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Los Teleñecos - S01, EP09 - El lastre del prestigio internacional

Raul Minchinela, May 24th, 2008

Tras meses intentándolo, por fin llega a Los Teleñecos el estándar de figura de primera línea mundial. El nombre que conoce todo el mundo, aunque sea de oídas.

En el capítulo de hoy tenemos a La Voz. Ya sé que a base de machacarlo en los telediarios, ustedes están convencidos de que La Voz es Frank Sinatra, pero les bastará acudir a las hemerotecas para comprobar que Aznavour superó muchas más barreras. Si miran en la Wikipedia inglesa, verán que le califican como “El Sinatra francés”, que es como decir que Carlos III es un rey con nombre de coñac. Charles Aznavour encarnó durante años la figura del cantante estrella mundialmente respetado, que hoy representaría, pongamos, Plácido Domingo. Un lugar que Sinatra sólo ocupó ya anciano, porque antes -y les vuelvo a invitar a la hemeroteca- lo que interesaba era su dinero y las señoritas con las que paseaba. El Francés Charles Aznavour es en realidad el armenio Shahnourh Varinag Aznavourian. Un armenio que vende cien millones de discos merece mucha más admiración que un estadounidense que vende quinientos, porque de lo segundo tenemos uno cada cinco años. Hay que poner a Aznavour donde merece.

En otro curioso paralelismo, la primera imagen de Aznavour en el episodio nos lo muestra enfundado en un uniforme de chulito sobrao, que es una imagen que todos tienen de Sinatra gracias a sus correrías de sexo y alcohol con el Rat Pack. Que Aznavour, en la cumbre de la respetabilidad, pudiera llevar esa indumentaria -algo que hoy sólo se ve en las chicas, y para eso se las convierte en estrella bien jovencitas- no se debe al armenio, sino al también grande francés Serge Gainsbourg. Fue él el que estableció al chulo progre, el concienciao con jovencita. Y el que lanzó definitivamente las canciones setenteras con mujeres que susurran y jadean, gracias a su bombazo Te quiero, yo tampoco que, Jane Birkin mediante, puso a cien a medio planeta. La estética de chulo de Gainsbourg contagió a toda una generación. Hubo un tiempo en el que los sobraos eran los cantantes respetables. Me río yo de los raperos de hoy.

moda ginsburg

Pónganle zapatos de tacón cubano, y aquí tienen un secundario de Shaft

El programa empieza con un tema de West Side Story, Me siento guapa, en el que un teleñeco chica, arreglándose en el tocador, se va convirtiendo en un monstruo. El número es una repetición de un número que hicieron en 1973 en Julie in Sesame Street, pero ahora lo tienen más entrenado y sale más fluido. Le sigue una escena en bambalinas en la que Gonzo le confiesa a Gustavo que asume sus fracasos en escena, antes de ponerse a la defensiva y defenderse con un

“Yo no actúo para las masas. Yo soy un artista”

…que es un juicio que ya defendimos cuando se dedicó a destrozar objetos en escena, años antes de que se pusiera de moda en los museos. Gustavo le convence de que para salir de la situación, Gonzo necesita un mánager. De modo que hoy la parte trasera del show va a ser un discurso sobre “darle al público lo que dice que quiere, frente a lo que quiere de verdad”. Nos oxigena Aznavour en su primera actuación, cantando el tema A la antigua. El espectáculo es infernal, porque rodean al cantante con bailarines con cabeza de teleñeco. Un desastre.

las personas con careta no son muñecos

Unos tíos con máscara no son unos teleñecos.

Esta primera aparición de Aznavour se remata con un chiste chungo francés, aprovechando que las patatas fritas, en inglés, se llaman “patatas francesas”. Ugh.

En bambalinas Gonzo nos presenta a su nuevo mánager: el traidor Scooter. Le ha convencido para que haga un número de rock. Gonzo se lo muestra a Gustavo. Saca una piedra y empieza a darle martillazos mientras grita “¡Arte! ¡Arte! ¡Arte!”. Gustavo, cortocircuitado por la modernidad, los expulsa de la sala.

arte! arte!

¡Arte! ¡Arte!

Lo sigue una nueva entrega del culebrón “Hospital Veterinario”, en el que Rowlf secundado por sus ayudantas, mata a su paciente y se perjudica con lo que parece gas de la risa. Hay un momento valioso en el que se ponen a buscar de donde viene la voz en off que describe lo que hacen, pero es efímero.

La segunda aparición de Aznavour se remata con un chiste chungo francés, aprovechando que las barras de pan que conocemos aquí, en inglés se llama pan francés. Ugh. Ugh.

Le sigue el habitual baile de one-liners, y después sale un grupo de paletos cantando country –o bluegrass, o como toque llamarlo ahora-, con el tema ¿También tu chicle pierde el sabor cuando lo dejas por la noche junto a la cama?.

La tercera aparición de Aznavour se centra en el arquetipo de los franceses como “hombres con suerte en el amor”. Aznavour dice que el francés es la lengua del amor. Para probarlo, le habla en francés al oído a Piggy, que entra en éxtasis. En un aparte, Aznavour le confiesa a Gustavo que lo que le ha dicho es “el filtro del aceite está perdiendo líquido” y el número de teléfono del vertedero de París. Y es que no hay como decir cosas sucias para excitar a las cerditas.

cerdadas en frances

Diciendo cerdadas.
Esas manos, que van al pan.

Gonzo vuelve a intentarlo, travestido como niña (“Crees que llevo demasiado tacón“, dice en cierto momento, sin saber si se refiere a “en escena” o “para ser una niña”). Según Scooter, el transformismo es un arte noble: otro puyazo teleñeco a la escena cutre del momento, que aquí sufrimos con el Molino y el Oasis. Gustavo les dice que es insufrible, y Scooter razona que “a su tío le encanta”. Su tío, les recordamos, es el dueño del teatro, así que eso de que le encanta tener señores que gustan vestirse de inocentes querubines femeninos tiene lecturas que van más allá de la escena. Gustavo, al conocer las inclinaciones de su tío, acepta inmediatamente el número. El jefe es el jefe, con despacho oscuro y todo.

transformismo hiperrealista

Si repasan fotos de época, verán que el uniforme de Gonzo es completamente fiel.
En los setenta, este transformismo chusco se veía en los escenarios.

Le sigue un programa de debate, presentado por Gustavo. El tema, “cuál es el papel del hombre en el universo”, es una excusa para que Gonzo, miembro en la mesa, se tome literalmente cada frase hecha. Por ejemplo, buscando la respuesta bajo una mesa. La joya son dos señoras enjoyadas, catedráticas de hilo y aguja, que nos apuntan a la tradición televisiva de los Monty Python.

Luego sale Fozzie a escena: Waldorf y Statler, desde su balcón, le pisarán todos los chistes adelantándose en la última frase. “Esa frase era mía”, llorará Fozzie, el retrato del artista que repetía el mismo número año tras año. Entre bambalinas, Scooter dice que abandona a Gonzo, porque el artista se ha comido el contrato.

Pieza musical con Aznavour: la canción Gusanito, que la verdad es que está muy bien. El francés le canta a un gusano mientras un coro de profesora y alumnos aparecen recortados en una ventana, cantando una extraña tabla de sumar. La canción se repetirá en la tercera temporada de Los Teleñecos. La cantará Danny Kaye, con gusanito y todo, pero esa vez el coro lo harán los propios teleñecos, y no le pondrán reverb a la voz del cantante. En la comparativa, la actuación del año tres queda, estéticamente, mucho más bonita, ayudado por la naturalidad del actor. Al fin y al cabo, fue Kaye quien estrenó la canción en 1952, y estos detalles merecen su justicia.

Por si quieren comparalos, este es el video de Aznavour, y este es el de Kaye.

calculando con gusano

Gusanito de amor, con fondo de película de miedo.

Hora del cierre: Aznavour se despide con una americana que hoy seguiría girando cabezas. Es decir, que sigue adelantada a su tiempo, décadas después. La imponente presencia de Aznavour -o, mejor dicho, la imponente presencia de su mito- ha hecho que los guionistas se amedrentaran y se limitaran a hacer chistes de franceses. El material inflamable (el transformismo que desean los jefes, el humorista que repite hasta la saciedad, el manager,…) ha quedado aplacado por el peso del perfil del invitado.

esa chaqueta

Moda incombustible.

La llegada de estrellas de categoría mundial como invitados va a significar el triunfo de los teleñecos en su guerra contra el teatro cantante. Pero a la vez, va a significar la dilución de sus ataques. Por eso la leyenda de Los Teleñecos pasa de puntillas sobre el conflicto con el music-hall, y se centra en el puro espectáculo. Es el lastre del prestigio internacional. No se puede ser sutil, cuando te aplasta el arquetipo.

Un comentario en “S01, EP09 - El lastre del prestigio internacional”

    Don Lindy :

    Será interesante ver si más adelante, tal vez con la complicidad del peso pesado, sean más osados. Quiero creer que tengo recuerdos de algunos momentos así, sobre todo de esos que no tienen problemas de autoparodiarse


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