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The Twilight Zone - Piloto: La dimensión de la imaginación

Jordi Sánchez-Navarro, October 20th, 2007

Quizá cambien las tornas, pero la televisión de los últimos años se ha visto inundada de tramas complejas que abarcan enormes arcos argumentales o incluso temporadas enteras, personajes que evolucionan en formas cada vez más complejas y que interactúan de modos que dejan en ridículo, por simple, a la vida real. Los que hemos disfrutado con Lost (supongo que todos) sabemos que el debate ya no es si el arte imita a la vida o viceversa, sino hasta qué punto los demiurgos dementes que crean la buena televisión de hoy (es decir, la tele americana) son capaces de crear vidas de laboratorio que acomplejan hasta al más talentoso de los premios Nobel de literatura. Pero hubo un tiempo en que esto no fue así; hubo en tiempo en que los espectadores extraían placer, gota a gota, de pequeños sainetillos de cámara protagonizados por monstruos de la comedia, o de píldoras que, lejos de entumecer los sentidos, causaban agitación, inquietud y zozobra del ánimo. Si tuviera que elegir los dos paradigmas de cada una de la tendencias apuntadas de aquella televisión, citaría I Love Lucy y The Twilight Zone. Eso era buena televisión. Defender hoy día una serie clásica no es un acto político (es decir, no equivale al conservadurismo rampante de decir qué rollo son Lost, The Wire o The Sopranos, con su gente seria y enjuta de una infinita complejidad de carácter y comportamiento que da para escribir libros de filosofía, y qué buenas son las cosas sencillas como la tortilla de patatas o el pan con tomate y aceite de oliva). O sí; es político en el sentido en que lo es la justicia. Y de esa idea de hacer justicia nace la aventura que van a poder leer en este rinconcito de EliteVisión: la lectura atenta de todos y cada uno de los episodios de The Twilight Zone.

La creación de Rod Serling es la primera serie televisiva que encarna lo que luego ha sido el trayecto vital de la mejor televisión: la excitación inicial de los creadores ante el nuevo proyecto, el entusiasmo de la recepción crítica de los primeros episodios, la consolidación de un público fiel, las mutaciones azarosas producidas por la presión de la cadena y de los patrocinadores y, por último, la decadencia progresiva. Y, después de todo eso, la lógica coda: el culto.

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Más allá del entendimiento humano


Los hechos son los que son, y abusar de ellos se lo dejamos a los wikipedistas, pero algo hay que decir: The Twilight Zone se emitió desde octubre de 1959 hasta junio de 1964 en la CBS. Tras unos años de febril trabajo como guionista en varias series de las llamadas “antológicas” (es decir, contenedores de episodios autoconclusivos), Rod Serling vendió a la CBS un episodio piloto (The Time Element) para una serie cuyo desarrollo coherente pretendía controlar. Este piloto se emitió de forma independiente en una de aquellas series antologicas, pero su éxito sirvió para que la CBS recibiera con los brazos abiertos un nuevo piloto (Where is Everybody) que, este sí, formaría parte del nuevo programa, ya titulado The Twilight Zone. La primera temporada de la serie recolectó índices de audiencia más bien magros, pero tuvo una buena acogida crítica y ganó varios premios, entre ellos un Hugo. En las siguientes temporadas, los cambios en los patrocinadores, las propias transformaciones en la CBS y el desgaste en la relación entre Serling y el productor Buck Houghton hiceron que la naturaleza poco convencional de la serie fuera un obstáculo insalvable para un desarrollo comercial normalizado. El hiato entre la tercera y la cuarta temporada, de hecho, marcó un punto de inflexión definitivo: los episodios pasaron de durar media hora a alargarse hasta la más estándar duración de una hora, sin que por ello mejoraran sus resultados comerciales (los creativos era evidente que no iban a mejorar con el cambio). La quinta temporada supuso el retorno a la duración inicial y también el deterioro definitivo del proyecto. Cuando, a principios de 1964, la CBS anunció que no renovaría una sexta temporada, Serling, en lugar de hundirse, respiró aliviado y emprendió nuevas aventuras igualmente revolucionarias. En sus cinco años de vida, The Twilight Zone había alojado bajo el mismo techo a grandes realizadores (tanto a glorias de Hollywood del tipo Mitchell Leisen, como a Robert Altman o Ted Post), a todo tipo de estrellas (¡desde Buster Keaton hasta Lee Marvin!) y a grandes guionistas como Charles Beaumont y Richard Matheson, que complementaron el trabajo de Serling con algo más que competencia profesional (a lo largo de los análisis ya tendremos tiempo de temblar con los guiones de Matheson).


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Rod Serling, el jefe de todo

Esta intro no seria completa sin explicar mi propia relación con el programa. Comenzó como la de casi todos los miembros de mi generación, con el estreno de la película que en 1983 Steven Spielberg y John Landis produjeron y codirigieron con Joe Dante y George Miller. El largometraje recuperaba algunos episodios míticos, pero lo más interesante era que incorporaba un prólogo que era todo un metacomentario sobre el culto a la serie. El cinéfilo apenas adolescente que era yo tenía que saber más: ¿qué era esa serie que había marcado la vida de los que estaban marcando la mía?. Con el tiempo, pude acceder a los pases nocturnos que la televisión autonómica catalana programó a lo largo de varios veranos, y fui recolectando pacientemente episodios. Pero entonces ya había leído mucho sobre la serie, y el entusiasmo dejó paso a una cierta frustración cuando supe que jamás vería la serie entera: TV3 programaba sólo el paquete de episodios que se había sindicado, por lo que jamás podría ver los capítulos de una hora de la cuarta temporada, ni tampoco la celebrada adaptación del cuento de Ambrose Bierce An Ocurrence at Owl Creek Bridge, que, en realidad, era un cortometraje de producción francesa premiado en Cannes en 1962 que había sido transformado en episodio de la serie mediante una introducción de Serling y un remontaje. Pero ahí estuve, al pie del cañón, robando horas al sueño para grabar en vídeo la serie en su orden de emisión. Si existe eso que llaman la “educacion sentimental”, Serling fue uno de mis maestros.

Analizar, hoy, The Twilight Zone es volver a un tiempo en que se creaban historias audiovisuales sobre astronautas sin que nadie hubiera visto cómo era un astronauta de verdad; es volver a un tiempo en que se podía decir “Existe una quinta dimensión más allá de lo conocido por el hombre” y dejar al público boquiabierto; es volver a recordar la sintonía más espeluznante hasta la llegada de la tonadilla de X Files. Es, en suma, volver al principio de la tele pop. Por fin, podré pensar con calma, junto a los que me vayan leyendo, qué tenía esa serie que marcó la vida de los que marcaron la nuestra.

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Astronautas de los de antes

13 comentarios en “Piloto: La dimensión de la imaginación”

    absence :

    Esta es perfecta para seguirla junto a usted: 25 minutos caben en cualquier sitio.


    el señor snoid :

    “…esa serie que marcó la vida de los que marcaron la nuestra.”

    Acertado apunte.Seguire sus paseo por la serie con deleite, de hecho creo que voy a sacar el pack de dvd del armario para ir revisandolos poco a poco.


    Aura :

    Le voy a seguir con fruición. Sólo ver los créditos y escuchar esa tonadilla que usted tan bien describe me hacían entrar en trance…


    Noel :

    Nana-na-na, nana-na-na, nana-na-na… Esto va a ser un trance loco, un gustazo y un privilegio.


    Alvy Singer :

    Bendita razón en lo de estar en contra de Lost: en sus mejores momentos, Lost parece ser muchos capítulos de Twilight Zone a la vez. O, mejor dicho, en mis momentos favoritos de Lost.


    Alvy Singer :

    Por tono y estilo pienso en el capítulo de Desmond, Flashes before your eyes.


    Jordi SN :

    Sí señor, Desmond. ¿Y qué me dices de Hugo? Todo él parece estar sacado de The Twilight Zone.
    Es que esa es un poco la idea: casi toda la tele “eerie” nace del alimento cerebral que Serling proporcionó. Bueno, para ser justos, Serling y algunos locos ingleses de los sesenta.


    Higronauta :

    Tengo una pregunta, y como no soy capaz de esperar a que llegue el episodio en cuestión, se la suelto aquí, que para eso está usted con la enjundia de la serie: ¿Por qué el episodio del tipo que lo único que quería era que le dejaran tranquilo para leer (con ese apoteósico y fatalista final) marcó tanto y a tanta gente? (Lo digo porque ya me he encontrado con varias personas a las que se les quedó muy marcado, a parte de aparecer en un capítulo de Padre de Familia).

    Gracias.


    Jordi SN :

    Es una buena pregunta, aunque no estoy muy seguro de la respuesta. El episodio en cuestión es “Time Enough at Last” y creo que son dos los factores que lo han hecho uno de los más recordados. En primer lugar, de todos los finales sorpresa marca de la casa Serling, este es, sin duda, el más extremo y, como dice usted, fatalista. Apenas iniciada la serie (es el capítulo 8), Serling se atrevía con un twist final que sólo se había visto hasta entonces en la literatura de ciencia ficción. Luego se repitió la fórmula, pero aquel fue el primero… También está, por supuesto, el papelón que interpreta Burgess Meredith, encarnando la pura desesperación al final. De todos modos, si se hiciera un estudio entre la multitudinaria comunidad de fans de la serie, cada fan tendría su episodio traumatizante: hay quien citaria “To serve man”, “Judgment Night”, “The Monsters are due to Maple Street” o “The Eye of the Beholder”. Uno que me aterrorizó particularmente fue “Spur of the Moment”, una joya gótica con guión de Richard Matheson.
    De todos ellos hablaremos…


    Higronauta :

    A la expectativa analitica quedo pues.

    Y gracias, una vez más, por su esclarecedora respuesta.


    kike :

    La zona desconocida… ¡¡Que clásico tan maravilloso!!


    Moebius :

    Gran post para un pedazo de serie, sí señor. Pocas veces se han juntado tantos talentos y tantos rostros interpretativos para dar a luz a una serie tan original como deudora de toda la ciencia ficción anterior. Y todo se lo debemos al gran Rod Serling, cuya voz no deja de fascinarme.

    The sign post up ahead, your next stop… The Twilight Zone. Grandioso


    Franz :

    Rezo todos los días por una futura resurrección de sus estupendos análisis. Incluso pagaría una suscripción.


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