Buenos días, Sr. Briggs. El General Río Dominguez, dictador de Santa Costa, tiene su cuartel general en el Hotel Nacionale. Hemos sabido que dos cabezas nucleares proporcionadas a Santa Costa por una potencia enemiga se hallan en la cámara del hotel. Su uso es inminente. Sr. Briggs, su misión, si decide aceptarla, será sacar los dos artefactos nucleares de Santa Costa. Como siempre, tiene carta blanca en cuanto a método y personal. Pero, por supuesto, si usted o alguno de los suyos fuera asesinado o capturado, el secretario negará todo conocimiento de sus actos. Como siempre, esta grabación se autodestruirá un minuto después de romper el sello. Ah. Bienvenido otra vez, Dan. Ha pasado mucho tiempo.
En octubre de 1962 la Guerra Fría alcanzaba su máxima temperatura y el mundo se preparaba para el Apocalipsis definitivo. La crisis de los misiles de Cuba plantaba unas cuantas cabezas nucleares a tres palmos costeros del Imperio y la cuenta atrás parecía inminente. Cuatro años más tarde, el 23 de septiembre de 1966, el suceso ya era pasto de la pop culture y servía de inspiración para el episodio piloto de Misión Imposible (MI), la gran apuesta de la CBS y la productora Desilu de Lucille Ball (que se la jugaba con ésta y Star Trek, detalle que no hay que dejar en saco roto sino en el dossier de cosas a recuperar en el futuro).
El hecho pulp obliga a ficcionar la realidad. Así, Cuba se convierte en Santa Costa, inexistente isla de los archipiélagos caribeños situada al sur de Haití - Santo Domingo. Y Fidel Castro en el General Río Dominguez. El componente bananero aumenta si tenemos en cuenta que las cabezas nucleares se ocultan en la caja de seguridad de un hotel de la isla. No se dejen llevar por la estulticia racionalista. Este hecho no merece un jajá sino que hay que situarlo donde corresponde: en 1966 la concepción de Atómica conlleva proximidad. La amenaza es tan cercana que incluso aguarda al turismo en los hoteles. Por otro lado, no debemos olvidar que, de todos los espacios físicos posibles, es el Hotel el que más se ajusta a la definición de habitat natural del espía.

MI es una serie revolucionaria. En su momento, lo nunca visto en televisión. Como serie de espías quiere desmarcarse de la despreocupada estética pop imperante (aunque, vista en 2007, se reconoce hija de su tiempo). Como serie de televisión es radical en su ruptura de la tradición autoimpuesta por cadenas y productoras. Bruce Geller, creador, productor y guionista del piloto, gustaba de afirmar que MI no responde a un qué sino a un cómo. Todo, en este piloto, subraya esa filosofía. El perfil de los personajes es mínimo (¡y es un piloto!); todo gira alrededor de la construcción del mecano y el desarrollo de la planificación establecida, que no diremos inmutable porque en la propia metodología imposible el problema imprevisto a solucionar sobre la marcha es elemento indispensable para alargar la tensión del espectador.

Cambiar la pregunta subyacente que engancha al televidente comporta cambios de formato. El qué exige diálogos, el cómo imágenes. Los cincuenta minutos del episodio piloto requieren, únicamente, 300 líneas de diálogo. Apenas un centenar más que los rótulos de un filme mudo y bastante menos que cualquier otra serie. Para que se hagan a la idea: un episodio de Star Trek tiene unas 600 líneas de diálogo, uno de la quinta temporada de Los Vengadores 500, uno de Lost también 500. Y todo ello sin tener en cuenta que aquí la mayoría de diálogos son secos y escuetos. Desde el punto de vista de historia de la televisión, MI es pionera en la concepción de la serie televisiva de ficción como festival puro de la imagen sobre la palabra.
Visualmente el paso de qué al cómo también exige cambios. MI es un canto de amor al plano detalle, al montaje trepidante y a la tensión sonora (silencios, cómo no, incluidos). Rostros concentrados, manos que hacen cosas (una difícil especialidad actoral hoy sacrificada), objetos, coreografías matemáticas en el tránsito de personajes de un lugar a otro, miradas de complicidad y redobles de tambores estirados hasta la eternidad. ¿Ustedes han visto jugar a un niño? A partir de los 3-4 años introducen en sus juegos un elemento adquirido de la televisión: la banda sonora. Un tachán tachán de emoción y suspense alargado hasta el final del juego. Pues bien, MI marca el culmen supremo en ese aspecto y el piloto da gloria escucharlo, con Schifrin sincopando escenas de suspense que se suceden sin tregua. La emoción y el suspense entran por esa vía en el reino de lo cerebral (que también lo es de la imaginación, aunque muchos se despisten).

De hecho, MI toma dos referentes fílmicos extraños (y confesos): Topkapi (Jules Dassin, 1964) y The Ipcress File (Sidney J Furie, 1965). La primera aúna comedia y acción para describir al detalle el robo (imposible, exótico y funambulista) de una daga con diamantes del museo de la ciudad otomana que le da título. La segunda es una fría (gélida) película de agentes secretos británicos a ritmo del John Barry más cool, primera aventura de Harry Palmer llevada al cine y primer gran éxito de Michael Caine. Ambas tienen en común la complejidad de los hechos a narrar. Ambas priorizan el cómo ante el qué, aunque desde perspectivas tan diferentes como complementarias. Y ambas son inmediatas a MI, que se revela así de una modernidad contextual aplastante.
Modernidad y complejidad; no extraña, pues, la perplejidad con que los directivos de la CBS acogieron el piloto. Algunos de ellos confesaron no entenderlo, pero aún así la apuesta de Desilu por Bruce Geller (fichado a golpe de talonario tras el éxito de sus dos temporadas en Rawhide, donde había trasladado lo aprendido con Sam Peckimpah en The Westerner) era tal que dieron luz verde (y desestimaron la alternativa: una serie detectivesca a cargo de Robert Altman que seguro hubiera sido un sopor). Hubo otro elemento que desarmó a unos mandamases televisivos que respondían a un perfil diferente al actual, unos mandamases que eran tipos orondos que fumaban en puro y no se preocupaban de entender lo que veían, sino de entretenerse con ello. A partir de ahí les daba un poco igual si no les tocabas los cojones con el dinero. De hecho, MI estaba pensada para su emisión el sábado por la noche, siendo su gran rival La Película del Sábado que programaba la NBC (bueno, y también emular el éxito que esa misma cadena se había apuntado, en otro día de la semana, con The Man from UNCLE). La lógica implicaba que MI fuera algo completamente diferente, capaz de concentrar en 50 minutos la emoción de una película de acción moderna. Modernidad y complejidad: un producto televisivo que parte de un alumno aventajado de Peckimpah, se inspira en el desarrollo fílmico (entonces) reciente de complejas tramas imposibles y que acabará, décadas depués, por ser adaptada al cine con las firmas de De Palma, Woo y Abrams. ¿No ven en ello un acto de casual, o no, justicia?
Ah. Por cierto. Antes de irme por las ramas les comentaba la existencia de un elemento que desarmaba a los productores: el final. Abrupto y sin epílogo. Los miembros de Mission Impossible Force (IMF) salen por patas del hotel (con Willie Armitage cargando con las dos bombas atómicas); subidos en un par de vehiculos (nada espectaculares) rompen un par de barreras, alcanzan una avioneta y alzan el vuelo. Tan sólo una máscara abandonada en la pista dejará prueba de su paso por Santa Costa. Fin. No hay epílogo. La montaña rusa frena de golpe. El descenso, el eterrizaje tras una imparable cuesta de emociones, no existe, o mejor, se deja en manos del espectador. No pertoca a la serie. Rompería sus principios. El chiste tonto de relax, el diálogo final y complice entre los miembros del equipo no es que sea extirpado, es que ni se contempla. No existe. Esa es la filosfía de MI. Subir a lo más alto y dejarte, como espectador, ahí tirado. El paracaidas lo llevas puesto de casa, no te lo suministran ellos, y pobre de ti si lo olvidas.
No quisiera que pasaran por alto el plano final de la máscara, sin duda de lo mejor del episodio (y que lo mejor esté en el último segundo es siempre fuente de maravilla en el recuerdo); no ya porque firmar con una máscara la mascarada representada ante el televidente sea detalle de clase y buen gusto, no, sino porque pocas cosas hay tan simbólicas como una máscara. Piensen en ello: la imagen de cierre es un abandonado rostro (falso, usado y de látex) del agente Dan Briggs. Hay un algo de mensaje subliminal ahí, una especie de advertencia sobre lo oculto y lo falsario: en MI aunque veas a Dan Briggs y creas que es Dan Briggs, puede no serlo. Un mensaje que trasladado de la ficción pop a la realidad forja el carácter conspiranoico necesario en todo el subgénero de los agentes secretos. Porque doy por supuesto que ustedes son conscientes de que la hoy establecida y (pos)moderna conspiranoia como forma de entender la realidad tiene en los agentes secretos de los años 60 su fundacional antecedente inmediato.

Les dije en el post piloto que MI pedía a gritos un análisis metódico y estructural. La propia concepción formal de la matemática argumental sobre la que se cimenta obliga a ello, a dedicar varios apartados a la repetición semana tras semana de unos mismos bloques y elementos. La repetición, de por sí, es siempre más virtud que demérito. Es casi un asunto moral reconocerlo, y más en un proyecto como Elitevisión. Si la repetición es virtud, sus variaciones son la salsa a analizar al detalle. Diré más: una serie que hace del primer plano y el plano detalle su esqueleto debe ser analizada en ese mismo contexto formal. Quédense con la política de bloques de hoy porque aquí se asientan algunas de las cosas sobre las que hablaremos largo y tendido los próximos años.
1. La contraseña

Desde que los Hermanos Marx inmortalizaron (en Plumas de Caballo) la contraseña universal Pez Espada, el diálogo secreto que todo agente… secreto… establece con su contacto forma parte de una liturgia con visos de absurdidad pop. Bueno, en realidad no sólo estamos ante una liturgia pop. ¿Se han preguntado ustedes qué proceso lleva a las fuerzas policiales a bautizar como Operación Katana una redada contra la piratería cultural practicada por chinos (malandrines)? ¿O, ya que estamos con los Marx, bautizar como Operación Más Madera una intervención contra el narcotráfico gallego?
En MI esa liturgia es una de las pocas concesiones voluntarias e iniciales al mito pop del agente secreto. Un santo y seña que, además, es paso previo e inmediato a la cinta que se autodestruirá en segundos. En el episodio piloto el lugar donde se produce el intercambio secreto de información es una extraña tienda de vinilos para melómanos coleccionistas a la que llega, vía montacargas, el agente Dan Briggs:
-Busco un disco especial. Serie de coleccionista.
-¿Qué disco busca exactamente?
-Pavane in G, de Ernest Vone y la Orquesta Pansinfónica. 1963.
Es el primer diálogo de MI. Lo primero que van a escuchar los espectadores de la nueva serie y toda una declaración de intenciones encubierta. De Pez Espada a Pavane in G, de Ernest Vone y la Orquesta Pansinfónica. 1963 hay un trecho enorme y un salto cualitativo cargado de intenciones. Tan sólo un apunte para que mediten: ¿Qué coño es una Orquesta Pansinfónica? La etimología del prefijo griego pan significa todo, sí, de ahí pandemonio o panteista, pero la búsqueda en Google de orquesta pansinfónica devuelve… ¡cero resultados! (hasta hoy, snif) ¿Existe en la actualidad algo más moderno y novedoso que lo que implica ese resultado en la Biblia online del siglo XXI? Su aplicación, pues, como contraseña resulta idóneo, perfecto, único. Y sobre el uso casi subliminal del año 1963… un TuTubo vale más que mil palabras.
2. Contenido y Continente: El soporte autodestruible y su mensaje.
Utilizar el prefijo auto no es del todo correcto: no siempre será así, pero sí hoy. Y aunque la reducción propia de la mitificación se refiere siempre a cintas (de magnetofón), lo cierto es que hay variedad. En esta ocasión un vinilo, objeto hoy puro vintage que se resiste a serlo (además de reivindicable) pero entonces más común que la propia cinta (que casi era tecnología punta). Eso sí, lo que no es común es que el vinilo humée y se derrita tras el mensaje.
Respecto a éste, el contenido del continente, el mensaje que resume e introduce la misión (un novedoso y genial recurso narrativo), forja tres elementos a repetir e incluye una primera y excepcional variación. Los elementos reiterados a destacar son:
a/ el carácter voluntario de la misión:
‘su misión, si decide aceptarla…’
b/ la libertad operativa:
“Como siempre, tiene carta blanca en cuanto a método y personal.”
y c/ las consecuencias del fracaso, expresadas con el contundente
“si usted o alguno de los suyos fuera asesinado o capturado, el secretario negará todo conocimiento de sus actos”.
Secretario, en términos gubernamentales usacas es sinónimo de Ministro. Y lo que se desprende de todo ello es que nos hallamos ante una serie protagonizada por las cloacas del Estado. La Mission Impossible Force (IMF) es, sencillamente, un equivalente a nuestro GAL, pero internacionalizado (por algo compete al Imperio) y muy alejado de la pachanga improvisada y sin planificar inherentes a la españolidad. El mismo concepto de cloaca del estado (democrático) comporta contradicción, trampa y perversión del Sistema (a la vez que necesidad para su mantenimiento ilegal a bajo coste). No hay control sobre acciones impulsadas por el poder ejecutivo a través de un operativo secreto que utilizará cualquier medio a cambio de resultados. Para la IMF matar moscas a cañonazos sería la opción más válida si no fuera tan ruidosa. El fin justifica los medios (discretos).
Una de las características de MI es el absoluto desprecio, o mejor, rácana dosificación en cuentagotas de la información, siempre reducida a una mínima expresión, seguramente porque los agentes secretos trafican con ella y saben que vale su peso en oro. El espectador nunca sabrá qué es exactamente la IMF y por eso es necesario acudir a lo poco que se suministra a lo largo de la serie. El mensaje inicial condensa el qué despreciable por filosofía. Apenas unos segundos de explicación para dar paso al cómo que todo lo ocupa, (el pancomo, ya que antes hablábamos de pansinfonías). Y les avisaba que en este primer mensaje se encuentra un elemento extraño del que uno no se percata de inmediato: la despedida.
“Ah. Bienvenido otra vez, Dan. Ha pasado mucho tiempo.”
Todo un rara avis en el futuro devenir de la serie, más cuando la vida privada de los miembros del equipo de Misiones Imposibles carece de interés. Una despedida que abre incógnitas nunca resueltas, y más cuando, en la segunda temporada, el cambio del agentre Briggs al agente Phelps se resuelve… sin resolver. Nada se explicará respecto al cambio de jefe de la IMF.
3. La selección del equipo.
El agente Briggs, copa en mano, selecciona expedientes personales. Los miembros fijos se repetirán semana tras semana: la modelo Cinnamon Carter, Barney Collier y Willy Armitage. La primera es agente de campo, los otros dos de apoyo logístico. El concepto de la IMF incluye los agentes esporádicos, en esta ocasión dos: Rollin Hand y Terry Targo. Hand es el hombre de las mil caras interpretado por Martin Landau, en un principio contratado sólo para aparecer en algunos episodios, con carácter esporádico, pero que la propia dinámica interna del rodaje convertirá en protagonista (ya hablaré sobre ello en el futuro). El segundo, Terry Targo (interpretado por Wally Cox), un exconvicto especialista en reventar cajas fuertes y depósitos de seguridad. Su carácter de delincuente reconvertido en agente secreto revela, de nuevo, el carácter de cloaca del estado que es la IMF.






4. La reunión previa.
De nuevo, la dosificación de la información se hace evidente. La reunión previa es el tercer bloque, tan mínimo como los dos anteriores: los tres se concentran en los cinco primeros minutos del episodio. El objeto de la reunión previa, planificativa y localizada en un domicilio del agente Briggs (cosa que implica la no existencia de un cuartel general) es establecer, de manera veloz y parcialmente críptica, los cometidos de cada miembro del equipo. El plan no se detalla, sólo se apunta con un mínimo de información (que es poder) que permita al espectador seguir el hilo del (pan)cómo. Un detalle llama la atención en esta primera reunión: los agentes de IMF juegan al póker mientras esperan la llegada del jefe. Al menos un par de ellos hacen trampas. Puede parecer una tontería, pero no lo es. ¿Qué héroe hace trampas en el juego a sus propios compañeros? MI no lleva ni cinco minutos de vida catódica y ya lo ha dicho todo en la desmitificación del héroe, una de sus filosofías recurrentes de fondo.

5. El Plan Imposible.
Entrar en la cámara de seguridad del hotel y llevarse las cabezas nuclares. ¿Cómo? Con diversas identidades falsas y por separado llegarán al (atómico) hotel de Santa Costa. El fortachón Willie introducirá a Targo, a pulso, oculto en una maleta. Se secuestrará al General Río Domínguez y se le obligará a confesar la clave para abrir las bombas. Rollin Hand lo suplantará, y para evitar un previsto discurso televisado, Collier provocará interferencias de onda que lo imposibiliten. Cinamon lucirá palmito pasillo arriba, pasillo abajo, atrayendo hacia su cuerpo serrano todas las miradas. Dan Briggs andará por allí, dirigiendo la función en directo.

6. El contratiempo.
Durante el secuestro del general Río, Targo, el especialista en cajas fuertes, sufre la rotura de todos los dedos de sus manos.

7. La solución imprevista.
El Agente Briggs entrará a la cámara en lugar de Targo. En la otra maleta Willie llevará al general Río Dominguez (así se gana tiempo: confesará la clave dentro de la cámara). Rollin Hand no sólo suplantará al dictador bananero, también al agente Briggs, cuya presencia física también es necesaria fuera (e imposible: está en la cámara de seguridad). Y eso sin contar que llega al hotel como el anciano y parapléjico Sr. Lanier.
“Rollin, te ha tocado el sueño de todo actor.Un papel triple: el Sr. Lanier, Dominguez… y yo”
le comenta Dan Briggs. Curioso: el teórico actor protagonista (Steven Hill) reconoce implícitamente, a través de su personaje, que el verdadero protagonista es Martin Landau.

8. Los villanos.
En toda serie de agentes secretos el análisis del M.A.L. resulta tan sugerente como necesario. El villano, a menudo archivillano, representaba de manera icónicamente pop aquellos perfiles a eliminar para el bienestar de la sociedad democrática borderline. Además, acercándonos a dinámicas actuales, es perceptible que la figura del político y/o terrorista tiende a emparentarse mediáticamente (vía foros, blogs o tertulias radiodifusas) con los supervillanos (Bin Laden, Bush Jr, Putin, Chavez, ZP o Aznar, por poner unos ejemplos sin importancia). Por ello este tipo de análisis es necesario.
Resulta difícil, en esta ocasión, definir al General Río Dominguez: La mayor parte de sus apariciones son, en realidad, de Rollin Hand suplantándole. Físicamente, el general entronca cláramente en el modelo de sátrapa latinoamericano poco amigo de la higiene personal. Una visión icónicamente incorrecta del bolivarismo dictatorial: feo, índio, guarro y taimado. Tampoco resulta muy valiente: confesará rápido la clave de obertura de las cabezas nucleares tras un leve intento de compra del agente Briggs. En esta ocasión MI se desentiende del villano una vez cumplida la misión. Se supone que lo dejan abandonado dentro de la caja fuerte que servía de acomodo a las cabezas nucleares, con riesgo de asfixia palpable (como se han encargado de mentar en repetidas ocasiones) y traicionando así el pacto por el cual ha confesado las claves de obertura. Pero todo esto es tácito, no se muestra, el espectador debe suponerlo. Por cierto, el villano tiene un acólito moscón, Alicio, su jefe de seguridad personal, siempre con la mosca tras la oreja.


9. Los Gadgets
Intrínsecos a todo agente secreto y, por tanto, inexcusables en este análisis. Por voluntad propia, MI rehuye la sofisticación del gadget, aunque según pasen los episodios y las temporadas resulte cada vez más difícil escapar del icono del artilugio moderno e imposible. De hecho, la consigna en el terreno de los complementos para espías fue que sean reales. Así, el gadget más fantasioso que aparece en este primer episodio es el vinilo humeante que se autodestruye al principio. El resto son poco glamurosos: las máscaras de Rollind Hand, el aparato de interferencias televisivas de Collier, el instrumental para abrir cajas fuertes de Targo y el cañón de hielo seco para fabricar niebla utilizado en la huida, tan cutre como real y muy alejado del complemento trasero de un Aston Martin o similar. De hecho, el desprecio (inicial) hacia el gadget cool llega al extremo de incluir en el arsenal la clásica jaula con ratones para sembrar el pánico en la recepción del hotel (atómico).
10. La Frase.
“Me da igual dónde exploten estas bombas, General, pero nunca en mi país.”
Agente Dan Briggs
11. El detalle.
En el tiroteo final, durante la huida, el agente Dan Briggs dispara primero. No es un detalle nímio: El héroe nunca dispara primero. Es bastante probable que MI fuera la primera serie de televisión en incorporar el nuevo icono pop del héroe amoral (o inmoral, o antihéroe, ustedes mismos, yo me lío). Un tipo de protagonista que no viste de blanco y que aún estaba por explotar definitivamente a lo largo de los primeros 70s.
12. The Peter Lupus Sentence-Count = 2
Supongo que me permitirán este pequeño pasatiempo lúdico que consistirá en ir contando, episodio tras episodio, todas las frases que salen de la boca del fortachón Willy Armitage, interpretado por Peter Lupus. En este primer episodio, con el contador a cero, tan sólo mantiene un diálogo de dos frases, situado en el minuto 12. Concretamente:
- Tres, por color
- Una sí, un poco
13. Concluyendos.
Tras la emisión del piloto, el crítico de The New York Times alabó la narrativa visual:
“En todo momento se sabe qué están haciendo”.
En cambio, el crítico de Variety arremetió contra MI:
“Lo peor es que no permite que el espectador conozca a los personajes, y así le da igual lo que les pase”.
El cómo contra el qué. Aunque ninguno de los dos aventuraba el éxito.
El episodio piloto es fantástico como declaración de intenciones. El delirio pulp existe pero se muestra contenido. Formalmente es conciso y trepidante, a la par que novedoso. Moralmente es sorprendente: nunca unos héroes de acción televisiva tuvieron un fondo ideológicamente tan oscuro. De todas formas, lo mejor estaba aún por llegar.
14. Ficha Técnica del episodio
Guión: Bruce Geller
Dirección: Bernard L. Kowalski
Banda sonora: Lalo Schifrin
Actores invitados: Martin Landau (Rollin Hand / General Río Dominguez / Sr. Lanier); Wally Cox (Terry Targo); Harry Davis (Alicio).
15. Top Secret
Nota: Las citas de The New York Times y Variety han sido extraídas de The Complete Mission: Impossible Dossier de Patrick J. White (Boxtree, 1996). Algunos fragmentos del citado libro también han servido de apoyo documental.
Creado con WordPress por eunice szpillman - Elitevisión (cc) 2007 - contacto(en)elitevision.tv
November 13th, 2007 a las 12:44 pm
No recordaba lo bueno que estaba Martin Landau! Fantástica entrada, enhorabuena. La cuestión es que, aunque esta gente siempre ganaba, era tan cautivadora la misión (la manera de resolverla) que te daba igual conocer más o menos a los personajes y sentir o no que estaban en peligro. Seguramente por haber sido una serie tan visual, yo, que era una cría, no me perdía ni un capítulo. Del macguffin seguramente no entendía nada, pero a mí todas esas entradas y salidas y todo eso de las máscaras me tenía embelesada.
Raul Sensato :
November 13th, 2007 a las 12:52 pm
Lord Absence, ha estado usted MUY grande.
Alvy Singer :
November 13th, 2007 a las 3:40 pm
He de admitir que en cantidad de datos ha superado usted a cualquiera de la élite. Y más le digo, Absence: su sistemática estructura, como si se tratara de otra organización spy, es bastante imitable y valorable.
Crazy! :
November 13th, 2007 a las 3:46 pm
Grande la serie y grande su análisis. La verdad es que es una pena que series como esta, atada a un esqueleto estructural cuasi inamovible pero que logra sacar oro puro del poco margen que su estructura le deja, hayan pasado a la historia. Es la prueba de que autolimitándose se pueden conseguir el más magnífico de los resultados.
Absence :
November 13th, 2007 a las 3:49 pm
Gracias por lo parabienes. Lo cierto es que he procurado meter toda la carne en el asador.
Y sí, don Alvy, considero que una serie de agenets secretos pide a gritos este tipo de analisis estructural, y más cuando se repite semana a semana.
Jonatan Sark :
November 13th, 2007 a las 5:24 pm
¡¡¡Pongame a sus pies y los de su señora!!!
Aura :
November 13th, 2007 a las 6:09 pm
Waw. Usted pertenece a otra liga sr. Absence.
Doctor Mentalo :
November 13th, 2007 a las 6:35 pm
Magnífico. Sólo será superado por el análisis de mi primer capítulo.
Absence :
November 13th, 2007 a las 6:37 pm
¡Ese es el espíritu, Mentalo!
Raul Sensato :
November 13th, 2007 a las 8:59 pm
Reafirmando su juicio googleante sobre la calidad de las contraseñas, la búsqueda en ingles de orquesta pansinfónica solo ofrece UN resultado (esto se llama Googlewhack)… y es precisamente el subtítulo de este capítulo de MI:
http://www.google.es/search?q=pansymphonic+orchestra
Absence :
November 13th, 2007 a las 9:20 pm
Fantástico aporte, don Raúl. Veremos si las próximas contraseñas son tan fantásticas como esta.
Señor Toldo :
November 13th, 2007 a las 11:56 pm
Inquietante lo de la contraseña, sí señor.
Y, sobre el post, qué decir, le entran a uno ganas de retirarse no sin quitarse el sombrero antes, claro!
John Tones :
November 22nd, 2007 a las 2:23 am
Soberbio, señor mío. Estoy deseando saber qué pasará cuando lleve usted decenas de post de estructura idéntica, y los vayamos asimilando poco a poco. ¿Nos transformará el físico? ¿El psíquico? ¿Ambos?
mamamol :
December 25th, 2008 a las 12:08 pm
excelente todo lo de la serie.quien me dice como puedo conseguir el audio de “esta mision si decides……”