñecos en el Show de los Teleñecos
Es hora de maquillarse. Es hora de vestirse bien.
Es hora de conocer a los Teleñecos en el Show de los Teleñecos

(Waldorf) “¿Por qué volvemos siempre?
(Statler) “Creo que no lo sabremos nunca”
(Waldorf) “Es una especie de tortura…”
(Statler)“…tener que ver el programa”

Las voces de Waldorf y de Statler vienen de dos peluches ancianos colocados en un palco que no abandonarán nunca. Y hacen algo poco habitual en televisión: dejar claro desde el principio que el programa, el propio programa, es una mierda. No son los típicos abuelos, público de teatro de variedades, que se traga lo que le echen, sea una vedette, un cantante o un acróbata. No, esos abuelos son el público con criterio, moderno, que se está alejando conscientemente de ese tipo de espectáculo. La sintonía de Los Teleñecos nos dice que vamos a ver un programa de variedades (un remedo del espíritu que ha encarnado los últimos años Noche de Fiesta en TVE1) que sabe que juega a ser un programa de variedades y que sabe que nosotros entendemos el juego. La sintonía de Los Teleñecos, totalmente representativa del espíritu del programa, es puramente posmoderna.

Lo posmoderno es un término un tanto confuso –se aplica a demasiadas cosas- pero uno de los argumentos constantes es éste: en la obra posmoderna, el objeto es consciente de lo que es. La novela es consciente de que es una novela, un conjunto de letras impresas, generadas por un hombre que teclea, y te habla de qué significa ser sólo unas manchas de tinta, o te dice qué le está pasando al escritor mientras está escribiendo ese párrafo en concreto. La obra posmoderna viola (o trasciende, según gustos) el propio universo de ficción en el que habita y deja entrever la materia que lo constituye.

El programa de Los Teleñecos no sólo es posmoderno, sino que es un extremo del posmodernismo. Son conscientes de que no son un espectáculo de variedades, son conscientes de que las bambalinas son tan públicas como el espectáculo -todo el desarrollo de historias y personajes se construye entre bastidores-, son conscientes de que son personajes de ficción, son conscientes de que son objetos inanimados, y son conscientes de que todo eso es una mierda.

Pero aún hay una vuelta más de tuerca. Los Teleñecos no es una serie policial, ni un western, ni una telecomedia hogareña, por una razón particular: por venganza.

En el teatro de variedades y en el café cantante, los ventrílocuos siempre han sido contenido de relleno. Los cantantes, las vedettes, los magos, los acróbatas y los humoristas siempre han mirado con desprecio a los ventrilocuos. Y a los titiriteros, que ni siquiera disimulan la boca al hacer la voz del personaje, ni les cuento. Los Teleñecos es la venganza de los titiriteros, dejando en evidencia a toda una tradición, demostrando que, ellos solos, pueden convertir en espectáculo para adultos el cadáver boqueante del café cantante.

Con todos esos argumentos, uno debe toda su admiración cuando descubre, acudiendo a los números, que ese ovillo perversamente enmarañado es el programa de más éxito de la historia de la televisión. No podíamos dejarlo pasar. Eso hay que contarlo, entrega por entrega. Y lo contaremos.

6 comentarios en “Prólogo: La vanguardia de trapo”

    Jonatan Sark :

    Bravérrimo.

    No sólo representa la letras sino, tambiém el espíritu.

    Sólo puedo decir una cosa ante esto:

    WAKA, WAKA!!!


    Doctor Mentalo :

    Me encanta el título LA VANGUARDIA DE TRAPO. Muy, muy bueno.


    John Tones :

    Yo a cualquier sketch con Animal le dedicaría UN POST INDEPENDIENTE.


    El hombre Malo :

    Precision de uno que casi domina el Børk Børk Børk;

    El “meet” de la letra original… ¿no seria mas correcto traducirlo como “encontrar”? En su acepcion de conocer, “meet” implica que no se les conoce aun, mientras que toda la sintonia destila el regusto de “es ese dia y esa hora en que te encuentras con ellos” tan de programa semanal de variedades (tanto radiofonico como televisivo).

    Todo esto asumiendo que la traduccion sea vuestra, pero en mi memoria alzeimerica, siempre he escuchado la letra en ingles.


    Raul Sensato :

    La traducción es nuestra. Y las futuras alusiones al original, también serán mías. Créame que con “conocer” (en el sentido de “presentar” y “ser presentado a”) estoy siendo estricto. Pero siga con nosotros, porque necesitamos gente que nos lea con cariño y detenimiento.


    peggy :

    si soy yo y q?
    es mejor q ser la rana rene


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