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The Prisoner - S01, EP10 - Hammer into Anvil

Dr. Zito, August 18th, 2008

In real life it is always the anvil that breaks the hammer,”
George Orwell.

Se suele colocar a Hammer into Anvil junto con The General o Checkmate en el conjunto de episodios más livianos de El Prisionero. Su trama sencilla y lineal, su representación de La Villa como distopía casi exclusivamente orwelliana o su falta de elementos alegóricos suelen presentarse como pruebas de cargo de esa presunta simplicidad. Sin embargo, Hammer into Anvil is more than meets the eye, que dirían los Transformers. Son cincuenta minutos vibrantes, de ritmo frenético y construcción dramática envidiable, pero también de socarrona comedia. Cincuenta minutos poblados además de reflexiones sobre las posibilidades de resistencia en sociedades obsesionadas con el control y por tanto de una vigencia gigantesca cuarenta años después de su primera emisión. En definitiva, un gozo para cualquier espectador exigente como usted.

Hammer into Anvil arranca con una magnífica escena en la que Número 73, una bella joven postrada en la cama del hospital, es interrogada acerca de su marido por una siniestra voz. Durante unos segundos no vemos a quién pertenece ¿Alguien se encuentra junto a ella en la estancia? ¿Se la cuestiona a través de un altavoz? De repente surge la presencia ominosa de Número 2, quien le muestra una fotografía de su esposo con otra mujer. Cansado de esperar una respuesta, se acerca a ella, ladino y terrible como un nosferatu. No vemos qué ocurre a continuación, tan solo cómo Número 6 tras escuchar sus gritos corre a intentar salvarla. Antes de que pueda evitarlo la joven salta por la ventana. ¿Asesinato? ¿Suicidio inducido? No queda claro. Pero Número 6 se juramenta para hacer que Número 2 pague por ello.

Como dejó claro Grant Morrison en Los Invisibles, el mal utiliza siempre nuestras flaquezas como punto de apoyo para hacer palanca y poseernos. Así el malvado Número 2 utiliza la infidelidad del marido de Número 73 para intentar extraerle información. Por eso resulta inquietante que Número 6 emplee para vengarse un plan de similar corte: Utilizar el miedo de Número 2 hacía sus superiores para derrocarle. A partir de esa decisión, Hammer into Anvil se convierte en un juego del ratón y el gato, en una sucesión de triquiñuelas que Número 6 va tramando para hacer creer a su enemigo que sus amos dudan de su estabilidad y eficacia. Número 2, cada vez más nervioso e irritable, comienza a desconfiar de todos los que le rodean, a sospechar que forman parte de un complot montado contra él por Número 6, al que toma por un informador enviado para espiarle. La creciente fragilidad de Número 2 crea momentos especialmente cómicos, como por ejemplo la desactivacion de la falsa bomba-cuco o cuando ordena que se descifre un mensaje en morse que Número 6 ha enviado no se sabe a quién y que resulta ser la letra de Patty cake, una canción infantil, a lo que Número 2 responde “It must be a special code!”. Todas estas sospechas, burlas y engaños, se van acumulando sobre él hasta que se quiebra, las tornas se invierten y el martillo se convierte en clavo.

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Por su construcción, Hammer into Anvil otorga a Número 2 un protagonismo insólito hasta este momento. Como ya hemos mencionado en previas entregas, muchas tramas de El Prisionero sugieren que La Villa entera orbita en torno a Número 6. Sin embargo en este episodio el protagonismo es compartido. Durante prolongados fragmentos el punto de vista de la narración pasa a ser el de Número 2. Esto sirve para retratarle psicológicamente de modo mucho más detallado de lo que suele ser habitual en la serie (vean la sección Dime qué Número 2 prefieres y te diré como eres). Las travesuras del prisionero, sus idas y venidas por La Villa, sirven de trasfondo a la creciente ansiedad de su enemigo, que es descrita con atención. Los minutos dedicados a Número 6 en cambio le muestran comportándose de modo aparentemente absurdo. Y esa falta de explicación logra involucrarnos y hacernos partícipes de la confusión y desconcierto que el mismo Número 2 sufre. Sólo al final del episodio ambos contrincantes se encontrarán por última vez y su dialogo otorgará explícitamente sentido a todo lo sucedido.

Hemos visto también que otra constante de la serie es que Número 6 jamás sabe con certeza de quién puede fiarse. Su confianza en los demás es traicionada en múltiples ocasiones, hasta el punto de que su creciente aislamiento nos ayuda a trazar la cronología de la serie. En línea con la transposición de roles que define este capítulo, es Número 2 quien tiene aquí un agudo problema de confianza. Ante el acoso de Número 6, sospecha de sus subalternos, hasta de su mano derecha, el leal y obediente Número 14. Incluso en un momento dado llega a despedir al mayordomo enano y al controlador calvo, quienes le contemplan con cara de incomprensión resignada.

Por otro lado, la forma en la que Número 6 doblega a su rival nos sirve en bandeja una reflexión acerca de la obsesión con la seguridad que permea las sociedades modernas. Y además nos propone una forma de evadirnos de ese creciente control que padecemos. Como ya advertíamos al comienzo, el guión de Roger Woddis toma partido por describir La Villa como una distopía totalitaria de corte soviético u orwelliano (todo sugiere que Orwell fue una importante influencia para Woddis), en la que cada ciudadano es un espía dispuesto a informar sobre cualquier elemento subversivo, incluido su vecino o uno mismo. Más interesante aún es comprobar que La Villa es una comunidad cuyos líderes se sirven de la obsesión con la seguridad para mantener su mando sobre ella. Parémonos a leer el periódico un momento.

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“El nuevo No. 2 ha hecho una llamada pública a incrementar la vigilancia en todo momento. La seguridad de la comunidad debe ser protegida.
‘Debemos estar en constante guardia contra los enemigos que hay entre nosotros’, ha declarado en severa advertencia contra una posible subversión. ‘La tónica de este momento es la vigilancia’, dijo No.2.
‘No sabemos necesariamente dónde están nuestros enemigos o quiénes pueden ser. Por ello es el deber de todos nosotros estar en constante alerta contra los traidores que, a nuestras espaldas, tratan de minarnos y destruirnos.’”

¿Les resulta familiar? Como en nuestro mundo post-9/11, las autoridades de La Villa utilizan una difusa y anónima amenaza como forma de mantener la cohesión interna y la dominación sobre sus habitantes. Número 6 conoce los mecanismos de La Villa, la vigilancia omnipresente, la red de delatores y soplones. Y decide utilizarlos contra ella misma, emplear su obsesión con la seguridad para dinamitar su funcionamiento. Consciente de que cada movimiento suyo va a ser registrado, cada conversación grabada, cada pieza de información que deje tras él comprobada y analizada por sus captores, el prisionero comienza a actuar de manera abiertamente sospechosa, a difundir falsos rumores, mensajes vacíos, a mantener diálogos sin sentido. Número 6 usa de nuevo la simplicidad, los significados directos, para romper la complejidad hipertrófica de La Villa. Las hojas en blanco, el reloj de cuco, la dedicatoria inocente que el guardián no puede aceptar como tal (el controlador calvo le replica “it means what it says,” análoga a la frase utilizada por el prisionero en The Chimes of Big Ben). Mediante estas acciones de excentricidad aparente y de desobediencia encubierta, el sistema alcanza la locura, el colapso, por culpa su propio diseño, por llevarse a si mismo hasta las últimas consecuencias. Dos ejemplos en el mundo real de esta forma de resistencia son la propuesta de llenar nuestros emails con palabras clave como “revolución”, “bomba” o “Bin Laden” con el fin de bloquear la red Echelon, o la de este colectivo que nos anima a hacer saltar mediante trucos sencillos todas las alarmas de los centros comerciales (que son, a su manera, sucursales de La Villa en nuestra vida diaria).

La rabiosa relevancia del episodio es sin duda obra de su autor, Roger Woddis, escritor y poeta célebre por sus textos satíricos. Muchos años antes de los sucesos del 9/11 su poema Ethics for Everyman ya satirizaba la doble moral que despliegan quienes ostentan el poder y su uso turbio del lenguaje, algo que también criticaba Orwell en el ensayo Politics and the English Language (1946) (y del que precisamente se extrae la cita que abre este texto): Lo que impartimos nosotros es Justicia, lo que Ellos crean es Terror.

Throwing a bomb is bad,
Dropping a bomb is good;
Terror, no need to add,
Depends on who’s wearing the hood…

No es sorprendente por tanto la ambigüedad moral que desprenden las acciones de Número 6, una ambigüedad que ya hemos encontrado en ocasiones anteriores: Si Número 6 emplea contra La Villa sus propias herramientas ¿no las ha legitimado en cierto modo? ¿No se ha convertido en aquello que odia? ¿Hasta qué punto es diferente de sus captores? Esta ambivalencia se hace especialmente visible en el último tramo del episodio cuando Número 6 vuelve a enfrentarse a Número 2, al que reduce a un pelele de un modo despiadado e implacable. ¿Es ese hombre frío y autosuficiente merecedor de nuestra admiración?

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En cuanto a la variedad de referencias que nutren Hammer into Anvil , los evidentes referentes literarios no sirven para articularlo intimamente, para suministrar imágenes o metáforas, como por ejemplo si ocurría en Dance of the Dead. Así por ejemplo Número 2 pronuncia “Du mußt Amboß oder Hammer sein” (“Debes ser clavo o martillo”), el fragmento del Fausto de Goethe que da título al episodio. Por otro lado, el anuncio que Número 6 coloca en el The Tally Ho dice “Hay mas mal en la aldea que se suena,” frase perteneciente al capítulo XLVI de la primera parte de El Quijote. Estas citas son no posee mayor relevancia que la evidente, aunque algunos analistas se hayan dejado las cejas en encontrársela. Por el contrario, la aparición del cuarto movimiento de L’Arlésienne (presentado en un vinilo de deliciosa portada constructivista, por cierto) sí que posee un ulterior significado. Esta suite fue compuesta por Georges Bizet como música de acompañamiento para la pieza teatral homónima escrita por Alphonse Daudet. La obra trata sobre un campesino que enloquece tras descubrir que su prometida (la joven de Arles a la que se refiere el título) le ha sido infiel. A pesar de los esfuerzos de sus familiares por ayudarle, el pobre diablo termina tirándose por un balcón. Como ven, el paralelismo con el final de la desafortunada Número 73 es evidente. Pero eso no es todo (nunca lo es con El Prisionero, ya deberían saberlo). Por extensión, el término “L’Arlésienne” se utiliza en lengua francesa para referirse a personajes, como la prometida del campesino suicida, alrededor de los cuales gira una trama o escena pero que sin embargo no llegan a aparecer en ella, como el Godot de Beckett. En la spy fiction, el ejemplo más famoso de arlésienne corresponde a Ernst Stravros Blosfeld, el jefe supremo de S.P.E.C.T.R.A, a quien sólo se veía sentado y de cintura para abajo (gato persa incluido) en los primeros films de Bond (en una imagen parodiada infinidad de veces a lo largo de los tiempos). Algo parecido ocurre en Hammer into Anvil, donde ese personaje que no aparece, el origen último de la trama, es la fuente del miedo que domina a Número 2;  su interlocutor (¿Número 1? ) al otro lado del enorme y curvo teléfono rojo (que ya vimos en A,B, & C) o el misterioso XO4 al que Número 6 dirige sus falso mensaje. Una amenaza de dudosa existencia que sin embargo posee el poder de aterrorizar a los hombres.

Pero sorprendentemente, el referente más importante del episodio no es siquiera mencionado en él. Como han señalado muchos comentadores, la trama de Hammer into Anvil recuerda poderosamente a la del Otelo de Shakespeare, una tragedia de infidelidades (de nuevo), recelos y ambición. En ella Yago conspira para vengarse de Otelo por haberle negado un ascenso y haber seducido (quizá) a su mujer. Para ello manipula al resto del personajes con el fin de aprovecharse de los celos enfermizos del general moro de modo análogo al que Número 6 redirige el funcionamiento de La Villa para aprovecharse de la debilidad de Número 2, llevarle hasta la locura y vengar así la muerte de Número 73.

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A un nivel visual, aparecen dos elementos involuntariamente cómicos. Primero, descubrimos que el mástil de la bandera de La Villa alberga en su interior un láser que se usa para abatir a la paloma mensajera que Número 6 utiliza como parte de su plan. Sin embargo el arma resulta más bien ridícula y bastante poco amenazadora. Por otro lado, entra en escena por primera vez el Kosho, un deporte inventado por el propio Patrick McGoohan y del que hablaremos con mayor detenimiento en el próximo capítulo. Aún así este interludio, que francamente no tiene ni pies ni cabeza (aunque de fondo al menos suene una hermosa pieza de Vivaldi), ofrece el interés de mostrarnos a Número 14 y Número 6 enzarzados en una rivalidad propia de dos gallitos de internado, El Rebelde vs. El Obediente, muy similar a la que sostienen el personaje de Malcom McDowell con su antagonista Rowntree en If… (Lindsay Anderson, 1968), film que como veremos posee hondas afinidades con El Prisionero.

¿Orden? ¿Qué orden?: Sorprendentemente, existe en Hammer into Anvil cierta indicación del paso del tiempo. El propietario de la tienda de La Villa no es el habitual. Cabe especular sobre el destino del anterior tendero, sobre si fue reemplazado tras sumarse al grupo de insurrectos en Checkmate. Lo que si está claro es que Número 6 ya es un veterano residente de La Villa. Conoce sus modales, resortes y mecanismos. No hay ningún intento de fuga. Solo el plan de sabotearla desde dentro utilizando contra ella sus propias estructuras. Otra prueba la encontramos en el momento en el que Número 6 avisa a Número 2 de que muchos de sus predecesores han intentado romperle sin éxito. En respuesta, éste le agrede físicamente, algo que hasta ahora no habíamos visto. En perspectiva, Número 6 proyecta una sombra tenebrosa, propia de los episodios más avanzados de la serie y se comporta de un modo que avanza de algún modo su conclusión. Esto ha llevado a algunos a plantear que este podría incluso ser el antepenúltimo episodio, pues los últimos dos son partes de una misma historia. Lo que sí parece fuera de duda es que Hammer into Anvil es el más tardío en la cronología prisionera de todos los que hemos analizado hasta el momento.

Dime qué Número 2 prefieres y te diré como eres: Patrick Cargill ya apareció en El Prisionero como Thorpe, el escéptico superior de Número 6 en Many Happy Returns (le pueden ver sentado a la izquierda en esta foto). Y aunque, como ya hemos repetido muchas veces, podemos encontrar dobles por doquier en la serie, es probable que aquel personaje no tenga relación alguna con el Número 2 que Cargill interpreta en Hammer into Anvil. Sin embargo, sí que existe un paralelismo con un villano muy similar que él mismo encarnó en el capítulo Los Mercaderes del Miedo de Los Vengadores, emitido tan solo unos meses antes. Su Pemberton en aquel episodio y su Número 2 en este son ambos sádicos profesionales que utilizan la crueldad para intimidar a sus víctimas, pero también para esconder sus propias debilidades.

Contrariamente a sus predecesores, este Número 2 no duda en emplear la agresión física directa contra Número 6. Impaciente y desconfiado, no admite con facilidad la frustración ni las críticas, teme la insubordinación y a medida que las contrariedades van acumulándose su manía persecutoria y su neurosis no hacen más que acentuarse. Permite que su propia inseguridad le domine, hasta el punto de llegar a interferir y entorpecer el funcionamiento de La Villa en un intento de salvar su propio pellejo. Es finalmente su ansia por el poder lo que le pierde. Su imagen abrazado al velocípedo le define perfectamente. La de un hombre débil, ruin, moralmente corrupto, aferrado al poder, incapaz de vivir sin él.

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Cárteles y eslóganes: La tienda de La Villa nos ofrece una variedad de mensajes que ironizan sobre el poder anestésico de la música. Y también podemos comprobar que La Villa tiene sus propias publicaciones de entretenimiento: El Village Journal, de portada inspirada claramente en la Paris Match y la Village Weekly.

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¿Para qué hablar?

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¿Para qué pensar?

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Arriba, Village Weekly. Abajo, Village Journal. La Villa también tiene su corazoncito.

El detalle: Cuando Número 2 trata de interrogar a Número 6, éste decide intimidarle con el sable oculto en su bastón. Tras balancearlo de laso a lado de su rostro, Numero 2 le pincha precisamente en la frente, entre los ojos, en el mismo lugar en el que se empleó contra él la luz interrogadora en The Schizoid Man o el Test de la Verdad en Free for All.

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¿Dónde puedo descargar este episodio? Aquí.

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