Matt y Danny ya forman oficialmente parte de Studio 60. Aquí vemos su primera semana al frente del programa, obligados a cicatrizar viejas heridas y a presenciar cómo se abren algunas otras. ¿Estarán a la altura de las expectativas? ¿Lo estará el programa?
¿Lo está el capítulo?
Sí, no es difícil que el primer episodio de una serie sea genial. Un piloto puede ofrecer muchas cosas, pero es bastante normal que hasta el segundo no se marquen las verdaderas pautas de lo bueno y lo malo. Y este capítulo tiene de todo. No es ni de lejos el peor de la serie, me encantó cuando lo vi por primera vez, pero puede que sea más cruel con él que con cualquier otro, porque es el primero que comete el peor y más prolongado error de Studio 60 on the Sunset Strip. Pero también es el primero que nos presenta muchos detalles estupendos, así que vayamos por orden.
Lo grandioso
Sorkin ha vuelto. Sorkin es capaz de contar apasionadas historias de trabajos en principio imposibles de entender para un desconocedor del tema. Y sin embargo, aquí nos presenta claramente conflictos creativos, económicos y morales relacionados con el mundo de la televisión. Si un espectador está atento, aprenderá lo que son las estaciones repetidoras de las señales en la red americana de emisoras. Si no quiere prestar toda su atención, le bastará con ver a Jordan equivocando los nombres de los consejeros, le hará gracia y terminará la secuencia teniendo una ligera idea del problema que tienen los personajes.
También vuelve el Aaron Sorkin capaz de enseñar cómo los conflictos de cada personaje pueden ser determinantes a la hora de avanzar en el trabajo. En este capítulo, en una misma secuencia, todos se paran un momento disimuladamente para ver si Danny aprueba una idea humorística que le afecta a él y a sus problemas con la coca; y luego, ocurre lo mismo con Matt y sus sentimientos por Harriet. Casi seguidos, nos saca de dudas: Los protagonistas aman tanto su trabajo que son capaces de cualquier humillación personal pública por él. Por esta vez.
Thomas Schlamme, encima, sigue con fuerza como director. El plano de la escaleta vacía con los White Stripes girando hacia el reloj y terminando el movimiento en Matt, con Danny entrando por la puerta y volviendo para quitar la aparición de los cantantes es de ésos que muy pocas veces podemos ver en la televisión.
Lo grande
Las referencias. Veremos otras, pero hay en este capítulo un par muy destacables. El reloj sólo en este episodio da algunos de los mejores momentos dramáticos que hubo en toda la temporada pasada en la televisión mundial: el punto final del episodio provoca más tensión que el de un capítulo de 24.

Jack Bauer NO sabe que su misión dura 24 horas.
El reloj es un ejemplo claro de una idea con la que Sorkin ha convivido cierto tiempo y que ha podido introducir en otros guiones. En la cuarta temporada del Ala Oeste, el propio Bradley Whitford se caga en quien inventó las cuentas atrás, ante una votación inminente del congreso, delante de un reloj con números grandes y rojos. Aquí, vemos cómo Sorkin, obviando todo lo referente al autoplagio, es capaz de coger aquel pequeño chiste de un minuto y retomarlo en un entorno similar, tanto o más oportuno, dándole el protagonismo que se merece. Por cierto, la cita del reloj es de Groucho.
Si Sorkin es abiertamente fan de alguien, es de Gilbert y Sullivan, autores de óperas cómicas del XIX, como Los piratas de Penzance. Han salido docenas de veces en sus guiones, con relevancia incluso importante: ya he perdido la cuenta de cuántos personajes suyos han arrancado a cantar sus obras improvisadamente, como aquí. Otras referencias imprescindibles son la mención necesaria al Saturday Night Live (habrá bastantes más) o el pequeño guiño cuando Harriet le reprocha un rumor de idilio con Marlo Thomas, que interpretó a la madre de Rachel en Friends. Más destacable es la aparición de Evan Handler como Ricky Tahoe. No es de extrañar que aparezca en una serie, porque Handler poco a poco se está convirtiendo en el Oráculo de Bacon de la televisión de este milenio (Lost, CSI, 24, Sexo en NY, Californication…). Lo cachondo es que casi, casi repite papel con Sorkin, porque aquí es un guionista que no cae bien a los protagonistas y en tres episodios del Ala Oeste interpretó a un redactor de discursos impuesto por un colaborador externo que todos los demás consideraban un pegote innecesario.

Curiosamente, Ron se parece bastante a Sorkin.
El último gran momento autorreferencial es cuando se nos revela que el proyecto de largometraje en el que iban a colaborar los protagonistas antes de empezar la serie era sobre la vida de Nicola Tesla. Decíamos en el piloto que tanto Sorkin y Schlamme como Matt y Danny vieron detenido un proyecto cinematográfico en el que estaban trabajando. Y ahora descubrimos que en ambos casos era una biografía sobre un pionero independiente de la tecnología americana opuesto a un magnate que le oprimió con toda su fuerza. El paralelismo es fascinante, porque en el proyecto de Sorkin y Schlamme se trata de Philo Farnsworth y David Sarnoff, los inventores de la televisión, y no cuesta imaginar que el antagonista de la historia de Tesla es Thomas Alva Edison.
Como nota adicional, hace pocos días se ha estrenado una adaptación de Farnsworth para Broadway con bastante éxito. El trailer, aquí:
http://www.farnsworthonbroadway.com/
(sí, es el trailer de la obra de teatro)
Lo regular
La apología exagerada de la elegancia en este episodio y el ego que esconde detrás. Y lo peor es que el propio Sorkin no sabe por qué tiene que hacer las cosas elegantes. Es más, hace a Matt exigir vestimenta apropiada a los guionistas para luego decir que no sabe por qué acaba de hablar así. Es su salida ante el apuro, parece, en todos los sentidos. Sorkin es capaz de escribir episodios él solito, sí, y Matt también. Pero su incapacidad de enfrentarse a un equipo de colaboradores (algo que Joshua Malina hizo en la cuarta temporada del Ala Oeste también, después de que en tres temporadas y media Rob Lowe no hiciera mención de que tenía un equipo que le ayudaba a escribir) sospecho que es paralela. Sorkin necesita juntarse con gente que le dé ideas para que luego él pueda darles forma, indudablemente. Pero no le resulta fácil delegar mucho más. Y ése se convertirá en uno de los fallos de la serie al principio, que no acabará de solventarse bien. Pero sobre eso, un poco más abajo.

Primero conviene decir algo que no es que sea malo, pero supone colocar una diana a tus detractores. Cuando eres el guionista de una serie de autor semiautobiográfica, pase que todos le digan constantemente a tu alter ego ficticio que eres el mejor, pase que entres a comandar el buque insignia de la cadena, pero era innecesaria la multitudinaria rueda de prensa que rompe en aplausos cuando apareces. Sí, internamente puede estar justificado, pero hay que andarse con ojo cuando van a por ti. Y precisamente es el error opuesto al grave problema del episodio, a continuación.
Lo nefasto
¡No cumple su promesa! Y curiosamente, queda explícito e implícito, dentro y fuera del programa. El teaser del episodio, es decir, hasta el momento de los créditos, equivalente más o menos a un acto entre dos cortes publicitarios, sube la tensión como solía hacerlo el Ala Oeste, con la música de Snuffy Walden creciendo hasta romper con el theme. Aquí, nos acostumbraremos a una música más ligera, que cumple un pelín menos. Somos muchos los que hubiéramos preferido que el tema de la serie fuera Under Pressure, el que cerró el piloto, pero no ha podido ser. De cualquier modo, a título personal, tengo que decir que últimamente se ha convertido en el theme de mi vida, gracias a Sorkin.
Pero no nos desviemos. Matt y Danny se quejan de que se les ha puesto el listón muy alto, y Jordan les dice que lo tienen que saltar. Y el gran problema de la serie, que sin la menor duda surge aquí, es que esa cebolla argumental que incluye capas y más capas de lecturas, falla en la interna. El climax del episodio es una canción elegante, cuando tenía que haber sido un sketch brillante. Cristianos locos no lo veremos nunca, porque se han alzado tanto las expectativas tras dos episodios, que aunque existiera un sketch divertido, no podría funcionar. Sorkin lo sabe de sobra, pero a la vez se pone a sí mismo un reto al principio del capítulo y no lo supera al final. En teoría funciona muy bien para el espectador real, que ve el colofón de lo que se proponen los creadores del programa reunidos en el despacho, es una unión de todo lo que se ha hablado, de la elegancia, las autorreferencias, Gilbert y Sullivan, la conciliación de los personajes con su pasado, de la necesidad de empezar de cero… pero no es gracioso. En la práctica, al verlo, no nos acabamos de creer las risas del público que oímos a la vez y la magia se pierde.

Los que tenían enfilado a Sorkin por alguno de los múltiples motivos (hacer una serie carísima, tener el control absoluto, meterse en un berenjenal de comedia que no es su terreno natural) encontraron en ese sketch una caja de pandora abierta por un resquicio que dar de sí a medida que pasaban los episodios. Y lo que es peor, tampoco es original. El 21 de enero de 1995, Saturday Night Live abrió el programa con David Hyde Pierce disfrazado de pirata de Penzance y parodió la misma canción. Pierce, cantante profesional (también está en Broadway ahora mismo), cumple mil veces mejor que el reparto entero de Studio 60 con el coro de la ópera de Los Angeles. Porque está escrito para ser comedia, que es lo que funciona.
Aquí, la transcripción de aquel monólogo de apertura. (Y guarden esa página como oro en paño.)
http://snltranscripts.jt.org/94/94kmono.phtml
Y aquí, el necesario elink dual del episodio:
ed2k://|file|s60e02.avi|501170176|5649E68D5CABADC446202C0F235D1412|/
Una nota final de traducción: El título español es una ful. La cabecera no es lo que quiere decir el título en inglés, The Cold Open. Cabecera podría considerarse la secuencia de créditos, que va justo después del cold open, que es un sketch independiente de presentación. Cold open podría traducirse directamente como arranque o apertura. Y cabe señalar también que David Hyde Pierce no cantó en el arranque, el monólogo en el SNL va siempre tras los créditos. El arranque de ese programa fue una parodia del caso de O. J. Simpson.
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December 30th, 2007 a las 4:56 pm
grandioso, “jarpazmen”. Veo que usted se debate como buen fan de sorkin entre amar u odiar la serie, probablemente, el mayor “lo que pudo ser y no fue” de la historia de la televisión.
El problema fundamental es que Sorkin no sabe hacer reír y, realmente, la canción es un anticlimax (por no decir bajonazo) total. También falla el ¿minigag? del listón, pero es que creo que Whitford y Perry se comen con patatas a Peet en la mayoría de secuencias de la serie.
Y, aunque todos los lectores de esta magna enciclopedia de lo que realmente importa lo sabrán, no puedo evitar hacerme la lista. David Hyde Pierce fue Niles Crane, hermano de Frasier idem, durante una década. Y sí, ahora está en Broadway ha protagonizado la segunda salida del armario menos sorprendente del año (tras Jodie Foster, claro).
Mer :
December 30th, 2007 a las 6:55 pm
Brillantísima entrada!! Estoy totalmente de acuerdo con lo bueno, pero mucho más con lo nefasto. El programa es horroroso y encima a mí me cae fatal Sarah Paulson, que no me parece ni buena actriz ni mucho menos tan cómica como la pintan.
The Hard Men Path :
January 1st, 2008 a las 8:30 pm
Gracias a los dos. Crispis, yo tiendo mucho más a amar la serie que a odiarla, cuando vi por primera vez este episodio, como me pasó con casi todos los demás, me tragué la canción como parte indispensable y colofón eficaz. Fue la reflexión lo que me hizo no tragar.
Por otro lado, defiendo a Amanda Peet, creo que es de los mejores trabajos que ha hecho en su vida, y que bastantes cosas que no te gustan estaban ya en guión. A mí me encanta, de cualquier modo.
(!) hombre perplejo :
February 8th, 2009 a las 4:41 am
He leído en varios foros lo que decís sobre la “falta de gracia” de Sorkin y de los sketchs de “Studio 60″. Es cierto, no son graciosos; pero a mi juicio están hechos así a posta. Igual que los de “SNL”, un programa sobrevalorado del que puedes rescatar un puñado de magníficos-geniales-históricos sketches, pero con una abundante cantidad de medianías que sólo son “pretendidamente graciosas”. Además en un contexto muy de allí y difícilmente exportable. Y creo que Sorkin busca ese efecto. Hay algo más: La serie está planteada desde el punto de vista de Matt, que es un guionista de raza, que escriba lo que escriba siempre le parecerá inferior a lo que (cree que) podría haber escrito (un síndrome muy del oficio). Por lo tanto es lógico que los sketchs que él ve le resulten horrorosos, que es como los ven todos los guionistas. Sorkin busca eso… y a fe que lo consigue.
Por otro lado: Amanda Peet está estupenda a medida que va avanzando la serie; y la conexión de Jordan con Danny desde el principio, con ese juego de ironías, es maravilloso. Ya quisieran muchos crear unos personajes como esos…