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The Prisoner - S01, EP05 - The Schizoid Man

Dr. Zito, March 18th, 2008

Si alguien consiguiera extraernos de nuestro propio cuerpo y que éste continuara actuando como si nada, si alguien nos enfrentara con nosotros mismos, ¿qué ocurriría? Si viéramos a esa carcasa, en principio vacía, desarrollando nuestras actitudes, desplegando nuestras manías, nuestros tics, nuestras frases hechas, ¿le soportaríamos? ¿No nos horrorizaríamos? ¿No querríamos dejar de ser nosotros? The Schizoid Man, mediante un delicioso juego de espejos, consigue esto mismo y nos somete, junto con Número 6, a la devastadora pregunta ¿Quién somos en realidad?

La Villa ha desarrollado el siguiente plan: transformar a Número 6 en otra persona, despojarle de sus caracteres y convertirle en Número 12, a su servicio. Presentarle un doble, un “verdadero” Número 6 idéntico a él y al que deberá hacer dudar de su personalidad y de su sentido de la realidad con el fin de quebrarle. Este episodio lleva por tanto hasta sus lógicas y últimas consecuencias las ideas sobre la duplicación y los dobles que ya se habían apuntado con anterioridad en la serie, especialmente en Free for All. La duda, la paranoia que se va cerniendo sobre Número 6 durante su cautiverio llegan aquí a extenderse hasta él mismo. Y con esta alambicada maquinación, el episodio explora uno de los temas pilares de El Prisionero. El de la identidad.

Como Rock Hudson en Plan Diabólico (John Frankenheimer, 1966), Número 6 se despierta trocado en un extraño, retocado, reconfigurado, condicionado psicológicamente hasta el detalle. Todos se refieren a él como Número 12, un agente secreto de extraordinario parecido con el “autentico” Número 6. Y sin embargo, los hábitos ajenos conviven con los recuerdos de haber sido el prisionero. Reducido a un ser débil y confuso, repleto de dudas, es obligado a reconvertirse en si mismo para después oponerse a un bastión de seguridad y confianza: El nuevo, el otro Número 6, a quien en cambio se le trata como la versión genuina. El prisionero, como Bob Arctor en A Scanner Darkly se vigila a si mismo, en un sentido literal, y se cuestiona quién es realmente mientras contempla como su copia le “roba el alma”, le desprecia, le arrebata líneas, se burla de su ingenio prestado y hasta es sometido a un interrogatorio como el que él mismo sufriría.

 

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La aparición de dobles es muy común en televisión (y el episodio juega incluso a burlarse de ese cliché). Es el caso de series coetáneas de El Prisionero, como Los Vengadores o Star Trek (en la que también se emplea vello facial para marcar a las copias de la tripulación del Enterprise), o de otras más recientes como El Equipo A o El Coche Fantástico (por cierto que Gareth Knight, gemelo de Michael, también viste de blanco, como el falso Número 6; Sometimes Good Guys Don’t Wear White, que dirían The Standells). Estos dopplegangers suelen pertenecer por lo general a la clase de los “gemelos malvados.” Constituyen un reverso tenebroso de los personajes principales, un espejo en el que éstos se miran, un contraste que suele servir tan solo para subrayar lo heroicos y benevolentes que son los protagonistas habituales. The Schizoid Man proporciona un malévolo giro a este argumento, pues el doble de Número 6 resulta ser él mismo. Una versión pluscuamperfecta, manierista. Más exacto, más punzante, más resuelto y hasta más repelente. Y cuando nuestro Número 6 enfrenta a él, sale humillantemente derrotado. Se ha convertido en su propio doble maligno, en su propio enemigo, porque el éxito de la misión que le encomienda La Villa representara su propio éxito.

Frente a la angustia de la libertad, elegimos ser alguien. Frente al vacio de la existencia, diría Sartre, optamos por una identidad. Y así nos hacemos profesores o barrenderos o prisioneros. Nos definimos en cuanto a roles, roles que creamos desde la nada absoluta o roles que adoptamos de otros. Número 6 es El Prisionero, es el cautivo indomable y con “fuerte sentido de territorialidad”. Tan solo un detalle, un mínimo detalle descuidado le ayudará a restablecer su personalidad, a enfrentarse a su sosias y tomar de nuevo posesión de si mismo. Pero el plan de La Villa consigue parcialmente su objetivo, pues por primera vez el prisionero abraza su rol como tal, incluso busca ser llamado por su cifra. Al extraernos de nosotros mismos, al colocarnos frente al espejo, comprobamos que el valor de nuestra identidad es el de una simple silueta que podría corresponder a cualquier otro ser humano y así corremos a abrazarla.

En el episodio también aparece la joven Allison, personaje cercano a Número 6 y a la que curiosamente apenas se la refiere por su número. En primera instancia podríamos colocarla en la larga retahíla de caractéres femeninos de los que Número 6 aprende a desconfiar durante la serie. Aunque mínimamente desarrolladas, como sucede con prácticamente todos los personajes que no son el prisionero mismo, estas “malas mujeres” siempre buscan obtener algo de él, siempre tienen algo que ocultar. Aunque Alison no constituye una excepción a ese respecto, hay algo que la diferencia del resto. Su juventud, su carácter benigno, su inocencia, pese a la traición. Y es que en El Prisionero aparecen muy pocos personajes jóvenes, pero éstos siempre representan una fuerza positiva. No en vano el propio McGoohan, aunque en cierto modo representaba modos tradicionales, tecnófobos (“I’d rather be convinced by a human being than by a piece of machinery”) y opuestos a la modernidad, creía que la juventud era la auténtica fuerza motriz del cambio social que él anhelaba. Y aunque sus escenas juntos no podrían ser menos románticas (de nuevo, las férreas convicciones de McGoohan obligaron a eliminar una escena con beso), existe una juguetona relación (casi parece que Número 6 rechaza los avances de la joven) y una calidez entre ellos como no se verán en ningún otro momento de la serie.

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Este episodio introduce de nuevo temas muy propios de los 60. Por un lado el de las percepciones extrasensoriales o ESP, manifestado en el personaje de Alison y el uso de las cartas zenner. Es curioso comprobar que el que la joven posea la facultad de adivinación o una conexión “especial” con Número 6 sea aceptado por prácticamente todos los personajes de un modo natural. Y aunque Alison se refiere al hecho de que nadie en el festival local creerá en sus poderes (“they lack imagination” responderá Número 6), ésta tiene sobre su mesilla un libro titulado The Mind Reader.

Por otro lado, reaparece la temática del control mental, pero en esta ocasión referida a las técnicas de condicionamiento psicológico mediante estímulos, castigos y recompensas. Los métodos severos que los médicos de The Village emplean para conseguir que Número 12 se convierta en zurdo o que ame los flapjacks en el desayuno son análogos a los de la Técnica Ludovico empleada con Alex en La Naranja Mécanica. De hecho, Número 6 consigue revertir el proceso utilizando un electroshock casero. Y es que es preciso recordar que desde los experimentos de Pavlov en los 40 (con el perrito y la campana) el conductismo, radicalizado más tarde por Skinner, gozaba de gran predicamento. Pese a las intenciones conductistas de despojar al ser humano de culpa y miseria, la alarma de Anthony Burguess ante esa tecnificación de la psicología era generalizada ya durante los 60. El mismo McGoohan, que participaba de esta ansiedad, llegó a declarar en una entrevista en 1968 que “la inquisición de la mente por parte de los psiquiatras es mucho peor que el asalto al cuerpo por parte de los torturadores”. Como veremos en próximas entregas, El Prisionero retratará una y otra vez a la psiquiatría como instrumento fundamental en la búsqueda de la conformidad social.

La otra fuerza de conformidad de La Villa es Rover, quien tiene cierto papel protagonista en este episodio. Le vemos patrullar las calles por la noche y atacar a Curtis, el falso Número 6, con una aparente arbitrariedad, tan solo porque éste da la contraseña en segundo lugar. Número 6 habría podido ser su victima también, un descuido que contrasta con los esfuerzos que las autoridades de The Village depositan en no dañarle de forma permanente. Esto sugiere, como han señalado muchos comentadores, que Rover representaría a Número 0, el vacio, una fuerza de la naturaleza descomunal y desatada que ni siquiera las autoridades de La Villa pueden controlar completamente: Número 2 pide a gritos que se le desactive, y como vimos en Free for All, esbirros humanos parecen vigilarle. Una vez desencadenado no parece haber mucha programación posible; Rover se convierte en un horror sobrenatural, en un mal sin razón.

Dime qué Número 2 prefieres y te diré quién eres. Gracias al maravilloso guión de Terence Feeley (quien además de escribir para El Prisionero The Girl Who Was Death, fue responsable de dos de los episodios mas psicodélicos de UFO), el Número 2 interpretado por Anton Rodgers es uno de los que mayor profundidad goza en la serie. Un hombre tranquilo, encantador, de sutilezas en ocasiones sarcásticas (“you hardly recognize yourself, eh, Number Twelve?”), en otras sexualmente ambiguas. Mantiene al parecer una sólida amistad con Curtis del que conoce detalles personales que utiliza cuando trata con el prisionero una vez este se ha convertido en Número 12. Y sin embargo también muestra claros síntomas de personalidad autoritaria, propias de un funcionario relegado “al trabajo administrativo.” Por un lado ridiculiza a los jefes de Curtis mientras sigue a rajatabla las instrucciones de “los amos”. Por otro, despliega cierto desdén y crueldad hacia sus subordinados: Cuando se simula un error en el plan tras el fallido test con las cartas zenner, no duda en cargar las terribles consecuencias del fracaso sobre uno de los doctores a cargo en vez de en su auténtico responsable, Número 6. Más tarde, trata de forma despectiva al mayordomo enano mientras este le está realizando un masaje.

Orden ¿Qué orden? En The Schizoid Man podemos ver como el prisionero, aunque más establecido en La Villa (mantiene una relación cordial con Allison, por ejemplo) aún conserva cierta resistencia a ser considerado como Número 6 (“You’ll have an awful job convincing me that I am your Number Six”) y que será finalmente vencida durante el capítulo. Las técnicas que se emplean para doblegarle con similares a las usadas en Free For All, pero mucho menos invasivas que las de A, B & C. Por otro lado, Número 6 tadavía muestra deseos de escapar y de hecho lo intenta. Todos estos elementos junto con la inteligente trama destinada a romper su voluntad situarían a este quinto episodio en algún lugar entre aquellos dos.

El detalle: Durante el interrogatorio al que se somete a Curtis, éste comienza a gritar desesperadamente que él es el verdadero Número 6. Se utiliza para extraerle información zumbidos y una luz circular, forma recurrente en la serie, proyectada sobre el centro de su frente, como ocurría de modo similar con las sombras que aparecían en el Test de la Verdad durante Free For All.

 

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¿Dónde puedo ver este episodio? Aquí.

4 comentarios en “S01, EP05 - The Schizoid Man”

    Ñbrevu :

    Impresionante este episodio, enésima vuelta de tuerca inesperada a los métodos de ruptura de la resistencia y con un efecto interesante, el de que Número 6 desee al fin ser llamado como tal, por oposición a su nuevo papel de número 12. Da una idea de lo potente que es la psicología inversa bien usada.

    Cuando vi este episodio me sorprendió muchísimo que Alison fuera llamada así, en lugar de con un número. ¿Verdad que es extraño?

    La idea de que los psiquiatras (o psicólogos) son un agente homogeinizador del sistema es interesante, y no es la primera vez que la veo planteada.


    Dr. Zito :

    Asi es. No es descabellado pensar que este episodio es un punto de inflexion en la serie. Quiza el momento en el que Numero 6 comienza a olvidarse de verdad de escapar y prefiere abrazar su identidad y explorar La Villa.
    Y si, en los 60 se gesto un fuerte movimiento anti-psicologia. Skinner en Walden Dos habia prometido la utopia. Pero aquella era como para echarse a temblar…


    Victor K :

    Estimado Dr. Zito.
    Su reflexión sobre la naturaleza de Rover ha vuelto a ponerme tras la pista de las conexiones entre la Villa y la isla de Perdidos, ya que, en esta última el papel de Rover sería representado por la “nube negra” ( o necrosfera, tal y como la bautizo el maestro Lem en su extraordinaria novela El Invencible en donde presentaba, decadas antes de la mediocre Presa de Chrichton, un organismo enjambre compuesto de diminutos robots que actuaban como una autentica fuerza de la naturaleza.) Guardian de los secretos de la isla y monstruo heredero de la criatura del It del Planeta prohibido y descendiente directo por esta linea del Caliban de la Tempestad de Shakespeare.

    Sabiendo que no es usted seguidor de las peripecias de los supervivientes del vuelo 815 de Oceanic y no queriendo aburrirle con disertaciones terriblemente redactadas me despido, agradeciendole una vez más la labor que desempeña cartografiando la compleja geografía de una de las obras más desconcertantes de la mal llamada (o bien llamada, siempre dependiendo de quien lo diga y el tono que emplee) cultura popular.

    Un saludo cordial desde más allá del vortice temporal.


    Dr. Zito :

    Don Victor, no aburre usted. Sus referencias son interesantisimas, sea yo o no fan de Lost, y por lo que cuenta muy pertinentes. Yo le animaria a que escribiera usted un post en su blog al respecto desarrollando estas ideas. Si lo hace aviseme y lo linkare aqui.


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