Nuestra invitada de hoy es Lena Horne, una cantante de Jazz con tres razas en su árbol genealógico, que formó parte del mítico Cotton Club en los años treinta. Horne fue un clásico del Jazz en la televisión, y el número de programas en los que actuó es un catálogo de lo mejorcito de la historia catódica norteamericana. Horne ganó tres Grammys, incluido uno a toda su carrera. Y no tiene biopic porque la chica que la iba a protagonizar revolucionó al país enseñando un pezón en un partido de fútbol norteamericano. Con esa peli, tendríamos su trayectoria algo más clara.
Un detalle importante es que Horne, dentro de esa extensa trayectoria televisiva que decíamos, tiene experiencia teleñeca. Había cantado con Gustavo en Barrio Sésamo una versión primigenia de No es fácil ser verde. Estamos ante otro invitado al que no hacía falta insistir mucho para convencer. Su soltura entre peluches se luce en pantalla, y el primer plano en el que aparece, da la impresión de que se encuentra en un baño de espuma, con las burbujas sustituidas por muñecos.

Playmate 1954
Empieza el programa con un invento español: un número musical íntegramente protagonizado por fregonas. “Un espectáculo descubierto por George, nuestro bedel”, presenta Gustavo. Tal vez es una broma interna, porque a estas alturas, los titiriteros llevaban todos unas melenas de cuidado. Seguro que el guionista disfrutó colándoles a los jipis un chiste sobre jipis. “Estos números sólo se ven una vez en la vida”, dice el anciano Statler, desde el balcón. “Si tienes suerte”, remacha Waldorf.

El jipismo y la limpieza, asombrosamente, en una sola imagen.
En bambalinas, Piggy le pregunta a Gustavo que cómo es que han suspendido su canción. “Es que tenemos a Lena Horne”, le responde Gustavo, “y hay cantantes y cantantes”. Piggy lee inmediatamente la situación: “claro, no quieres que la deje en evidencia”. El retrato de las ínfulas de la gente de escena culmina con un beso de agradecimiento, antes de que hagan un chiste visual de “Señorita Horne” (trompeta) y doña Lena salga a escena a cantar Yo me he hecho un nombre en un andén solitario. El conjunto cartón piedra tiene un regusto a Lo que el viento se llevó versión ferrocarril, y el baúl de equipaje se explica porque hay que ocultar a cinco titiriteros, y sus respectivas melenas.

A dios pongo por testigo.
En bambalinas, Piggy le confiesa a Gustavo que su detallazo con Horne le ha disparado su amor y le pide que le bese. Gustavo le rompe el corazón, y Piggy sobreactúa su disgusto, justo a tiempo para el telediario y una señora que sólo ha comido algas los últimos diez años (Horne), seguido del baile de one-liners que tan pocas veces nos saca una sonrisa. En la tradición del programa, termina con una explosión.
Interludio: Rowlf al piano y Zoot al saxo interpretan el tema principal de West Side Story (cinta que en Latinoamérica se conoce como Amor sin barreras). Acaban a lágrima tendida.
Fozzie saca otro recelo de estrella. Si Piggy antes lamentaba que su actuación hubiera sido eliminada por una invitada, ahora es Fozzie el que se queja amargamente de que la invitada sólo se relaciona con Gustavo, y que él se merece que le reconozcan como a una estrella. Lena reconoce a Fozzie, pero Fozzie no reconoce a Lena. Lo que completa el retablo de una manera, digamos, muy naturalista. Como la vida misma.

- Va a actuar Lena Horne
- ¡No jodas! ¿Te vas a quedar a verla?
- Eh… sí, me temo que sí.
Al rescate el Chef sueco, que va a preparar unos espaguetis que se mueven, recordando otra vez a una melena jipi. Acaba saltándole al cuello al cocinero para acabar estrangulándolo. El jipi asesino es una situación que les explicaremos en detalle en el futuro. Por ahora, permítanme pasar de puntillas.
Sobre el escenario, Gustavo presenta con admiración el siguiente número de Gonzo que, dice él, “tendrá final sorpresa”. Lo dice según oculta un globo hinchado, así que no hay que sumar mucho. Animal entra en escena y le revienta el globo a sus espaldas, con lo que Gonzo es despedido con abucheos. En bambalinas, Horne le explica a Gonzo que el mundo del espectáculo es muy duro, que requiere trabajo, y ya calentita, le canta Me alegro de que existas a dúo. Horne tiene el detalle de llevar un vestido a juego con los colores del propio Gonzo, sugiriendo que deberíamos llevar ropa de la tonalidad de la piel de la persona con la que vamos a cantar. Bajo estas directrices, el videoclip de Ebony and Ivory, y su nada sutil interracialidad, habría cambiado bastante.

Respete a las razas vistiendo de una manera cromáticamente acorde.
Es un consejo del ministerio de estética integradora.
En otro extremo de los camerinos, Gopher y Gustavo hablan del número eliminado de Piggy, y luego Gopher le cuenta la verdad a la cerdita. La cosa se salda con dos golpes de karate, uno de ellos a la entrepierna. Mientras, Gustavo presenta a Fozzie, que establece un diálogo fluido con los ancianos saboteadores desde el primer minuto. Su número consiste primero en un homenaje a los actores japoneses y luego en un tributo a Marcel Marceau, que por lo visto no era mimo sino equilibrista y todos hemos estado engañados durante años.

Estos sabotajes convirtieron a los abuelos en una leyenda.
Aparece a escena un chiste difícilmente traducible. Horne: “could you help me to find my key?”. Animal le da un martillazo en el pie a la invitada. Horne grita. Animal: “B flat” O sea, sí bemol. Entre cajas, Gustavo intenta hacerle ver a Piggy su posición al eliminar su actuación: “en ocasiones, la verdad duele”. Piggy decide mostrarle a Gustavo qué es el dolor. Por el método de la patada. Horne, en escena, canta el tema “Canta” de Barrio Sésamo. Como Gustavo es el personaje de enlace entre ambos programas, está bien visible en escena.
Hora de cerrar. Horne sale a despedirse, y a decirle a Gustavo que ha oído cantara Peggy y que debería incluirla en futuros programas. Gustavo accede, y Piggy salta a besarlo y a manosearlo. Como no salen de la horizontal, el programa lo despide una anciana de peluche.

Porno blando. Ustedes ya me entienden.
En el balcón, Statler despierta a Waldorf. Le entendemos: también nosotros nos hemos dormido. Las estrellas que se hacen las buenas cediendo paso a las aspirantes… no interesan. La bondad no entra en los telediarios. Aquí hemos venido a lo que hemos venido.

Zzz.
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