Si fuera un conspiranoico de baja estofa (no me refiero a las fuentes, sino a las deducciones) buscaría a Charlie Brown en el Billboard. Podría encontrarle un ejemplo claro: Like A Rolling Stone, como si fuera la primera canción que canta el No Future y el Angst de toda la vida (¡ay Kierkergaard, ay Schopenhauer cuánto mal os hizo ese francés llamado Jean-Paul que encima os digirió con nausée!). Pero no: 1965 era un año en el que debíamos empezar a asumir nuestra pochez por parte de esa generadora de himnos que suenan melódicos pero nunca del todo que es la Motown. Si les digo que Sugar Pie, Honey Bunch de los Four Tops no es sólo la mejor canción (e himno) acerca del neurotismo de las parejas, me darán la razón con cierta sonrisilla y alegarán que claro, que mi nombre de guerra es Alvy Singer y que he visto el trailer de Todo lo demás, y que si mi presunto y atribuido don del ingenio tiene mucho de perogroullada y de simpatía circunstancial y demás metautocrítica impertinente.
Yo les responderé tranquilamente: I can’t help myself. Y volviendo a los Four Tops les diré que, ellos, tranquilamente EL MISMO AÑO eran capaz de producir una canción que aúna inconsciencia gloriosa del pop como producción tranquilamente industrial y que además, repite el esquema de su hit con un gracejo nunca del todo comprendido.
It’s the same old song / with a different meaning.
Justo eso son los especiales de navidades de Charlie Brown, todos ellos, con un significado diferente.
Since you been gone.
Y es que Vince Guaraldi debutó en el especial navideño como genio descritor melódico del universo de Schulz, algo que luego ya canonizó para siempre con el tema central de la serie. ¿Se han fijado en el hecho irremediable de que ningún villancico tocado por el jazzmen Guaraldi es feliz? Pero tampoco es deliberadamente triste, sonoramente doloroso como el blues Please Come Home for Christmas (cuyo compositor se llamaba Charles Brown) o el derivado en formato de ballad de doble rasura que es la estupenda Blue Christmas de Elvis Presley. Aunque pensemos en Presley, sí.
The importance of being Ralph J. Gleason.
¿Por qué resulta tan poco sorprendente que fuera el cofundador del festival de jazz de Monterrey, en muchos sentidos el verdadero Woodstock con un sentido real de la contracultura y sin el icónico, el primero en percibir la importancia de titanes como Elvis Presley, Bob Dylan o el mismísimo Lenny Bruce? Gleason era un crítico de jazz afincado en San Francisco, fue quien ayudó a Lee Mendelsohn a encontrar a Guaraldi, después de que el animador oyera entusiasmado al pianista por la radio de San Francisco, con Gleason como columnista en el San Francisco Chronicle y como uno de los impulsores de la escena cultural más interesante de la ciudad durante mucho tiempo. Dos años después Gleason estaría editando y sentando las bases de un magazine llamado Rolling Stone. ¿Después de todo esto no era una cita FUERA de contexto eh? El sonido de Guaraldi también tiene una pasión que sigue gente como Yuji Ohno y su trío: la lectura extraterrestre de standars. Ohno compuso para la obra maestra del prematuro steampunk, la pulp fiction cuando todavía podía ser incluso pospulp llamada Lupin III (entre sus re-creadores estaba Hayao Miyakazi), que define esa generación de la que tanto nos habla Haruki Murakami. Aunque esto no nos interesa: lo que interesa es como Guaraldi primero y Ohno después sitúan al jazz en otra esfera, como casi todos los titanes. Sin embargo la grandeza de ambos compositores casi siempre va en injusta letra pequeña. Guaraldi opta por jazzear todos los clásicos navideños de música clásica, antes de que esto fuera una excusa para vender discos, convertir en minimalismo sonoro. La pasión de los tríos, y es que Guaraldi fue criado junto al Carl Tjader que andaba más afincado en el sonido más cool (pensemos en sus parientes más cercanos: Chet Baker, Bill Evans o Gerry Mulligan). ¿El resultado? Guaraldi tiene un sonido desde luego muy californiano pero que en nada se parece al cool, porque busca una expresividad rítmica completamente distinta a los preciosistas (y no tan livianos como pintan) californianos que tienen como base los compases marcados por el Birth of the Cool. Guaraldi es un Sun Ra que sustituye encuentros cósmicos por tristeza contenida, amparándose en la elegancia innata del trio como presa del hotel.
Ah, si, La Navidad.
¿Querían respuestas?
Ahí las tienen y no tan mascadas como desearían, porque la navidad es un espacio, digamos, efímero, en el que la generosidad es parte del ritual más o menos cultural, la tradición. Si a la generosidad, comprensión, perdón y redención de Brown le sumamos el número de suicidios que aumenta en año nuevo, podemos ver la Navidad como esa Milla Verde en el que se decide impostura o interrupción.
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December 22nd, 2007 a las 11:57 pm
Gil Evans, Singer, Gil Evans.
Alvy Singer :
December 23rd, 2007 a las 1:08 am
Ya, sí, pero supuse que lo asociarían ya directamente a Baker (o a Davis y sus SESIONACAS) como ha hecho tan bien usted
En cambio nadie se acuerda del Bill Evans que tras grabar con Verve y antes de darse al postbop tiene una etapa cool muy, muy interesante para todo lo que supone el movimiento en si.
Hijo Tonto™ :
December 23rd, 2007 a las 2:10 am
No, no, no.
No es Bill Evans el hombre, es Paul Bley con Jimmy Giufre y Gary Peacock. Al menos cuando hablamos de Guaraldi.
Y no es una asociación bibliográfica, es que lo cool es © de Gil Evans, de nadie más.
TíoVania :
December 23rd, 2007 a las 5:49 am
Ése… ¿Ése es Andy Williams?