Sin que se sepa muy bien cómo, un montaje preliminar de The Chimes of Big Ben fue incluido accidentalmente en la secuencia de capítulos de El Prisionero que se mandó a la CBC canadiense para su emisión en aquel país. Encontrado en Toronto por un fan durante los 80, circula desde entonces bajo el nombre de The ‘Alternate’ Chimes of Big Ben.
Entre el montaje final y esta versión tosca y sepia existen ciertas diferencias de interés. En primer lugar, los títulos de crédito se abren (proféticamente) con las campanadas del Big Ben en vez de con los habituales truenos. Tras ellas entra la sintonía de Wilfred Josephs (el segundo compositor contratado para la serie), más estridente, paranoica y reveladora que la definitiva de Ron Grainer pero también enormemente menos carismática (como el resto de sus poco inspiradas composiciones para este episodio alternativo). Asimismo, se añaden varios planos de Número 6 siendo perseguido por Rover desde la playa que se incorporaron parcialmente al final de Arrival.
De mayor enjundia es la escena que se borró del montaje definitivo. Una secuencia que bien podría pertenecer a Star Wars, porque tras una de sus típicas cortinillas laterales aparece un cielo estrellado, el mismo por cierto que fue empleado en el rodaje de 2001: Una Odisea en el Espacio.
La eliminación de este fragmento benefició al resultado final. De haber tenido éxito con el uso de su ptolemaico triquetrum, Número 6 podría haber llegado a conocer la localización exacta de The Village. Y con esa posibilidad en nuestras mentes se habría disuelto el enigma, el misterio, la incógnita de su emplazamiento, que resulta mucho más efectiva y asombrosa que cualquier rotunda revelación. Porque durante el episodio se nos dice que La Villa se encuentra en la costa de Lituania, a treinta kilómetros de Polonia aunque ésta no será su única localización posible. Otras dos serán mencionadas a lo largo de la serie para nuestro mayor desconcierto. Gracias a esa imprecisión, La Villa consigue permanecer en ninguna parte y en todas al mismo tiempo.
Esta indeterminación entronca tanto con las ideas que mencionábamos en nuestro comentario del episodio canónico, como con la versión de los créditoss finales que también podemos encontrar en The ‘Alternate’ Chimes. En su forma estándar, los títulos nos muestran cómo la imagen corporativa del velocípedo y su capota, Progreso y Seguridad, se construyen a medida que los créditos van entrando, para concluir después con la aparición submarina de Rover. Aquí sin embargo las dos ruedas giran, se transforman en la Tierra una y en el Universo otra, ambas se integran y una palabra explota colmando la pantalla sobre fondo rojo.
Rechazada quizá por demasiado obvia, esta versión de los créditos subraya dos principios: primero que como decíamos La Villa lo rodea, lo contiene absolutamente todo. Segundo, pasando de lo serio a lo amable, que El Prisionero constituye una distopía pop. Porque cimentada en elementos visuales típicamente populares, como el uso fulgurante y glamuroso del colorido, de brillantes gadgets tecnológicos o de los mimbres argumentales de la spy fiction, El Prisionero nos propone un Orwellianismo psicodélico, nos suministra un Soma del color, nos grita Pop will make us Kafka! Por si fuera poco, podremos encontrar otras dos inesperadas referencias al término PoP a lo largo de la serie. La primera en la canción popular Pop! Goes the weasel, que ya mencionábamos en la segunda parte de los créditos, y que escucharemos repetidamente. La segunda en el penúltimo episodio, Once Upon a Time, en el que descubriremos su escondido significado: “Protect Other People.”
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January 22nd, 2008 a las 8:39 pm
Parece que el rumbo de los prisioneros llega hasta fines insospechadamente conclusivos. Muy buen trabajo.
higronauta :
January 23rd, 2008 a las 10:35 am
Patidifuso me ha dejado con esta versión alternativa. Aunque, si las diferencias son únicamente las que comenta, mejor quedarnos con la original y guardar ésta como rareza (aún así, cuán grande resulta ese estallido mundial de los títulos finales, a qué negarlo).
John Tones :
February 9th, 2008 a las 12:08 pm
Ese estallido final es como el discurso final del psiquiatra en Psicosis. Lo cual no es necesariamente malo. Más bien todo lo contrario.