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Los Teleñecos - S01, EP01 - La primera en la frente

Raul Minchinela, October 31st, 2007

En base a lo que les dijimos en la anterior entrega, Los Teleñecos no podían comenzar más centrados. Fueron directamente a sangre. En el primer capítulo arrancan vendiendo como superestrella a una cabeza de cartel segundona -que ellos saben que sabemos que es segundona-, y en los dos primeros números, sucede en escena lo innombrable. En el primero, las coristas le indican insistentemente al cantante que lo está haciendo como el culo. En el segundo, el artista sale de escena a mitad de acto, abucheado. Esto es lo que se llama comenzar por donde duele.

Toda esta primera entrega va a ser un ataque obsceno al café cantante. Obsceno, en el sentido etimológico, de poner en escena aquello que se quiere/debe ocultar al público. Sacando a relucir diferentes arquetipos del lado chungo del espectáculo: la vedette que se liga al director para prosperar, el hijo del jefe que aparece en un escenario por ser hijo del jefe, el relleno de última hora que no sabe a qué sale, la descoordinación, y, sobre todo, el fracaso en escena.

Los Teleñecos se estrena con un sketch que pasará a la historia de la televisión: el mahná-mahná, interpretado por Mahna Mahna and the Snowths. El sketch es puro clown, y es simultáneamente la pesadilla de cualquier profesional de la escena: los que te acompañan en el escenario dejan ver repetida e insistentemente que la estás cagando. En ese momento, la estructura se cae y te quedas literalmente solo y desnudo: es puro clown. Y la tensión se mantiene porque Mahna Mahna sigue en sus trece, como todo payaso, aunque alejándose progresivamente de las coristas, hasta acabar cerrando el sketch por teléfono. La canción ya había sido fogueada en Barrio sésamo en 1968 y en El Show de Ed Sullivan (sí, ese señor que le abrió las puertas americanas a los Beatles) en 1969. Henson sabía que era una joya a prueba de bombas. Una melodía que redefinía el concepto “pegadiza”. Un verdadero meme musical. El boca a boca ha asignado el tema a Los Teleñecos, pero en realidad es una canción italiana, compuesta por Piero Umiliani para una película muy especial. El Mahna mahna es un tema que tiene tema. Es una historia que deben conocer, y que les va a contar, en el vídeo siguiente, el Doctor Repronto. Les espero hasta que terminen el visionado.


[La central de Reflexiones de Repronto está aquí
y emite capítulos nuevos cada miércoles]

Ahora entenderán por qué tras las frases de Waldorf y Statler desde el palco “¿Y qué es un maná maná? / ¿Y a quién le importa?“, la rana Gustavo dice en un aparte a cámara “Piensen en eso“.

Gustavo entre bambalinas haciéndonos ese guiño perverso sirve para mostrar las primeras tramas, entre unos personajes que de momento son arquetipos simplones. Nuestro primer protagonista es Scooter. Scooter es el gopher del teatro, pero no se dejen engañar por la traducción estricta, que sería topo, y que justifica sus gafas de culo de vaso. Gopher es como se llama en los negocios sajones al que se le hacen los encargos. Tiene la misma raiz nemotécnica que el Traidor de los periódicos españoles. El traidor te “trai” un café, al gopher le dices “go-fer a coffee“. Algunos chistes, como ven, se adaptan que da gusto.

Scooter representa al enchufao que sale a escena porque es familia del jefe. En particular, es sobrino del dueño del teatro. En cuanto lo descubre, Gustavo le asegura que podrá hacer su número de perro bailarín, aunque el bicho le esté mordiendo en ese momento la mano. La bambalina chunga: el jefe manda, y los coordinadores tragan.

Gustavo huye para salir a escena y presentar al “artista residente“. Gonzo el Grande va a comerse un neumático al ritmo de El vuelo del moscardón. La actuación del “artista residente”, ese número con garantía respaldada, es abucheado y tiene que abandonar la escena al cuarto mordisco. Gustavo nos confirma entre cajas que es otro de una larga lista de fracasos con el mismo protagonista. Gonzo se irá a cambiar al camerino de la estrella invitada, pese a que Gustavo estaba convencido de que se cambiaba en la calle. De nuevo, la bambalina chunga: el artista fracasado, que no le importa ser despreciado de telón adentro, mientras tenga nombre en el cartel, mientras mantenga algo de la fachada.

Llega el momento de recibir a Julie Prowse, la (ejem) superestrella invitada, una bailarina que encarnaba en la Inglaterra del momento el prototipo de jamona. Ahora nos puede sorprender, conociendo lo que será el catálogo de estrellas que pasarán por Los Teleñecos. Pero antes de que demostrara su efectividad ante el público, nadie aceptaba a ser invitado de esa… de esa cosa con muñecos, de ese programa de… titiriteros. Prowse es, para entendernos, el mal menor. En caso de no poder tener estrellas, el siguiente anzuelo fetén es una tía buena. Prowse realiza un número de danza clásica con una especie de unicornios estilizados, y que recuerda, en feo, a la Fantasía de Disney. Sólo hemos conseguido una bailarina, y tenemos que hacer esto.

Luego viene un aluvión de sketches que son copias malas de humor establecido, que no es fácil saber si son parodias del original, o parodias de los que copiaban mal en los escenarios moribundos que seguían en activo. Primero un salón de baile en el que los guionistas se abandonan a los one-liners, o sea, chistes rápidos que apoyan todo en la frase final. Los sajones dicen que homenajea al programa Laugh-In, de Rowen & Martin. Luego, el perro pianista Rowlf -que se convertirá en un fijo musical- nos interpreta Tu y yo y George, un clásico que vendió dos copias: “Yo compré una, y George otra; ¿dónde estabas tú?”. El futuro humorista Fozzy hace un sketch de vaqueros, con una consciente mala imitación de John Wayne, en el que las hortalizas son armas de fuego, y que recuerda -pero muy, muy de lejos- el célebre sketch de los Monty PythonDefensa personal contra gente armada con fruta fresca“. Scooter finalmente sale a escena, pero no con el perro -que ha disparado sus caprichos de estrella- sino con Fozzy, que sale y no sabe a lo que sale.

Para redondearlo, el último sketch es una reformulación, en coro musical, del célebre sketch de Tip y Coll del vaso y la jarra: una enumeración de todo lo que puede salir mal. Completada esa fase, por fin arrancan su interpretación de Temptation. Ahí toma el mando la luego célebre cerdita Piggy, que ni siquiera ha sido presentada, que ocupa discretamente el centro de la última fila del coro, y que confiesa en un aparte que ama a Gustavo. Según se desarrolla la canción, Piggy avanza entre las filas hasta enfrentarse al Gustavo director de coro, y allí pasa del acoso sexual a directamente el acoso y derribo.

Los personajes, de momento, como ven, son inexistentes. Sólo están definidos a grandes rasgos. Son secundarios de su propia serie, porque lo principal en el inconsciente de los autores es dinamitar el café cantante. Retratar el desastre, lo cutre, lo chusco, la sal gorda, los desconchones tras la purpurina,… las bambalinas.

¿Son conscientes? Ya les hemos dicho que lo son desde la sintonía inicial, pero aún la rubrican con un último detalle que firman Waldorf y Statler desde su balcón:

“¿Qué te ha parecido?”

“Hombre, es mejor que ver la tele”.

Autoconscientes, y atacando a muerte. Ya vendría todo lo demás.

13 comentarios en “S01, EP01 - La primera en la frente”

    Aura :

    Hace poco leí que la Streisand siempre se había sentido identificada con Piggy, ¿se referiría a estos ardores on stage?
    Muy lúdico y grandguignolesco.


    Don Lindyhomer :

    ¡No puedo creerlo, estoy disfrutando esta serie tanto como la primera vez! Lo mejor de todo es que toda esta sofisticación nos la tragábamos como un frasco de potitos.


    Raul Sensato :

    Aura: Streisand es una Prima donna de nariz vistosa y característica, mientras que Peggy es… es… Sí que se tiene que sentir identificada, sí…


    Wimsey :

    ¡¡¡¡BRAVO!!!!


    Jordi SN :

    Masterpiece


    Alvy Singer :

    Alucinante reflexión teleñeca: Waldorf y Statler son los catalizadores del todo (el público, la coartada meta, el humor) y para mí son dos de las mejores cosas de esta vida.


    No Recomendable » Posmodernismo de trapo :

    […]   Elitevisión: Los teleñecos, temporada 1, episodio 1 Clasificado como: repronto, elitevision, con_video, tv, apuntes_a_lo_virtual, estética, filosofia […]


    John Tones :

    Posiblemente la revisión de esta serie gracias al DVD, que no veía lógicamente desde que era un zagal, es una de las que mayores sorpresas me está dando. Es asombrosa la cantidad de lecturas que aún poseen y, no lo olvidemos, la belleza plástica pura que tienen las marionetas. La expresividad de los personajes, como dice Minchinela, mucho más versátiles y contundentes que cualquier actor de varietés, resume perfectamente la grandeza de Jim Henson, capaz de crear un carácter y una personalidad con cuatro elementos bien definidos (ojos, color de la piel, forma de la boca, voz… y poco más)


    Raul Sensato :

    Literalmente, con un guante…


    Jonatan Sark :

    Tan brillante que es sorprendente que parece predestinado para ello.


    aurë :

    Lleva cuidado con lo que dices en las entradas que acabo de leer en El País que han catalogado la edición en DVD de las dos primeras temporadas de Barrio Sésamo como de contenido para adultos, no recomendable para niños.

    Como leéis. Básicamente, por las siguientes razones, que encontraréis detalladas en mi blog (modo autobombo off):

    - Epi y Blas pueden suponer una influencia homosexual para los niños yankees.

    - Blas, además de gay, tiene mala leche.

    - No se puede consentir que Triqui salga fumando en pipa, comiéndosela luego (la pipa).

    - El muñeco Óscar es cínico, tiene un carácter depresivo, y vive en la basura, aberración que por supuesto no puede asimilar una criatura sin resultar gravemente dañano en lo más profundo de su psique.

    Gran sociedad la yankee…


    Raul Minchinela :

    aure: he incluido su sugerencia en el capítulo dos de la serie…


    juan :

    Lo que no entiendo es si es un documental critico sobre una serie de television utilice unas descripciones tan inapropiadas como esas. Yo me tragaria el documental sin mas y me lo creeria pero el final deja mucho que desear.
    Es como si yo digo que el presentador de este video es un fumeta yonki que no tiene ni puta idea y su documental no tiene ninguna base solida, que por una parte me da que pensar que se aburren mucho para ir preguntando ¿que prefieres una pelicula en la que sale gente que se quiere? o ¿una serie de peluches manejados por hippies que puestos de drogas hasta las cejas? eso es lo que normalmente una madre se preguntaria… ¿le dejo que siga viendo esta serie o le pongo una porno directamente?
    A mi parecer este documental no hay por donde pillarlo mediante las formas que utiliza. El final cojonudo.


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