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The Prisoner - S01, EP09 - Checkmate

Dr. Zito, July 21st, 2008

Entra Rover y la pacífica atmósfera de La Villa se detiene. Ajeno al centinela, un hombre con bastón, Número 14, continúa caminando. Intrigado, Número 6 le sigue hasta llegar al césped central donde se prepara una partida de ajedrez con humanos como piezas. Como en Alicia a Través del Espejo, la reina blanca propone al prisionero ser su peón… Aparte de la evidente influencia de Lewis Carroll, la idea central de Ceckmate, la del ajedrez humano, se le ocurrió al guionista Gerald Kelsey durante una visita a Alemania en la que comprobó como un barón local utilizaba a sus criados como piezas (algo que Kelsey luego trasladaría casi literalmente pues Número 14 resulta ser un exconde con ese mismo hábito). El juego del ajedrez sirve de metáfora que articula el episodio y le permite explorar tres diferentes vertientes de la vida en La Villa.

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La más obvia casi parecería sacada de Mi Primer Kit Simbolista™: Los habitantes de La Villa, Número 6 entre ellos, son todos peones en un juego entre fuerzas que no conocen ni comprenden. Poderes ocultos que juguetean con sus vidas a su antojo, con propósitos arcanos, como ya sentenciaba el exalmirante en el último instante de Arrival: “We are all pawns, my dear.” Ya seamos personas normales y corrientes, representadas por el diminuto mayordomo, sofisticados espías, en línea con la cínica visión del mundo del espionaje que tenía George Markstein, o incluso héroes griegos, como ocurría en Jasón y los Argonautas (1963), que curiosamente fue también dirigida por el responsable de este episodio, Don Chaffey. Todos formamos parte con mayor o menor conocimiento de una partida dirigida por poderes que nos sobrepasan. Y más nos vale seguir las reglas. No obstante, a pesar de lo transparente del símil, esta línea de Checkmate nos regala un momento delicioso, el momento en el que Número 2 y el supervisor comentan que Número 6 es tan solo un peón en peligro de caer ante el más mínimo error aunque esté protegido por la reina. Y resulta difícil discernir si están hablando del devenir de la partida que observan en la pantalla o de la situación general del prisionero en La Villa. Si ese es el caso, ¿quién es esa reina que le protege?

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Jasón, también peón de los caprichosos dioses.

Pero hay una segunda jugada aún más interesante y que dota de verdadera emoción al episodio. Número 6 elabora un plan de fuga para el que necesita contar con el apoyo de un puñado de sus conciudadanos. Sin embargo antes de acometerlo ha de saber con quién puede contar y con quién no. Y eso supone tener que separar guardianes de prisioneros, blancos de negros. Una tarea de limpieza que ya resonaba en uno de sus discursos políticos en Free for All. Para ello aplica una (demasiado) simple metodología: Quienes respondan a sus inquisitivas preguntas de manera altiva porque le saben prisionero, son guardianes. Quienes por el contrario le respondan de manera sumisa son cautivos. Y a partir de ese punto se produce el mayor gozo del episodio: Contemplar cómo Número 6 va manejando los hilos, temiendo ser traicionado, cómo va dirigiendo a sus compañeros de fuga, casi manipulándolos, preparando meticulosamente la escapada, siguiendo un plan que sólo existe en su cabeza. Número 6 se erige pues en un ajedrecista (pese a que declare lo contrario durante la partida con piezas humanas). Y precisamente su despliegue de arrogancia y autoritarismo será en última instancia la razón de su caída.

Este fracaso lanza además un tenebroso mensaje sobre la naturaleza dual del líder, una ambivalencia que ya apareció en Free for All cuando al convertirse en el nuevo Número 2, Número 6 decretaba “Obey me and be free!” Y es que, aunque con propósitos benignos, para elevarse de la masa de medianías conformistas, para llevarlas a las metas deseadas, el líder tal vez ha de adoptar los modos de sus enemigos. Incluso llega a intuirse que el prisionero traiciona sus principios y opta por dejar atrás a sus compañeros de escapada cuando ve la libertad al alcance de la mano. Checkmate nos deja por tanto abierta esa pregunta: ¿Cuán distinto de sus adversarios es Número 6 si su liderazgo necesita para triunfar actitudes totalmente opuestas a sus fines?

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Pero hay un tercer aspecto a través del cual la partida de ajedrez se enmarca en la realidad global de La Villa: La terapia. Cuando Número 6 pregunta a Número 14 por qué se utilizan personas como fichas, éste responde que los psiquiatras lo emplean como forma de satisfacer los deseos de poder de sus habitantes/pacientes. Sin embargo, esta terapia funciona dentro de unos estrictos límites, límites que La Torre rompe. Hay que destacar que éste no es detenido y hospitalizado para su rehabilitación por desviarse de manera fundamental (como el prisionero haría) de las reglas de La Villa, sino por su “culto al individuo,” por actuar sin seguir ordenes, por tomar la iniciativa. Su movimiento de jaque era correcto, pero su excesivo entusiasmo le llevó actuar sin órdenes, antes de tiempo.

Este aspecto sirve para que El Prisionero se convierta de nuevo en vehículo de crítica a la psicología invasiva en general, y al conductismo en particular. Si ya en The Schizoid Man, se aplicaban técnicas pavlovianas de condicionamiento clásico sobre Número 6 para convencerle de que él no era él mismo, aquí se utiliza el condicionamiento operante para conseguir que La Torre regrese al redil social. Desarrollado por B.F. Skinner (Walter no; ese es el de Los Simpsons), el conductismo operante se diferencia del clásico en que los estímulos positivos o negativos no se aplican como antecedentes a una conducta o reflejo (la campana que anuncia que se coloca la comida al perro y que le induce a salivar), sino a sus consecuencias. Así, como sucede aquí con La Torre, se somete al sujeto a un estimulo adverso (la sed insaciable), que sólo cesa una vez que el sujeto ha llevado a cabo la conducta que se pretende generar (obedecer las instrucciones que se le dan). Es lo que se conoce como aprendizaje por evitación, que por cierto se encuentra en la base de muchas creencias supersticiosas o inverificables, y que Solomon y Wynne (y no Pavlov como se afirma en el episodio) investigaron mediante experimentos con perros durante los 50. Así La Torre aprende mediante esta terapia que si se desvía del camino que se le indica, el estímulo negativo puede regresar. Aún así, irónicamente, su fallida “curación” y su consiguiente vuelta a la iniciativa propia, que como él mismo confiesa le hizo dar con sus huesos en La Villa, terminará restituyendo el orden establecido.

También vemos cono Número 6 es sometido a un test de libre asociación de palabras, prueba defendida por Jung como forma de hacer aflorar los complejos del inconsciente. Durante la prueba vemos emerger, aparte de la preciosa asociación “esperanza-ancla”, la cínica visión que del amor tiene Número 6, una visión que constituye además otro de los subtextos del episodio: El amor como un juego, como un juego del perro y el gato, como de hecho se escenifica en la persecución de cochecitos entre Número 8 (La Reina) y Número 6. Esto se enlaza con la otra terapia invasiva que sucede durante el episodio: La Villa explota el aprecio que Número 8 (de nuevo una mujer, como en The Chimes of Big Ben), pronto desarrolla por Número 6, y le lava el cerebro con el fin de que ame apasionadamente al prisionero y crea ser correspondida. Ironicamente, La Reina se convierte así en el personaje menos poderoso de todos los que aparecen en el episodio. Se la programa incluso para que, en un gesto típicamente femenino, llegue a traicionar a su “amado” si eso le puede salvar de su (masculina) obsesión con la fuga. Así podemos ver en conjunto que en Checkmate se iguala al amor con una forma de locura servil, de entrega bovina, con una forma de control que por definición violenta la naturaleza (ideales, independencia) del ser amado. Y esa visión desengañada nos regala otro de los mejores momentos del episodio: La estampa casi matrimonial de Numero 6 y Número 8, él bebiendo el chocolate caliente que ella ha preparado, ella preguntándole qué tal le ha ido el día, la discusión posterior y la consiguiente reconciliación.

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¿Orden? ¿Qué orden? Uno de los primeros guiones en ser escritos, Checkmate parece pertenecer a una etapa bastante temprana de la presunta cronología de El Prisionero. Número 14 sentencia que Numero 6 debe de ser nuevo en La Villa dada la enorme cantidad de preguntas que formula. También parece que el examen psicológico al que se le somete debe de ser el primero. Pero esto nos lo indica más claramente el que Número 6 aún crea que puede confiar en los habitantes de La Villa. Por ejemplo, toma sin dudar el chocolate que le prepara La Reina, algo que no sucederá con frecuencia más adelante una vez el prisionero haya comprobado que las bebidas nocturnas suelen ser fuente de problemas. Pero sobre todo, Número 6 todavía cuenta con sus conciudadanos para poder escapar. Su idea de separar grano de paja es extremadamente poco sofisticada. Su consiguiente derrota se traducirá en posteriores episodios (aunque anteriores en el orden de emisión) en un casi total desprecio hacia sus conciudadanos, como por ejemplo el que mantenía hacia el general en The Chimes of Big Ben (otro episodio donde también aparecía el ajedrez, por cierto).

Por ello podemos concluir que Checkmate debe de ser posterior a Dance of the Dead, pues Número 2 parece conocer ya la recalcitrante resistencia de Número 6. Y sin embargo debe de ser anterior al resto de episodios, en particular a Free for All, no solo por la referencia a guardianes o prisioneros sino también porque durante la prueba de asociación de palabras, a la palabra “Free” él responde “…for all.” Curiosamente, aunque Checkmate sea un episodio temprano, este será el último en el que la trama gire alrededor de un intento de escapada y también el último en el que Número 6 es derrotado.

Dime qué Número 2 prefieres y te diré cómo eres. Siniestro y seductor, encantador pero duro en el fondo, este Número 2 de ojos maquillados es el más cercano a un supervillano que aparece en la serie. Trata al individualismo como una enfermedad curable con una simple sesión de terapia, como si se tratara de llevar al mecánico un coche que no carbura bien. No muestra ningún resquicio en su obediencia a la autoridad y tiene un acercamiento práctico hacia ella, pues parece aceptar el hecho de que la conformidad social es inevitable (“In society one must learn to conform”, sentencia) y que solo a partir de ahí puede uno desarrollar su propia vida (él, por ejemplo, pinta y practica karate). Pero este Número 2 es también célebre porque Peter Wyngarde, el actor que lo encarna, interpretaría a continuación a Jason King, un escritor de novelas de crímenes metido a investigador, en la exitosa serie Department S. Wyngarde más tarde protagonizaría su propio spin-off, Jason King, que le convirtió en un icono sexual de los primeros 70. Incluso lego a grabar un disco homónimo en el que, cosas de la época, en vez de cantar, “recitaba” a lo William Shatner.

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El detalle: Ya hemos mencionado en varias ocasiones la proliferación de dobles en El Prisionero, como por ejemplo el caso del jardinero/electricista de mono marrón de Arrival o el periodista/vendedor de periódicos de Free for All. En Checkmate, si observamos con atención, podremos comprobar cómo el adversario de Número 14 en la partida de ajedrez aparece en la misma con idénticos ropajes actuando como alfil. Lo único que diferencia a ambas réplicas es el color de su identificación numérica, blanco vs. negro, cómo no.

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La curiosidad: También hemos mencionado con frecuencia la “conexión Welles” de El Prisionero. En 1955 el bueno de Orson quedó impresionado con la actuación de McGoohan en la obra de teatro Serious Charge, le contrató para su montaje en Moby Dick Rehearsed (donde además coincidió con el gran Christopher Lee) y desde entonces se convirtió en su mentor. Aparte de la importante influencia artística, la deuda con Welles alcanza otros niveles más modestos. George Couloris, quien en este episodio interpreta a Número 14, el hombre el bastón, fue otro actor del círculo de Welles. Couloris formó parte del mítico Mercury Theatre y apareció en Ciudadano Kane como Park Thatcher, el guardián de las finanzas de Kane.

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¿Dónde puedo descargar este episodio? Aquí.

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