La historia es de sobra conocida pero debe ser recordada. En 1978, un año después del estreno de La Guerra de las Galaxias, la CBS propuso a George Lucas realizar un programa especial con la entonces recién nacida pero ya exitosa franquicia. El resultado fue The Star Wars Holiday Special, dos horas de televisión para toda la familia emitidas la tarde de Acción de Gracias de aquel año. Concretamente el 17 de noviembre. Nunca jamás se repuso y desde entonces preside todas las listas habidas y por haber dedicadas a los peores programas de la historia de la televisión.

¿Hay para tanto? La respuesta es que sí, pero no debe preocuparnos. También Plan 9 preside listas parecidas y, en cambio, ejerce un hipnótico poder de fascinación para quien esto escribe y para miles de personas de gusto exquisito. Tampoco es que sean obras tan comparables, porque mientras la de Ed Wood mantiene una regular línea de aplastante genialidad, el navideño lado oscuro de la fuerza bascula constantemente de lo patético a lo inaudito, con pequeños momentos de ortodoxia lucasiana. Lo que es inegable es que despliega ante el espectador del siglo XXI un imaginario televisivo tan terrible como reconocible. El pan nuestro de cada año. Así que digo yo que la diferencia estará en la franquicia galáctica. Sí. Ahí anda una clave: más allá de la fealdad del asunto y su adscripción inevitable a toda antología sobre cultura basura, su visionado plantea una duda que hace temblar a Lucas: ¿es Star Wars un mito casual?
Lucas, de hecho, siempre desprecia y se desentiende del resultado. Es él quien prohibió nuevas emisiones y rezó por una amnesia colectiva que nunca se produjo. Una leyenda urbana le atribuye el deseo de tener el tiempo y los martillos suficientes para destrozar todas las copias piratas que han circulado por ahí. Durante años, el especial fue el vhs prohibido de la cultura popular, el necronomicón pop repicado hasta la saciedad por dealers sin escrúpulos y por friquis a los que les gusta ver a la chica de sus sueños follando con otro, conformando una difusa visualidad de caos y mierda magnética que no es sino una dulce venganza contra el oficial manierismo digital que nada aporta. De hecho, esas dos horas de descolorido fuzz analógico y navideño explican demasiadas cosas de la precuela en tres partes vista los últimos años. El alma de Star Wars está en el especial, y querer resetearla quita humanidad. Mata la magia.
Pero creo que me estoy enrollando demasiado. Necesitan ustedes un buen anzuelo para seguir leyendo. Así que, por favor, pónganse cómodos y dénle al primer tutubo que les he preparado. Eso sí, sé que estas son fechas de búsqueda de paraísos artificiales a través de drogas y alcohol. ¡Qué Jesús recién nacido se apiade de aquellos que se acerquen a este tutubo con estado alterado de consciencia!
¿Lo han visto ya? Pues repitanlo de nuevo. Dejen que la tonada se incruste en sus cerebros y les acompañe por el resto de este texto. Tirirú tirirú tiriririririrú. ¿Ya lo han visto por segunda vez? ¡Eh! La tercera puede esperar un rato. Ese ser peludo, ese pequeño wookie cuya mirada despierta instintos violentos de maltrato a la infancia, es Lumpawarrump (aka Lumpy) el hijo de Chewbacca, que como se ha puesto pesado su abuelo materno, Attichitcuk (aka Achilipú, aka Itchy), lo ha enchufado a la babysitter audiovisual del futuro, el holograma, para que se tranquilice viendo programación navideña. Porque esa circense groupe de titiriteros que danzan y hacen cabriolas en una versión adelantada a su tiempo del vomitivo Cirque du Soleil de los cojones no es más que eso: programación navideña. Es decir: si los hologramas son la televisión del futuro, la programación navideña seguirá siendo la misma mierda de siempre. Y todo, en esa amalgama de retrofuturismo kistch preochentero que desborda el especial, conduce a esa misma conclusión. Y si tienen dudas, se me miran a los Jefferson Starship mientras piensan en Spinal Tap.
Bien, retomo el hilo. Lucas, cuando dice que no tuvo nada que ver, miente como un bellaco. Es cierto que se acercó poco por el rodaje, pero estuvo presente en el desarrollo del guión y suya es la trama argumental que sirve de hilo conductor. Y es que este tremebundo y desconcertante especial es puro Star Wars: los ewoks, C3PO y Jar Jar Binks forman parte sustancial de la saga. También se incrusta en la cronología oficial de la mano de un estupendo fragmento animado, de inigualable look a lo Heavy Metal / Metal Hurlant, que presenta un personaje clave como es Bobba Fet. Se manifiestan, así, contrastes presentes en todas las películas de la saga, con la única diferencia de que aquí, en el especial prohibido, gana con diferencia el lado oscuro de la pochez lucasiana.
La trama central muestra cómo Han Solo y Chewbacca, a bordo del Halcón Milenario, atraviesan las líneas enemigas del Imperio (utilizando, sí, descartes de F/X, como en las últimas entregas de la serie clásica de Godzilla) para llegar a tiempo a la celebración del Life Day, la Navidad Wookie. De hecho, la familia de Chewbacca (esposa, suegro e hijo) son los verdaderos protagonistas del asunto, conformando una sitcom a gruñidos que concluye un aforismo que conviene recordar: el diálogo con palabras es absolutamente innecesario en las sitcom familiares propias de la sociedad borderline.
La familia wookie sobrevive a la ansiedad por el retraso del padre de familia desarrollando ante el espectador sus quehaceres cotidianos, todos ellos relacionados con la televisión, el holograma y la tecnología audiovisual como medio de comunicación de masas (e ideología). Nosotros somos los wookies y el especial metalenguaje puro. La tele wookie es el medio con el que la institución familiar se comunica con el exterior. Una tele que en 1978 se idea evolucionada hacia el 3D holográfico, la realidad virtual y que se fusiona con lo que hoy sabemos que es Internet. Además de cursos de cocina y espectáculos circenses, sirve para el contacto con el resto de personajes, que lucen así palmito cameante. Primero R2D2 y Luke Skywalker (con una pinta tan hostiable que provoca placeres prohibidos) y luego la Princesa Leia con el insufrible C3PO. El messenger visual del futuro que ya está aquí. Y el fragmento animado toma forma de emisión pirata rebelde para niños. Lo único que no forma parte del universo audiovisual, lo único que no es tele dentro de la tele para la familia wookie es el acoso de unas fuerzas imperiales que se revelan más malas que los nazis: rompen los juguetes preferidos del hijo de Chewbacca. La tele y lo que de ella proviene es amiga, lo externo no. La tele nos hará libres.
Así, tenemos un hilo conductor argumental bastante anodino que se ve interrumpido por emisiones televisivas para wookies (que, recuerden, somos nosotros) en distintos formatos. Ni que decir tiene que la lucasiana trama cohesionadora es lo peor del especial. ¿Lo mejor? Pues esos los inauditos insertos de la cotidianedad audiovisual wookie. Muchos consideran este especial una aberración. No seré yo quien les contradiga pero creo que oculta tras su fealdad extrema ráfagas de subversión de tal calibre que me niego a pensar que fueron fruto del azar, la negligencia o la incapacidad.
Aquí tienen a Malla, la esposa de Chewbacca, siguiendo las instrucciones televisivas de Chef Gormaanda (la Argiñano de las Galaxias) para la elaboración de las galletas propias de fechas tan señaladas.
Como pueden apreciar, según avanza la lección, la cocinera (interpretada por el cómico Harvey Korman) se adentra en un hipnótico bucle basado en el meme “menea, menea, golpea, golpea, diviértete”. Y no se sorprendan si por unos instantes ha pasado por sus cabezas la analogía sexual. Está vistosamente presente a lo largo de todo el programa a poco que se escarbe en sus entrañas. Por ejemplo, en la malsana clase de bricolage tecnológico para niños a la que asiste Lumpy. Fíjense en el lengüeteo cunilingüero del final.
Para despejar dudas al respecto, pueden ustedes visionar este otro fragmento. Desvela cómo el abuelo wookie consume pornografía softcore utilizando realidad virtual holográfica.
Les ahorro la atroz y babosa canción que acomete a continuación Diahann Carrol porque lo realmente inaudito es precisamente el bizarro monólogo new age con el que la cantante invita a un wookie de la tercera edad a experimentar con ella… sus fantasías. Por otro lado, resulta evidente que a los wookies les ponen las negras, cosa que tiene todo el sentido del mundo: si inicialmente en el universo de Star Wars no había negros es porque habían sido sustituidos por los wookies.
Les decía al inicio que durante décadas este inigualable sinsentido (en realidad, pura subversión) corría de copia en copia entre los aficionados, creando una casual obra maestra de fuzz magnetoscópico que Lucas quiso borrar de su memoria a base de innecesarios retoques digitales a la saga original. Lucas liquidó la magia primigenia del asunto al querer guardar bajo llave el pasado que todo lo explica. El cadáver en el armario. Pero los avances tecnológicos son armas de doble filo y se cobran sus venganzas: gracias a Google Video se puede disfrutar de una copia bastante potable que tiene el añadido de incluir todos los cortes publicitarios que acompañaron la emisión. Un tema interesante éste, el de los anuncios concretos que enriquecen una emisión concreta, que espero mis compañeros de Elitevisión sepan desarrollar en el futuro. La publicidad es el precio intangible que pagamos por la tele y nunca está por casualidad, aunque sorprenda ver compresas para la premenopausia en el intermedio de los Teletubbies. La caja no es tonta.

El primer anuncio que interrumpe el especial (justo tras el único cameo de Darth Vader) muestra a un proletario afroamericano al servicio de la General Motors. Un eslabón de la producción en cadena que expresa la felicidad que siente deslomándose en la construcción de coches americanos que harán felices a los americanos. La felicidad no duraría muchos años: el motor de la industria del automóvil yanqui no tardaría en despedir a buena parte de sus trabajadores, sumiéndolos en la pobreza extrema y empujando a sus hijos al consumo de crack. Sí, es el momento triste indisolublemente ligado al espíritu navideño. Realizado el trámite Ponga a un pobre en su post mejor regreso a cosas lindas como este otro anuncio de juguetes que también se vio esa histórica noche de 1978. Me gusta pensar que la música de El Exorcista está ahí y no es casual:
Y nos acercamos, por fin, al meollo del asunto. Al por qué explicativo de este extraño e inigualable festejo a la fealdad catódica (que es espejo del alma). Ha de haber una razón de peso tras la experiencia traumática que supone el visionado del especial televisivo de La Guerra de las Galaxias. Y sí, la hay y es conspiranoica, aunando una vez más pop de derribo con el Nuevo Orden Mundial. Al igual que en los cincuenta se interrumpían las películas para advertir que los rusos habían lanzado el Sputnik, en 1978, mientras los espectadores se sumían en un estado catatónico a base de hologramas kitsch, la emisión se interrumpía con estas (y no otras) Breaking News.
Sí. Brezhnev había conseguido la bomba de neutrones al mismo tiempo que William Kampiles vendía los secretos de la NASA y de la CIA al villano soviético. Y para rematarlo se anunciaba subliminalmente una misteriosa píldora de la felicidad llamada Contac. ¿Casualidad? No. Los illuminati están detrás de la emisión, visten satánicas túnicas rojas, son peludos y se mecen entre neblinas mientras la Princesa Leia nos desea un feliz Life Day. Yo también se lo deseo a todos ustedes.
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December 25th, 2007 a las 6:54 pm
“conformando una sitcom a gruñidos que concluye un aforismo que conviene recordar: el diálogo con palabras es absolutamente innecesario en las sitcom familiares propias de la sociedad borderline”
Dios mío, es absolutamente certero y exacto.
Desde la distancia, la interrupción de un elemento de cultura pop aberrante como es el archifamoso especial navideño de LGDLG para hablar (por partida doble) de otro elemento de cultura pop aberrante como fue (¡es!) la Guerra Fría, tiene un valor sinérgico brutal. Casi parece una parodia sacada de Futurama.
Angalqua :
December 25th, 2007 a las 7:48 pm
Xena Santa que cosa más bizarra!! No ven parecido al cocinero de cuatro brazos con Elzar el cocinero alienígena de Futurama al preparar la babosa neptuniana…
kuroi_yume :
December 26th, 2007 a las 8:43 am
Pero qué bello!
Aunque algo me hace dudar: ¿que un wookie arrugado se lo monte virtualmente con una humana emplumada se puede considerar bestialismo?
Haciendo Amigos :
December 26th, 2007 a las 1:50 pm
Impagable análisis de un mito de lo bizarro.
George Lucas siempre ha sido un cínico que en muchas ocasiones se burla de sus fans frikis y muestra un considerable desprecio por todo lo que rodea la franquicia de Star Wars.
Él, en realidad, es un Coppola o un Chimino fustrado. Le hubiera gustado rodar pelis de arte y ensayo influídas por la Nueva Ola francesa. Pero tuvo mala suerte y triunfó con Star Wars.
En el fondo da un poco de pena.
Libertino :
December 27th, 2007 a las 11:07 am
Ey!!!
Salen en el Fotogramas!!!