En anteriores epsodios……
La mayoría de amables lectores se preguntarán el motivo, un tanto abrupto, de la inexistencia del episodio 6, TV or not TV. El motivo queda respondido aquí: Peter Hastings, productor de la serie, toma el mando y su esplendor creativo en la serie, y por motivos puramente de emisión, Napoleon Brainaparte debe analizarse antes. Porque es el último capítulo en el que Hastings muestra su discreción y el primero en el que fuerza un desequilibrio evidente.
Loy y Hastings: Why they fight
John Loy es un guionista que ha dedicado gran parte de su carrera a la Historia con funciones tan didácticas como algo aburridas: pueden rastrear su carrera en la franquica Land Before Time (incluída su serie animada), las aventuras del Joven Hércules o sus episodios para la Bill & Ted animada. Por otro lado, por si no ha quedado claro el edulcoramiento histório de Loy, súmenle a los dinosaurios su labor, algo más simpática, en Krypto The Superdog y las correctas últimas películas de Alvin and The Chipmunks.
Peter Hastings es exactamente el caso contrario: empezó en la serie clave de los siguientes episodios (On the Television) y circuló pronto hasta una de las series de televisión animadas de Disney más irresistibles: el Darkwing Duck, que no sólo exige ser cabalmente explorado por la Élite, sino que supone uno de esos momentos en los que una empresa se tambalea entre la exploit de ligero acento crepuscular y la absoluta (y sorprendente) ventaja sobre el material de partida. Su labor en Tiny Toons no es menos asombrosa: él brindó la tan cacareada Night Ghoulery en los que reescribió el horror junto a otros maestros como Paul Dini o el culpable de todo esto, Tom Ruegger.
La nonhisterical fiction
Para entender completamente la Función Hastings y Los Motivos de Tom Ruegger hay que irse adelante, al siguiente paso del creador: ¡Histeria!. Para sorpresa de todos, el guionista de este episodio no figura en ¡Histeria!, pero sólo ab initio. Podemos alegar, y hacerlo no es violar demasiado al resultado final, que el episodio nace de un pulso dialéctico en el que hay un vencedor. Sin embargo, recordemos que Ruegger es casi una antíteis del bienintencionado Loy: para él la Historia terminará siendo algo realmente parecido a Tex Avery. Por expresión o por hipebólica alusión a los hechos. La FH apunta modos parecidos a los del maestro de la animación y lo que consigue, a mi parecer no es poco: es la elevación suprema de la chorrada. El punto de partida es el crepe mortífero de Cerebro. La excusa histórica (la ausencia de Napoleón propicia una confusión) tiene un elemento que otros episodios (sin ir más lejos, el quinto) han explorado mejor: la sustitución temporal de los líderes por parte de grises funcionarios. El gag grandilocuente de Cerebro, la inherencia de toda sensación de grandilocuencia, tampoco parecía adecuado. Y esto para un episodio de una serie que se ha inspirado siempre en el poder, y sus relaciones íntimas con otros estratos es una grandísima decepción que se traduce en un episodio lleno de las habituales y subestimadas analogías, pero con un catálogo de humor más parco.
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