El Cuento de Navidad de Charles Dickens ha sido, de toda la vida, campo de cultivo para todo tipo de adaptación o parodia televisiva, ya sea en forma de telefilme o como especial navideño de alguna serie en cuestión. La historia acerca de cómo tres fantasmas enseñan al malhumorado señor Scrooge el valor de la Navidad en forma de visiones sobre su pasado, presente y futuro encierra más de uno y más de dos valores tradicionales que, obviamente, son explotados en la adaptación de turno para gusto (o disgusto por saturación) del espectador navideño.
Black Adder no podía ser menos y dedica un especial navideño a aplicar su fórmula sobre el relato de Dickens. Respetando la esencia de la serie, en la que siempre hay un miembro del clan Blackadder en cada época clave de la historia británica, era casi obligado introducirse en la obra de uno de sus más famosos escritores y, por supuesto, retorcerla y desvirtuarla hasta invertir por completo su mensaje.
La inversión es la clave de este episodio. Pese a que las temporadas de The Black Adder se van superando a sí mismas en cinismo, crueldad e irreverencia, superar la genuina e icónica maldad antinavideña de Ebenezer Scrooge se hace un reto casi imposible de superar. La conclusión es lógica: Ebenezer Blackadder, lejos de emular a sus ancestros y sucesores, es una persona buena.
Esto puede despistar un poco al seguidor de la serie, que espera un Cuento de Navidad desfasado y repleto de las mejores puyas que el personaje de Rowan Atkinson es capaz de soltar a lo largo de las cuatro temporadas. Blackadder ha pasado de ser un cabroncete carismático que siempre ve frustradas sus intentonas de prosperar a convertirse en una triste sombra de eso mismo: sus ataques a su sirviente Baldrick se tiñen ahora de una especie de buenrrollismo enfermizo que patetiza a ambos personajes. En Ebenezer Blackadder hay todavía un resquicio de la maldad que muestra su linaje, pero es demasiado ingenuo como para darse cuenta de ello.
Sobra decir que el Cuento de Navidad no es en absoluto respetado, algo ya evidente en la propia concepción del protagonista como lo opuesto a Scrooge, pero que se ratifica en una primera mitad consistente en hacernos ver cómo los vecinos y familiares de Blackadder, e incluso la Reina Victoria y su consorte, abusan de su generosidad para despojarle de todo lo que tenía preparado para festejar la Navidad. Otra inversión, por cierto, que es claro referente del espíritu de la serie: las cosas no son siempre como nos las cuentan en los libros, y además, es muy probable que tengan un origen o desarrollo mucho más absurdo de lo que parece. Si en la serie se dedican a demoler la Historia tal y como la conocemos, en Cuento de Navidad el objetivo es parecido. Pero ya hablaremos de eso un poco más abajo.
Resignado y desvalijado, Ebenezer Blackadder se dispone a acostarse cuando Baldrick menciona de pasada la visita de un espectro que anuncia la visita de los tres fantasmas. Lo que en la obra actuaba de punto de inflexión al introducir lo sobrenatural y fantástico en el relato, en el episodio queda como un chiste más, marcado en la absoluta indiferencia con que Baldrick comenta el hecho y la poco sorprendida mirada que le dedica Blackadder, consciente de que no es más que otra de sus gilipolleces.
Los fantasmas se ven reducidos a uno sin ningún tipo de pudor. Casi parece ya que el hecho de haber llamado al episodio “Blackadder’s Christmas Carol” no es más que un reclamo publicitario. Nada más lejos de la verdad. El fantasma queda reducido a un simple funcionario que dedica las navidades a ir casa por casa aportando visiones a aquellos que son puros de corazón. Obviamente, Ebenezer Blackadder no necesita nada de eso, pero el fantasma menciona que sus antepasados merecían un cursillo intensivo de bondad navideña y Blackadder, en su inconsciente bondad, insta al fantasma a que se lo muestre.
Lo que sigue es una serie de incursiones en la propia temática de la serie, ambientando las dos primeras visiones en la segunda y tercera temporada, esto es, la época de Isabel I y la del príncipe regente Jorge. No hay mucho que destacar de las visiones, salvo que funcionan como referente a la serie y dan al espectador la oportunidad de deleitarse con el trabajo de grandes secundarios como son Miranda Richardson, Stephen Fry y Hugh Laurie. La tercera visión, correspondiente al futuro, es digna de mención: si bien la cuarta y última temporada se ambientaba en la Primera Guerra Mundial, este especial navideño es anterior y, quizás por desconocimiento de cómo iba a derivar la serie o por no querer desvelar nada antes de tiempo, localiza la tercera visión en un entorno futurista bizarro, absurdo y completamente pop en el que también participan Laurie, Fry y Richardson. En este futuro, Blackadder es un oscuro almirante que regresa de la guerra y cuyo presente a la soberana es un artilugio que elimina a la competencia y lo deja a él como emperador supremo de la galaxia.
Tras una breve visión alternativa en la que se muestra lo que ocurriría si Blackadder siguiera siendo bueno (y en la que es sustituido por Baldrick como emperador), Blackadder da en el clavo y con ello el episodio muestra todas las cartas: la idea no era homeajear al clásico sino quitarle todo tipo de razón. Ebenezer Blackadder se da cuenta de que sólo mediante la maldad y el egoísmo fueron capaces de sobrevivir sus ancestros, y que su bondad y buenos deseos acabarán de hundir al linaje Blackadder. Atentos, porque la inversión total de la esencia del Cuento de Navidad toma forma completa: hacer el bien no reporta beneficio alguno, ergo hacer el mal es lo que lo produce. No es nada nuevo bajo el sol, pero usar el relato de Dickens para demostrarlo y hacerlo efectivo es como una puñalada directa al corazón del espíritu navideño.
Ahora bien, si el personaje de Blackadder nos es carismático no es sólo por su cómica crueldad, sino también por la total incapacidad de conseguir que sus planes salgan bien: y cuando Ebenezer, el día de Navidad, procede a vengarse justamente de todos aquellos que lo saquearon y recupera lo perdido, la Reina Victoria hace su aparición para recompensar su virtuosa generosidad y se encuentra con una puerta en las narices y un insulto a su persona, pues Blackadder vuelve a no reconocerles. Será Baldrick quien le saque de su error cuando sea demasiado tarde. El episodio acaba con Atkinson mirando con una mezcla de odio e incredulidad a su lacayo, y aunque los créditos nos impiden ver más, nos queda bastante claro que Baldrick será castigado por hacer lo que hace la mitad de las veces, o sea, nada.
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