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The Prisoner - Créditos (1ª parte)

Dr. Zito, October 29th, 2007

El 29 de Septiembre de 1967, hoy hace cuarenta años y un mes, se emitió el primer capítulo de El Prisionero.

Colóquense en la piel del espectador de entonces: Desde que hace meses se anunció su retorno a la televisión, esperan con impaciencia la nueva serie de Patrick McGoohan, protagonista de Danger Man, precursora del spy fiction, más tarde relanzada con fulgurante éxito como Secret Agent, estrella televisiva, la mejor pagada del momento. Durante los últimos días, los trailers han prometido más aventuras, más desafíos, más peligros, más John Drake. Son las siete y media de la tarde. Están nerviosos, entusiasmados, expectantes. Encienden su receptor.

Y comienza el asombro.


Los primeros segundos son de desconcierto. Truenos, rayos, relámpagos, y un Lotus 7 que se nos acerca raudo por una autopista desierta. Su conductor, McGoohan. Tamboriles, fanfarrias: Es el tema principal de la serie, compuesto por Ron Grainer, también responsable de la mítica sintonía de Doctor Who. Un tema dinámico e intrépido, muy apropiado para un argumento de espías y acción al uso, y que acompaña a este hombre sofisticado y seguro mientras le vemos conducir su singular vehículo por las calles de Londres.

Los títulos iniciales poseen una particular enjundia: Son preámbulo y sinopsis. Pero por encima de todo, son cápsula del principal pilar discursivo de El Prisionero: La libertad individual. Y es que, sin ir más lejos, McGoohan escogió el adorable Lotus 7 sobre otros posibles modelos porque según él reflejaba mejor que ningún otro la idiosincrasia de su unilateral personaje, el agente rebelde, el outsider, en la edad de oro del capitalismo de postguerra. Frente a los hombres sujetos a sus cotidianos y embrutecedores trabajos de oficina o fábrica, a sus obligaciones de adquirir productos, de proveer a sus dóciles y aburridas esposas de los últimos automatismos domésticos, destaca la figura del espía, con sus viajes exóticos, sus gadgets imposibles, sus cambios de localización y pareja. Un rebelde que aunque pertenezca al establishment, ha decido dimitir de su puesto como una tempestad, subrayando su irreductible voluntad, su puño en la mesa, con cada trueno.

Los títulos de crédito nos presentan además una ulterior ironía. El hombre calvo y con gafas que vemos fugazmente al otro lado del escritorio, y al que McGoohan presenta con furia su carta de dimisión, es el mismísimo George Markstein, segunda alma máter del proyecto, hombre de gran inteligencia y dilatada carrera en el periodismo de sucesos, y cuyos enormes conocimientos sobre el mundo del espionaje le otorgaron un puesto como asesor y guionista ayudante en Danger Man. Como veremos en los próximos capítulos, resulta más que probable que la idea original de El Prisionero surgiera de Markstein, aunque McGoohan lo contienda. Y es que el conflicto entre estos dos hombres trascendería más allá de las cámaras. Las diferencias creativas entre ambos, la tensión entre sus antitéticas visiones sobre por dónde debería transitar la serie, se harían cada vez más patentes. Y así en este escena inicial, ambos representan roles no tan distantes a los que acabarían ocupando en su relación privada, y en la cual Markstein saldría perdedor finalmente.

Si continúan observando los títulos conmigo, y continúan en el papel de espectadores de hace cuarenta años y una semana, deberían sentirse reafirmados e intrigados en este punto: La foto de McGoohan que vemos ahora mismo siendo tachada a máquina con grandes equis, transportada mecánicamente y clasificada en un enorme archivo subterráneo bajo el nombre “Resigned,” es su estampa habitual como John Drake, su imagen promocional para Danger Man. ¿Drake ha dimitido?, se preguntarían. A este nivel, los créditos también establecen una inteligente y juguetona analogía con la situación personal de McGoohan, cansado ya del personaje que le hizo célebre, y de la sobredosis de fama y la falta de privacidad que aquel éxito le trajo; qué mejor manera de escapar de si mismo que embarcándose en un proyecto que archivaba a Drake desde el comienzo.

A un nivel visual, estos créditos también avanzan parte de las muy diversas influencias que la serie hará suyas, y que cristalizarán en una convivencia radical de colores y estilos antitéticos. Una de estas influencias procede del universo kafkiano, manantial que nutre de turbiedad a El Prisionero. No en vano la serie nos muestra a un individuo enfrentado a una maquinaria burocrática y oscura, cuyo funcionamiento se le oculta y cuyos procedimientos desconoce. Como veremos en mayor detalle en futuras entregas, la serie toma muchos elementos visuales del expresionismo con el fin de articular esa sensación de opresión y desamparo. Gran parte de ellos procede precisamente de la adaptación que Orson Welles hizo de El Proceso en 1962. Aunque McGoohan reconoció no haber leído la obra original de Kafka, si se declaró admirador de la versión de su amado mentor Orson. Como veremos, esta ascendencia de Welles sobre McGoohan surgirá en bastantes momentos de El Prisionero. En el caso de los créditos, se hace patente en el instante en el que McGoohan irrumpe en el túnel (que también encabeza los post de la serie) o cuando aparece el gigantesco archivo mecanizado, ambos hallazgos importados casi literalmente de El Proceso.

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KAR 120C se detiene en el Número 1 de Buckingham Place (primera parada en el planeado viaje que les propuse en el piloto), y sobreimpresionados aparecen los primeros créditos en su característica tipografía, una versión modificada de la fuente Albertus que impregnará por completo la serie, transmitiendo así una particular imagen corporativa entre lo tradicional y lo hipertecnificado (y que confesaré que he utilizado para escribir mi nombre en el buzón del Cubil Zito). McGoohan entra, y por encima de su hombro observamos que el sombrío Rolls que ha venido acechándole durante todo el camino también se detiene. Nuestro bravo agente saca una maleta, comienza a empacar sus pertenencias, mientras un hombre enhiesto y oscuro, un enterrador con chistera, se acerca con calma a la puerta exterior. No será la última vez que veamos semejante figura. De nuevo en el interior, McGoohan nos muestra sus billetes hacia un paradisiaco destino al que nunca conseguirá llegar, porque de repente gas, cerradura, sorpresa, desconcierto, mareo, cae inconsciente en su diván. ¿Despertará? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Sueño? ¿Pesadilla? ¿Realidad?

7 comentarios en “Créditos (1ª parte)”

    absence :

    En mi modesta opinión, son os mejores créditos de la historia de la televisión.


    John Tones :

    Si todos los créditos fueran así de narrativos, la gente dejaría de ir al cine. Eh, un momento…


    Alvy Singer :

    Qué locura de rascacielos preoníricos o como se diga.


    Doctor Mentalo :

    ¿Por que recoge el ticket si puede pasar por debajo de la valla del parking directamente? ¿Indica eso que número 6 respeta las reglas aunque tiene la capacidad de saltárselas?
    ¿Por que la taza del jefe tiene dos platitos? ¿Acaso el Jefe presentía lo que iba a ocurrir?
    Lo de caer desmayado exactamente sobre la almohada ¿Es un gag o es fruto de años de entrenamiento en el servicio secreto?

    Geniales créditos. Toda una celebración del montaje como fragmentación.


    Aura :

    Como espectadora de hace cuarenta años le digo que no puedo esperar a que comience el episodio.


    Doctor Mentalo :

    Dios, me acaban de decir para que son los dos platos.


    Higronauta :

    Pues sí. Se trata de las pocas intros existentes que, al realizar un previo planteamiento tan soberbio, no hacen más que impacientar al expectador por el visionado del capítulo. Y de paso, de su comentario del primer episodio.


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