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The Prisoner - S01, EP07 - Many Happy Returns

Dr. Zito, May 5th, 2008

Silencio. El silencio absoluto. La sorda interrupción de la rutina que se niega a desplegarse ante nosotros del modo acostumbrado, pautado; el desayuno, la ducha, el bullicio. Somos lo que hacemos. Las costumbres que adoptamos, nuestro trato con los demás y hasta cómo elegimos ignorarlos. Cuando al otro lado del teléfono nadie nos atiende, cuando las mesas yacen en los cafés vacíos y el viento es lo único que escuchamos, cesamos, dejamos de existir, caemos en el sueño, pues al soñar perdemos los asideros que nos soportan y nos despojamos de nosotros mismos. Cualquier cosa puede ocurrir entonces. Nos sentimos capaces de conquistar todo lo que nos propongamos, lo que ansiamos. Huir. Escapar. Volver atrás en el tiempo. Reunirnos con nuestro pasado. Rescatar aquello que fuimos. Y sin embargo el sueño siempre cumple sus propios designios. El sueño de la razón produce monstruos y con ellos nos encontramos al dar la vuelta a la esquina de la calle que un día fue la nuestra. Nuestros propósitos se tuercen, se pierden por sendas inesperadas, y nos despertamos casi con el alivio, en la realidad que nos define y encauza.

Many Happy Returns. Bienvenido.

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Many Happy Returns es el episodio más feérico de El Prisionero. Que su desarrollo será inusual ya lo anuncia la segunda parte de sus créditos, durante los cuales no aparece el habitual plano del nuevo Número 2. Lo cierto es que resulta prácticamente imposible aprehenderlo con las herramientas acostumbradas. No encontrarán hoy aquí prolongados desarrollos de referencias, conexiones o profundos significados. No hay revelaciones o influencias de la época que ayuden a analizarlo. Porque Many Happy Returns es una fabula, un cuento de Hans Christian Andersen que comienza con un silencio de 22 minutos. Porque Número 6 se despierta en una Villa desierta, como en el episodio Where is everybody? de The Twilight Zone, y visita sus costumbres y sus lugares comunes sin encontrar un alma. Porque sin oposición diseña un simple plan y escapa, y tras una odisea regresa a su antigua vida. Y porque al hacerlo despierta al clamor de su propia contingencia.

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En la atronadora ciudad, Número 6 descubre que se han borrado las trazas de su existir, que el mundo ha continuado ajeno a su ausencia, que su identidad ha sido tomada por otros, incluidos los objetos que la definían, como su hogar y su coche. Visita su anterior domicilio en el número 1 de Buckingham Place y allí se encuentra con Mrs. Butterworth (Georgina Cookson, quien ya aparecía brevemente en A, B, & C), una mujer madura, aguerrida y resuelta, que mantiene hacia él un evidente interés. Número 6 (ahora Peter Smith, único nombre que le será atribuido en toda la serie) se comporta con ella primero con el orgullo propio del mendigo altanero, antaño príncipe, y después como un crío atribulado, a la vez avergonzado y agradecido por la ayuda que su anfitriona le concede. Para el espectador constituye una gozada, un retorcido placer, contemplar al siempre autárquico y autosuficiente Número 6 por una vez vulnerable y humano, conmovido porque finalmente alguien le cree.

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Pero retomar su vida le resulta extraño. El déjà vu es constante. El exprisionero explora su propia, su auténtica morada, y le resulta difícil distinguirla de su copia en La Villa: El recibidor ajedrezado, la alfombra de tigre, la ventana desde la que divisó por última vez aquellos enormes edificios justo antes de desvanecerse. Solo el rugir de su recobrado Lotus 7 parece devolverle a su verdadero ser. Después habrá conversaciones recelosas con sus jefes. Un avión, una búsqueda, y un forzado salto en paracaídas. Y tras todo ello le espera la revelación sorpresa. El re-reencuentro. Su verdadero hogar, que se despabila cálido y rutinario en su presencia. El silencio que se quiebra cuando La Villa vuelve mágicamente a la vida, como si nada hubiera sucedido. Un gigantesco prank, una broma pesada y cruel, diseñada para él. solo para él, con el fin de romperle, desmoralizarle, disminuir su importancia, para demostrar una vez más que no hay futuro ni horizonte, que todo lo que Número 6 es y será por siempre tendrá su origen y destino, su principio y muerte, en The Village.

Many Happy Returns. Bienvenido.

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¿Dónde estará mi Villa? Este episodio provee nueva información sobre la geografía y localización de La Villa. Como avanzaban los mapas que aparecían en Arrival, ésta se encuentra rodeada por una impenetrable cordillera montañosa que hace imposible la escapada por tierra. Si bien en The Chimes of Big Ben se la situaba en la costa del Báltico, aquí los precisos cálculos de las autoridades navales, certificados por el vuelo final de reconocimiento, la colocan en algún lugar de la costa de Portugal, Marruecos o España. Esta inconsistencia espacial podría explicarse si entendemos que dado que lo ocurrido en el segundo episodio constituyó un puro montaje, los detalles de aquella estratagema debían de ser también ficticios. Sin embargo, los eventos del último episodio volverán a negar lo aquí dicho. Esto junto con la deliberada exclusión de la escena del triquetrum del montaje inicial de The Chimes of Big Ben nos hace concluir que La Villa no se encuentra en ninguna parte y a la vez en todas.

Por otro lado, el vacío de La Villa, las escenas en las que el prisionero pasea por ella desconcertado constituyen una ocasión excelente para contemplar su arrebolada arquitectura. En el mundo real The Village se encuentra situada en Port Meirion, Gales. Fue construida por Sir Clough Williams-Ellis, quien a lo largo de cincuenta años amalgamó en ella los edificios caídos y abandonados de estilo vagamente mediterráneo que iba encontrando en sus viajes por el Reino Unido. El resultado fue un collage arquitectónico (aún en progreso durante el rodaje de El Prisionero) cuyos flamboyantes diseños, intrincadas geometrías y laberinticos dibujos ayudaron a otorgar a la serie una permanente aura de irrealidad. En especial son los momentos en los que la vemos deshabitada, como en el comienzo de este episodio o de Arrival, cuando Port Meirion se erige ante nosotros fabulosa y fascinante. Y no lo olviden. Cuando esta serie de reseñas termine, servidor organizará un viaje hasta allí al que espero se unan todos ustedes.

¿Orden? ¿Qué orden? Many Happy Returns, el segundo guión de Anthony Skene para El Prisionero tras A,B, & C, fue concebido como el season finale, como última pieza de un primer bloque de trece episodios. Por eso el episodio constituye una nueva visita a los temas y elementos de Arrival y The Chimes of Big Ben. Casi se diría que se compone de una trabajada combinación de escenas procedentes de ambos capítulos: Como en Arrival, Número 6 sube al campanario y el frenético montaje resulta casi calcado al del primer episodio. Sin embargo allí no le espera una estatua como entonces. Hasta ellas han abandonado La Villa. Después, al volver a Londres, ya asentado en su antigua identidad, Número 6 reconstruye el itinerario que contemplamos en los títulos de crédito. Como en aquel lejano día de su dimisión, entra en el parking cercano a Westminster e irrumpe en la misma habitación en la que “M”, de nuevo George Markstein, se sienta en su escritorio de espaldas a un mapa subtitulado “El Mundo”. Como en The Chimes of Big Ben, Número 6 escapa por mar en una lancha construida por él mismo, en una escena que emplea la misma sintonía y casi los mismos planos que en aquella ocasión. Y también de análoga forma, se encuentra con sus antiguos superiores, quienes desconfían de su historia en idénticos términos. Por eso, en previsión de ese escepticismo, Numero 6 fotografía La Villa y acumula pruebas de su existencia.

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¿Cómo habría sido la segunda temporada de El Prisionero? La idea original de Markstein, su visión para la serie, era que tras los eventos de Many Happy Returns, Número 6 comprendiera que La Villa era el mundo entero y que resulta por tanto imposible escapar de ella. Así lo afirmaba él mismo, con cierto tono amargo, en el transcurso de una reveladora entrevista:

The Prisoner was going to leave the Village and he was going to have adventures in many parts of the world, but ultimately he would always be a prisoner. By that I don’t mean he would always go back to the Village. He would always be a prisoner of his circumstances, his situation, his secret, his background … and THEY would always be there to ensure that his captivity continues.

Por tanto, la eventual segunda temporada seguiría a Número 6 enfrentándose con sus captores, con sus secretos tentáculos, en diversos lugares del mundo. Pero McGoohan tenía otros planes. Jamás contempló la posibilidad de seguir por aquellos derroteros. Él prefería potenciar los elementos alegóricos que ya poblaban profusamente la serie. durante el rodaje del episodio Once Upon A Time, las diferencias entre ambos se hicieron insalvables, de tal modo que tras Many Happy Returns George Markstein abandonó el proyecto. Como veremos al comentar los cuatro episodios producidos con posterioridad a este, su marcha tuvo serias repercusiones sobre El Prisionero. Buena parte del equipo decidió abandonar con él. McGoohan, ahora con el completo control creativo en sus manos, carecía de la energía suficiente para acometer por si solo una segunda temporada. Lo intentó. Él y David Tomblin llegaron a solicitar ideas para nuevos guiones a los miembros restantes. Pero el resultado fue casi siempre deficiente. Lo cierto y verdad es que la tensión creativa entre Markstein y McGoohan, la involuntaria alquimia de sus mentes, había generado la auténtica esencia de El Prisionero. Sin el pragmatismo del primero, sin unos guiones brillantes, la autoindulgencia y el hastío de McGoohan terminarían por precipitar la serie a los marasmos más pantanosos del surrealismo.

Carteles y eslóganes: Con menos intencionalidad que en anteriores ocasiones, durante el episodio podemos encontrar un par de interesantes carteles. En particular, en el que segundo que encontrarán más abajo parece calcado a otro que aparece en el maravilloso y desconocido musical infantil Los 5000 dedos del Dr. T (Roy Rowland, 1953) basado en la obra del Dr Seuss, claro referente de Los Simpson por cierto. Puede que sea por pura casualidad, pero el ideal libertario del Dr Seuss, el hecho de que en aquel film la madre de Bart sea el Número 2 del malvado Dr Terwiliker y que los 500 niños a los que hace referencia el título reciban un número sugieren que la similitud no es casual.

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Y también amansa a las fieras.

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Te debo 964. Fdo, ¿Número 6?

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Bart Simpson no habría sido tan educado.

El detalle: Con el fin de llevar un diario de viaje, Número 6 utiliza un ejemplar del Tally Ho! para realizar sus anotaciones. Su titular es un genérico “What are facts behind Town Hall?”, un por fuerza falso reportaje de investigación sobre un tema del que sabemos con certeza que nada cierto puede ser averiguado.

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La curiosidad: Hemos visto (y veremos) cómo El Prisionero toma constantemente referencias de obras de la “alta” cultura. Pero como obra eminentemente pop, la serie también sabe entremezclar con ella otros elementos en teoría menos sofisticados. En este episodio, el lechero que se infiltra en la base aérea desde la cual Número 6 inicia su búsqueda de La Villa, se inspira claramente en la escena inicial de Carry On Spying (Gerald Thomas, 1964), novena entrega de la larga serie de comedias británicas Carry On, aproximada mezcla entre la saga Scary Movie y nuestro cine de Pajares y Esteso. Obras de presupuesto e intenciones muy limitadas, pero repletas de un humor paródico, cabaretero e inocente capaz de hallazgos como este.


¿Dónde puedo descargar este episodio? Aquí.

3 comentarios en “S01, EP07 - Many Happy Returns”

    mycroft :

    No estoy demasiado de acuerdo con que la serie decaiga tras la espantada de Markstein. Si lo estoy con que McGoohan se vió desbordado, y precipitado a una salida hacia delante en pleno egotrip. Pero creo que ese punto de no retorno benefició la serie y su final.


    Dr. Zito :

    Mycroft, gracias por su comentario. Tengo sensaciones ambivalentes al respecto. Un par de episodios de la era post-Markstein fueron muy flojos. Pero sin ese final McGoohan, El Prisionero no seria lo que es.
    Tiene razon, deberia haber matizado el doble efecto de la espantada de Markstein.


    mycroft :

    Estupendo analisis por cierto. A mi tambien hay algun capitulo que no me cuadra (el del far west por ejemplo).
    Pero si se hubiese dilatado también habría habido algún capitulo de relleno. No me imagino una segunda temporada, sinceramente.


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