
Tal vez es en Bannon, New Mexico, donde se inicia el killing spree de Mickey y Mallory Knox. ¿Alguien recuerda? No importa realmente, pero debería ser ahí. Bannon, New Mexico, y su Main Street con tres bares, dos iglesias, la alcaldía, la tienda de abarrotes y la barbería. Bannon, New Mexico, y su estación radiofónica a dos kilómetros del pueblo que transmite en directo para todo Horseradish County.

Y bajo la estación, cien metros bajo tierra y protegido por sofisticadas medidas de seguridad, un laboratorio clasificado parte de una iniciativa privada donde acaba de ocurrir una sorpresiva explosión.

Con poco tiempo, veintenas de personas bajo los escombros (incluyendo a dos candidatos para el premio Nobel de física) y una peligrosa fuga de ácido que amenaza con contaminar el río y poner en peligro el agua potable de todo el estado, sólo queda una esperanza.

Todo es una excusa, por supuesto, para permitir a MacGyver hacer su show. El piloto pretende ofrecer una visión global de la serie, o al menos de sus intenciones. El propósito del piloto no es sólo entretenernos, sino convencernos de que -de tener dinero- invertiríamos en la serie, la presentaríamos en nuestro canal, la adoptaríamos como parte de nuestro arsenal de productos idiotizantes que enmarcan las campañas comerciales de todas esas compañías poderosas que confían en nosotros, en nuestra capacidad de mantener a nuestros espectadores enganchados, incapaces de cambiar de canal, rendidos al poder hipnótico de nuestras reputadas series. Si la televisión es tramposa por naturaleza, el piloto debe ser doblemente tramposo pues le corresponde seducir al espectador al tiempo que al inversionista apostador. Cuarenta minutos que lo deciden todo y -por ende- deberían contenerlo todo.

Por eso no debe sorprendernos que Dana Elcar aparezca en el piloto y que en su papel como un tal Andy Kolsen, el encargado de seguridad de la base ultrasecreta subterranea, prefigure su papel como Pete, el jefe de MacGyver en la fundación Phoenix. Y tampoco debe sorprendernos que MacGyver, tras ser presentado como un héroe, al final nos demuestre su dualidad moral al permitir que the ultimate doomsday weapon sea desarrollada.

Es perturbadora la historia, si uno la piensa: un científico trabaja en cierto asunto, algo que tiene que ver con reacciones en la capa de ozono, y descubre que sus investigaciones serán utilizadas por esta compañía privada para desarrollar un arma que abre agujeros en la capa de ozono -la conjura ecologista ochentera por excelencia-. Conciente del riesgo que esto implica, el viejo decide invitar a su colega inglés -el único otro especialista en el tema- y hace estallar una bomba dentro de su laboratorio para no sólo destruir los datos de sus investigaciones sino la posibilidad de que sea posible reconstruirlas. Su propósito es suicidarse junto a su trabajo, pero no lo logra: sobrevive a la explosión, junto a su amigo inglés, y MacGyver logra encontrar una manera de llegar donde se encuentra. De nada sirve explicarle sus motivaciones, nada de eso importa, MacGyver los salva y -al salvarlos- también salva la posibilidad de crear the ultimate doomsday weapon. Y luego se queda tan orondo.

Y hay romance, claro. Y ridículas hombreras retrofuturistas. Y lasers. Y clave morse. Y trucos hidráudicos. Y amenazantes misiles. Y también ingeniosos usos del chocolate en barra. Pero todo eso palidece ante la declaración política del primer episodio y la reacción de MacGyver -¡impasible!- al refrendarla. Atrás quedan las épocas cuando los héroes salvaban al mundo. Ahora los héroes salvan las armas que lo destruirán. MacGyver no es un héroe institucional al servicio de un pueblo o una causa, sino un mercenario al servicio de los intereses de una megacorporación psicótica.
Un buen paladín, ciertamente, para los tiempos que se avecinan.
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January 14th, 2008 a las 4:12 pm
Este blog ha sido incluído en el ranking de La caja plana, en el que están los mejores blogs sobre televisión.
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carlos chima :
January 25th, 2008 a las 6:45 am
saludos javier desde colombia en los llanos un loriquero que estudio contigo en “las monjas” me alegra que estes bien y saber de ti en internet
ibrahim :
May 19th, 2008 a las 11:44 pm
Al repasar el episodio, me he fijado en un detalle que no me explico cómo ha podido pasar desapercibido en el análisis.
Ese detalle es que la dirección del capítulo está acreditada a Alan Smithee, conocido pseudónimo tras el que se oculta cualquier director que no quiera ver su nombre relacionado con el producto en cuestión. Eso sí que es una declaración de intenciones.