
Esta sencilla y estupenda parábola sobre varios pecados capitales netamente norteamericanos ejemplifica uno de los mayores valores de los guiones de South Park: su insólita capacidad, que ya querrían muchas series con mensajes impostados para abrir el foco de lo que cuentan. Para que el espectador pase sin traumas ni reflexiones forzadas de la anécdota, a menudo cómica o directamente estúpida, a una sátira de alcance global. En este episodio, la doble o triple hipocresía gestionándose en todas las direcciones políticas y sociales, el sálvese quien pueda de la moralidad mainstream recibe de nuevo un corte de mangas y una sonora pedorreta en la cara de independencia tan insoslayable que, como es costumbre en South Park, se formula con ambigüedades y matices insospechados. Eh, así es la vida. Para obviedades, Seth MacFarlane lo hace de puta madre.
Sally Struthers pide a través de la televisión, esa ventana al holocausto interior de los adultos, donativos para los niños hambrientos de Etiopía. Los niños de South Park, en una actividad netamente infantil en su planteamiento, pero equivalente a la de los adultos en su descarnado materialismo, deciden adoptar a un niño etíope para conseguir un reloj de pulsera a cambio. El niño acaba llegando, por supuesto, y Starvin’ Marvin queda pasmado al ver el derroche continuo de comida y energía que se produce en South Park. Cuando los niños quieren devolverlo, Cartman es confundido con Marvin en uno de esos maravillosos giros arbitrarios de guión de South Park y es enviado en un avión a Etiopía. Allí casi muere de hambre y descubre que todo era un truco de Struthers, en un plan digno del propio Cartman, para acumular la mayor cantidad posible de comida a golpe de donativo y para consumo propio. En South Park, mientras tanto, la celebración del día de Acción de Gracias se salda con un enfrentamiento con pavos mutantes que culmina en una inocua parodia de Braveheart protagonizada por Chef.
A lo largo de todo el episodio, los esfuerzos genuínamente honestos de los niños (unidos por encima de razas y culturas por los chistes de pedos de Terrance & Phillip, y si ese no es un mensaje constructivo, no sé ya qué lo será) por hacer el bien se topa con el prosaico pero consensuado egoismo de los adultos. No en vano la ambientación del episodio transcurre en la muy ostentosa y genuínamente derrochona fiesta de Acción de Gracias, en la que todos, todos, todos tienen derecho a comer hasta hartarse. Hasta los pobres como la familia de Kenny, humillados en el grotesco Grab-a-lux, tienen derecho a ser más personas con el estómago lleno que los etíopes, ya que como diría nuestro librepensador predilecto, Cartman, “para eso pago mis impuestos”. Al final, un pobre es mejor en cualquier caso que un negro hambriento, o como estúpida, resignadamente agradece la familia de Kenny en la cena de Acción de Gracias con el cadáver de su hijo aún caliente, al menos tienen una lata de habichuelas para cenar. Lástima que a nadie se le haya ocurrido pensar que necesitan un abrelatas.
Pues así, con todo.
Pueden ver Starvin’ Marvin aquí
ANEXO STARVIN’ MARVIN
1.- Hoy he aprendido algo: Dice Stan: “Las imágenes de TV no parecen reales, pero lo son. Es fácil ignorar esos anuncios, pero la gente que aparece en ellos son tan reales como tú y yo”. Replica Stan: “Sí, entonces MacGyver es real también”. Conclusión: los negritos como Marvin tienen hambre y tienen frío. Pero son personajes de South Park. ¿Debemos preocuparnos por ellos? ¿Deberíamos de preocuparnos más de lo que se preocupa la Sally Struthers de South Park? Aunque la pregunta realmente peliaguda es: ¿Deberíamos preocuparnos más de lo que se preocupa la Sally Struthers real?
2.- Han matado a Kenny: Nunca unos pavos mutantes habían devorado y desmembrado con tanta saña a un niño.
3.- Palo del episodio (y el mejor insulto es…): Señor Garrison: “No hay preguntas estúpidas. Sólo gente estúpida”
4.- Datos circunstanciales:
- Jerry Seinfeld quería participar en South Park, y se le ofreció poner voz al Pavo Número 4. A diferencia de George Clooney, que dobló con mucho gusto a un perro gay, Seinfeld no pilló el chiste y declinó la oferta. Tampoco es que hayamos notado la diferencia.
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