La comida siempre es uno de los Temas. Solo que en Navidad no es por el mismo motivo que en las películas de zombies. En Navidad sirve para cuatro propósitos fundamentales:
- Cronometrar. Admitámoslo, en Navidad todos los días se parecen: compras, compras, compras, trabajo, lucecitas, cháchara, lucecitas, árbol, belén, compras, compras, compras… ¿Cómo saber en qué nivel de las vacaciones nos encontramos? Pues por el agujero del cinturón en el que estamos.
- Mantras. Las Navidades son época de frases hechas. Desde “Las Navidades empiezan cada año antes” hasta “Quería cambiar esto”. Y unos de estos mantras es: “Estoy lleno de tanta comilona.”
- Comparársela. En serio, hay gente que es capaz de elaborar intrincados menús para algo más que comer. De hecho, determinados “listados de platos” parecen más una propuesta para terminar con el hambre en el mundo que una forma realista de alimentarse.
- Consumir. Literalmente. Hasta los huesos. Y rebañar, chupetear e incluso roer. La ingesta como consumismo exacerbado.
Por todo ello los programas navideños suelen tener alguna escena de cenorrio con un pavo (bicho soso que se rellena para disimular, antecedente directo del kindersorpresa) lo que lleva a la siguiente cuestión: ¿Por qué no centrar el espacio Navideño Elitelevisivo en ellos?
Vamos al cocinero de la tele, que en España significa: Karlos Arguiñano.
En estos momentos con su mini-programa semanal preparándose para la navidad. Ahora podemos elegir un par de días. Dado mi peculiar listado de filias y fobias alimentarias nos quedamos con las recetas del martes 18 y del jueves 20. Vayamos a ellas.
Jueves 18:
Sopa de garbanzos con hilos de vinagre y foie
Si algo posee Karlos Arguiñano a raudales es un sentido del humor que deriva en un espectáculo al que sólo faltan los monólogos. Eso sí, es un espectáculo familiar, casi diríamos que es el de esas cocinas de familia en la que se suceden chascarrillos sobeteados y trapicheos con las últimas ocurrencias, preludio directo del tío que beberá una copita de más y se arrancará a cantar o del cuñado que bailará graciosamente. De tal manera logra una empatía con el público, una cercanía en esta España cocinocéntrica vertebrada por pucheroladas, que le ha permitido convertirse en un referente catódico lo que siempre es más importante que ser reconocido por métodos propios.
Eso sin mencionar que de esta manera suele escaparse vivo el fondo de la receta. Y los trucos que allí se usan.
Fijémonos aquí en lo que cocinó el martes 18. Una sopa de garbanzos. Quizá usted, lector, en su ingenuidad, crea que una sopa de garbanzos es un cocido. En realidad no, en realidad el cocido es una sopa con garbanzos. Pero, ¿cuál de las dos realidades nos ofrece Karlos?

Pues no hay más que mirar la lista de ingredientes:
300 gr. de garbanzos
100 gr. de foie fresco o demi-cuit
1 cebolla
1 zanahoria
1 puerro
1 muslo de gallina
300 gr. de zancarrón o morcillo
1 hueso de cañada
3-4 cucharadas de nata líquida
agua
1 vaso de vinagre de Módena
aceite virgen extra
sal
azúcar
pimienta negra
perejil
¿Hace falta marcar cuales de estos ingredientes lo son también del Cocido? Sí, amigos, estamos ante un mini—cocido enmascarado al que añade por encima un poco de vinagre de Módena reducido y algo de foei que ha pasado de su estado de sólida pomada al de líquido adorno . Con el truco del foie y del vinagre de Módena tenemos un Clásico Revisitado. Pensemos en la televisión en general, ¿cuántas veces nos hemos encontrado con la clásica serie de detectives disfrazada con su foie de localización exótica o con su Vinagre de Módena de ciencia con más o menos ficción? Eso mismo hace Karlos. Y no es el único truco que usa.
Sus “tramas” funcionan porque están preparadas. ¿Cómo de preparadas? Fijaos en esto: “(puestos a remojar de víspera)”. Así, sin indicar el tiempo que deben estar en remojo, ni la conveniencia de cambio de agua, ni nada. Es un recurso simple pero efectivo, los garbanzos aparecen preparados para consumir igual que la información –cualquier información- aparece en cuestión de un momento en los ordenadores de las series.
Más aún, incluso cuando nuestro amigo Arguiñano dice que usa un cacillo para espumar muestra como la velocidad de los acontecimientos le permite eludir la exageración del recurso. Igual que no hace falta volar la puerta en pedazos la mitad de las veces que los héroes quieren entrar en algún sitio con una simple espumadera le hubiera bastado a nuestro amigo.
Pasemos a la otra receta:
Jueves 20
Codornices horneadas con fritada.
¿Con qué fritada? Pues, en resumen, con tomates, cebollas y pimientos fritos. Pero, ojo, no para cubrir, cocinar ni rellenar. No. De “acompañamiento”.

Uno de los trucos más habituales de las series es meter a un secundario que nos guste. Que nos guste más que los principales. De vez en cuando hasta se les escapa un Fonzie o un Urkel. Arguiñano lo sabe, por eso anuncia el “secundario” desde el título para los que prefieran esta misteriosa fritada a la más prosaica –y enervantemente molesta- codorniz.
Pero el tic tac no se rinde, ¿cómo lograr adaptarse a los tiempos de 24? No, no, pensar así es un error. 24 se adapto a los tiempos de los cocineros de la tele. Lo hizo recurriendo al doble juego que practican todos, la hábil elipsis y el plato preparado. De esta manera nos presenta los platos, saca los bichos y comienza a prepararlos pero, hop, algo le interrumpe. Desde el cambio de plano realizado con la habilidad de un especial de ilusionismo a la más burda cortinilla o el paso a un segmento de consejos mientras el héroe-cocinero realiza su acción elíptica. Y así damos por hecho que lo ha realizado. Del mismo modo en que Bauer viaja de una punta a otra de al ciudad en menos de una hora gracias al sistema de llamadas y tramas secundarias que permite distraer al espectador de la duración real del viaje el cocinero saca lo que tenía preparado desde el principio. No puede salir nada mal porque YA HA SALIDO.
Esa es la belleza de los espacios de cocina. Espacios que ofrecen el ensueño de mucho espacio y multitud de herramientas especializadas. Algo lejano no ya de las casas normales sino de la verdad de las cocinas profesionales. Pero, claro, de lo contrario no emparentarían con programas de bricolaje con resultado comestible.
Espera un momento, ¿dónde ha quedado la Navidad? ¿En la elección de los menús? ¿En las vestimentas y adornos? ¿En los chistes de Arguiñano? No, la Navidad también está en los pequeños detalles.
En el recurso de la simpatía del centro de la función –sólo usar un cachorrito hubiera sido más sencillo-. En ese “lo de siempre” mesiánico disfrazado de “algo nuevo” cristiano. En la preparación de las tramas, como esos hostales o presuntos hostales en los que el turismo rural no albergó a la embarazada. En esa velocidad de acciones que sirve para obviar temas como ¿por qué no había ninguna “plaza”? o “¿no significa esto que El Guionista del Triángulo Reluciente decidió que tenía que nacer exactamente de esta manera? En los secundarios carismáticos, incluidos esos robaplanos que son el buey y la mula y, por supuesto, en que todo sale bien porque TODO estaba ya PREPARADO. ¿O te crees que San José llevaba instrumental para cortar el cordón umbilical?
Y es que desde siempre que se ha cocinado algo importante el Chef ha sabido de qué trucos tirar.
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December 24th, 2007 a las 11:54 am
Magistral, oiga. La ama de casa que tengo le adora. Yo también. Y hoy voy a ver cómo felicita las navidades el buen hombre.
Feliz Nochebuena a usted y a todos el equipo de Elitevisión.
raul sensato :
December 24th, 2007 a las 2:12 pm
Qué grande. Este especial con Arguiñano me ha pillado completamente a contrapié.
Noel :
December 24th, 2007 a las 5:30 pm
Esto es que es gigantesco, como concepto y como ejecución.