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Los Teleñecos - S01, EP02 - Notas sobre la vergüenza torera

Raul Minchinela, November 26th, 2007

El segundo capítulo de Los Teleñecos, con las tesis del programa ya establecidas, nos presenta por fin el perfil de los personajes. Primero es el alma y luego es la carne. En esta entrega, la invitada estelar es Connie Stevens -Connie es abreviatura de Concetta, pronunciado conchita, sin zeta - que es una actriz con una trayectoria un tanto tambaleante (Maverick -la de la tele-, Sargeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band -con los Bee Gees-, obras de teatro con Anthony Perkins…) pero que se conservaba en el papel cuché gracias a una llamadita de Elvis Presley que la invitó a salir por teléfono y sin previo aviso, en el espíritu del team up Fary-Ava Gardner. Con cosas como esa aguantó, pásmense, hasta Grease 2. La gracia de esta segunda entrega es que cuenta con un extra de estrellas: también están invitados los monumentales Epi y Blas, que nunca habían pisado el espectáculo adulto. Aunque la reciente calificación como sólo para adultos de la edición americana en DVD de Barrio Sésamo tal vez debería ayudarnos a invertir la polaridad de la idea general sobre la serie.

La segunda entrega teleñeca es sensiblemente más divertida que la primera, pese a que esta tenía momentos míticos como el Mahna Mahná. Es menos de discurso, y mas de dejar rodar las cosas. Aunque el inicio es un tanto abrusco. El primer sketch del programa tiene como protagonista a Gustavo, que interpreta para nosotros un clásico picarón titulado Lidia, la mujer tatuada. La canción es bien conocida por los norteamericanos amigos del humor, porque Groucho Marx la cantó en Los Hermanos Marx en el Circo, luego la convirtió en un clásico que repitió en televisión y en teatro, hasta convertirla en un icono personal y un poco más y la sigue cantando después de muerto. Gustavo nos señala los tatuajes de Lidia, una cerdita con el cuerpo cubierto de tinta, enseñándonos historia norteamericana, faltando a ese juego que hacía Groucho entre picaruelo y chabacano, que en España podemos comparar con el clásico La Pulga. Según sale del escenario, Gustavo recibe un mamporro en la cara de manos de Piggy, tan cerdita como Lidia pero más vestida, que, otra vez, no nos presentan.

¿conocen a lidia?
Gustavo y su pasión por el flirt interracial

El running joke de este capítulo es esa confusión de oídas que tanto gustaba al público español de teatro de variedades. Gonzo va a pasear con su osito de peluche, que está hecho un asco pero se mantiene entero, preguntando a la gente si opina que debe cambiar de peluche. El oso humorista Fozzie llega siempre en la segunda mitad, en la que el interlocutor le dirá a Gonzo que el oso ya está muy visto, que ya no hace gracia, y que debería sustituirlo cuanto antes. Así, tres escenas de bambalinas.

El segundo sketch presenta una extraña obsesión de Henson: el Cocinero Sueco (Swedish Chef). El hijo de Henson recuerda que su papá se ponía una cinta de humor titulada Cómo hablar sueco falso y que le hacía una gracia extraordinaria… a papá. Con tanta práctica insistió en crear este personaje de vocalización incomprensible que nos prepara unas albóndigas estupendas para practicar el tenis. Cuando acaba, Connie Stevens nos muestra lo mal que se habla de las estrellas cuando los actores piensan que no les oyen, y se arranca con un número retrorevival de Por qué soy una adolescente enamorada, con una edad que incluye varias adolescencias. Numero de one-liners para oxigenar y pasamos a un número musical en el que nos interpretan el clásico de jazz Ain’t Misbehavin’, una sintonía típica del original Cotton Club en la que, haciendo honor al título, no se portan mal.

Tras la pausa, Connie Stevens le canta en los morros a Gustavo el hoy clásico Cerca de Ti que salió de la mano de ese titán llamado Burt Bacharach, y que popularizaron los Carpenters después de pasar por las gargantas de Dionne Warwick o Richard Chamberlain. Pese a la tensión sexual no resuelta, esta vez Gustavo no recibe ningún puñetazo cerdo.

Posteriormente, el saxofonista Zoot tiene un momento estelar en la serie. En este monumental sketch, primero se queja de la calidad de la pieza, acepta cuando le amenazan con el despido, y luego hace una interpretación tan brillante que quedó grabada en el vinilo de Los Teleñecos. Pese a que Zoot está en imagen, hace una sola nota. Cada diez segundos. La misma. Que tras toda esa presentación, todo el tiempo dedicado al personaje, tras despreciar a la orquesta que hace el resto de la melodía, que tras todo ese envoltorio Zoot haga algo tan limitado es llamativamente cómico. Y la pieza, Saxo y violencia, mola. Tras eso, Gonzo tiene otro fracaso abrumador tocando el violín mientras crece un tomate. Debe, de nuevo, abandonar el escenario a mitad de actuación.

animal es la violencia
Pidiendo la opinión, como músico, de Mahna Mahna

El gran final. Tenemos primero a un presentador de informativo que recuerda a los insertos de Saturday Night Live y que nos muestra los secretos del teléfono rojo típico de la guerra fría. Y después, por fin, como reunión de estrellas invitadas, tenemos a Blas, empujado por Epi, cantándole a Stevens Some Enchanted Evening, una pieza que sólo en el año 1949 –el de su estreno- ya grabaron Bing Crosby, Perry Como, Al Jolson y Frank Sinatra, entre otros. Stevens baja por una escalera, baila con Blas, ve el percal, y se escapa por la misma escalera. Blas habla de la experiencia con Epi:

- “¿Acabo de quedar como un gilipollas?”

- “Completamente, Blas.”

blas is blas
Al alimón (con perdón)

El mensaje: para ver el más mínimo asomo de vergüenza torera, el personaje tiene que ser músico o venir de otros programas. Los Teleñecos que dan la cara, esa representación de los actores del café cantante, no tienen vergüenza, ni entrañas, ni compasión. El espectáculo debe continuar, pese a que ellos son el impedimento.

4 comentarios en “S01, EP02 - Notas sobre la vergüenza torera”

    Alvy Singer :

    ¿O sea que no era yo el único que pensó que los feelbes no eran tanto una parodia sino una extremización?


    John Tones :

    Ahí le ha dado Alvy. El segundo gran error con respecto a los Feebles es pensar que son mucho más virulentos que los originales, cuando con el grafismo pierden aolgo de veneno.


    Raul Sensato :

    Los Feebles es una reacción instintiva del estilo “¿pero es que no os dais cuenta?”. Y les digo, por mi experiencia al mostralo en la visitas, que es mucho menos agradable en consumo que los teleñecos. Gusta mucho menos. Y eso, como dice Tones, es una cuestión de estética, y también de conciencia de espectáculo. Las cosas sucias no tienen por qué parecer sucias. Hay un sucio cuidado y hay un sucio cutre. Meet the Feebles es de lo segundo.


    El hombre Malo :

    El “bork, bork, bork!” del Chef Sueco es un referente en el paleointernet. Google ofrece el bork como uno de los idiomas en los que hacer tus busquedas, Mozilla lo ofrece para su firefox…

    De muestra, un traductor:

    http://mysite.verizon.net/ebrowne72/chef/index.html


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