Viajamos en el tiempo y volvemos a los Teleñecos de siempre. Los de la bronca, los de callejón, los que levantan el telón y nos dejan ver las bambalinas remendadas y descascarilladas. Los que continúan su venganza sobre el café cantante y el espectáculo de variedades.
Nuestra estrella esta semana es Jim Nabors, que en 1960 obtuvo tanta fama interpretando al inocentón Gomer Pyle en la sitcom The Andy Griffith Show, que protagonizó una sitcom spin-off titulada, lógicamente, Gomer Pyle. Nabors tuvo en 1969 y en 1974 su propio programa de variedades -y decir “tuvo” significa “su nombre salía en el título del programa”-, lo que le convertía en un invitado que encajaba en la tradición de estos inicios teleñecos. Así que, como dicen los clásicos del campo, “p’a dentro“.
Esta entrega, en consecuencia, se tiñe de las tradicionales bambalinas chungas, y Gustavo ya nos avisa en su primera intervención en escena que agradece mucho al teatro su colaboración porque llevan tres meses de retraso en pagar el alquiler.
Inmediatamente después, Dr. Dientes -con un brillante en uno de sus incisivos, una costumbre macarra que se conserva hasta hoy, y anillacos en todos sus dedos, otra que también se ha mantenido con salud- nos interpreta “Money”, en el que confiesa que “no quiero que me reconozcan mis méritos, sino una buena pila de billetes”. El piano se convierte en una máquina de jackpot y la canción termina porque a Dientes le gusta más agarrar moneda que tocar teclas. Se dice que el espectáculo siempre debe continuar, pero una lluvia de dinero es una de las excepciones.

Diente brillando, joyas a tutiplen,
uniforme de chuloputas portorriqueño setentero y una sonrisa en la boca.
Todo, lo conservan los raperos actuales.
Excepto la sonrisa.
En bambalinas, vuelve Scooter. Y se vuelve a presentar, como si no lo hubiéramos visto nunca. Como si el capítulo uno de los Teleñecos hubiera sido una alucinación. Quiero decir, es que repite la misma conversación. “Soy el nuevo gopher”, ¿recuerdan? El mismo cambio de opinión de Gustavo cuando se entera de que su tío es el dueño del teatro. Todo, lo mismo. ¿Reciclaje? ¿Traspapeleo? ¿Morro? Yo opto por la número tres.
Sketch con casas con ojos en lugar de ventanas. De tres frases. Para olvidar. Todo apunta a que semejante cosa está colocada ahí para ejercer la funcion del telonero malo que deja bien la siguiente actuación: el invitado Jim Nabors nos canta “Lo que el viento se llevó” mientras se va levantando un huracán que desmonta el decorado, se lleva a la chica y los pantalones del cantante, que cierra con un calzoncillo a topos.

Esto siempre hace mucha gracia, pero no le vemos ninguna.
Noticias: un gasolinero recibe a unos alienígenas. En el monitor, Nabors, disfrazado de currante, nos dice que sólo querían usar el baño. Le sigue un backstage de Gustavo y Scooter, que le sopla a la rana que los Danceros son el espectáculo favorito de su tío. A Gustavo le falta tiempo para subirlos a escena. El espectáculo es un claqué a cuatro pies, y termina como empezaba. Había subido como enchufe por deudas económicas, y termina con la frase “me salió mejor en los ensayos”.Por suerte, para levantar el panorama, Nabors se cruza con Animal, deseándole un “rompe una pierna” tradicional del show business sajón. Animal se lo toma estrictamente y le da un mazazo a Nabors que lo deja cojo. Entre cajas, Scooter habla con el fregasuelos del teatro, que llama idiota al nuevo dueño del teatro hasta que decubre que está delante de su sobrino, momento en el que cambia de opinión radicalmente. Le sigue el habitual baile con one-liners. Los abuelos Waldorf y Statler dan la pausa para la publicidad: “es el medio tiempo. Teleñecos seis, público cero”.
Tras la pausa, Rowlf al piano canta con el perro de Baskerville, un personaje que Henson creó en los sesenta para los anuncios de Purina, una marca de alimentación de mascotas. El tema “dog eat dog”, que es el dicho sajón para “homo homini lupus”.
En escena: Nabors y Gustavo hablan. Nabors nos dice que le encanta Piggy, con lo que ya vemos que los guionistas tenían la decisión tomada de convertirla en una estrella, nos gustase o no. Nada más oir la frase, aparece Piggy, que le abraza el brazo (extraña pero descriptiva aliteración) mientras Nabors explica que, como es géminis, habla de una manera y canta de otra. Gustavo se va, dejando a Nabors bajo el acoso de la cerdita, a la que le insiste: “¡contrólese! ¡señorita!”.
En bambalinas, Fozzie se queja de que un chaval - Scooter- le persigue por el teatro proponiéndole chistes horrorosos. Gustavo responde: “¿cómo los distingues?”. Fozzie reune a un grupo en bambalinas y les cuenta uno de los chistes de Scooter: “estuve en un hotel tan exclusivo que el servicio de habitaciones tenía un número que no estaba en la guía”. Todos se parten. Fozzie se lanza a buscar a Scooter con voz seductora.
El momento del orden y la sana moral. El águila Sam nos presenta a sus habituales Wayne & Wanda, “cantantes de una moral intachable”. Cantan La llamada india del amor, representando una pareja de colonos. Entra un indio: “Cariño, ¿me has llamado?”. Adulterio y sexo interracial sugeridos con una sola frase. Sam cierra el telón inmediatamente.

Moral intachable, pero dentro de un orden.
Gustavo sale al quite para presentarnos al humorista titular, que nos dice que “llega después de un largo compromiso, pero de un brevísimo matrimonio“. Ya ven que la bambalina chunga está entrando ya en lo personal. Fozzie hace su tour de force habitual con los viejos del balcón, que son los que realmente tienen las frase buenas. “Si no les importa, yo hago los chistes” “no nos importa, pero ¿cuándo piensas hacerlos?”.
Sketch: Nabors almuerza como vigilante de una panadería. Como en los mejores tiempos de Fofó y Miliki, nos dice al público “no tengo que dejar pasar a nadie”. Como nos hemos formado con Fofó, sabemos que es una llamada al desastre. Pero no. Se olvidan de esa premisa, pero no es involuntario: nos engañan, como lo magos intentan que nos fijemos en una cosa para luego sorprendernos con otra. Contra pronóstico, hacen juegos de palabras con animales hasta hartarse. Buen truco.
Bambalinas: Scooter confiesa ser un superfan de Fozzie, pero el oso le cuenta un chiste y Scooter no lo entiende. Escenario: Gustavo presenta el número de cierre. El invitado Nabors interpreta un tema country, o sea, de pueblo. Animales de granja, balas de paja y paletos de cazadora remendada. Fin con todos hablando con acento.

“Me voy p’al pueblo… Hoy es mi día…”
Esta sexta entrega de los teleñecos, a la vista está, pertenece al espíritu habitual del chunguismo del espectáculo. El logro de Rita Moreno en el capítulo cinco aún no había tenido consecuencias, y los guiones aún no tenían ese nuevo estándar de Teleñecos, con las entregas seriadas de la clínica –no hay que olvidar que las ficciones seriadas es algo que no pertenece al café cantante-, la estrella invitada a lucirse, y en general a lo que hemos llamado la construcción después de la batalla. Es lo curioso de mirar las series con la perspectiva de décadas. Ves que entregas como ésta, que molestan por que aparecen muy a destiempo, solo por una semana de retraso.
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