Things are not always what they seem to be – Dr. Jackson
Dice la sabiduría popular que las cosas rara vez son lo que parecen. Así, a primera vista, cualquiera pensaría que este episodio sirve para introducir el personaje de Paul Foster, pero un análisis más profundo puede llevarnos a la conclusión de que en realidad responde una pregunta que cualquier seguidor de la serie se ha planteado alguna vez: Cómo es posible que nadie en el planeta tierra se haya dado cuenta todavía de que el gobierno encubre ataques alienígenas?
Al espectador avispado este episodio, colocado en el quinto lugar le puede resultar confuso y probablemente se preguntará: “Me engañaron mis ojos o Foster aparecía ya en el cuarto episodio? Porqué ahora lo introducen como si nada?” Todo es complicado, este episodio se rodó para ser emitido en segundo lugar, pero por razones desconocidas se reeditó para ocupar el quinto.
Un avión civil en pruebas entra en la órbita de un intento de invasión marciana. Los dos pilotos, más curiosos que precavidos desobedecen las órdenes de abandonar el área: han avistado un ovni, y quieren evidencia fotográfica, para lo que el segundo en comando utiliza primero su cámara personal compacta (a las madres siempre les impresiona ver a sus hijos envueltos en asuntos serios) y después la profesional del planeador.

Desde la base de SHADO, Straker hace todo lo posible por despejar la zona de batalla con numerosas llamadas de teléfono que no previenen la tragedia, Skydiver dispara un misil contra un UFO infiltrado y la onda expansiva alcanza el avión y éste cae en picado.
Pero las cosas no son lo que parecen.
El piloto Paul Foster es el único superviviente y tras escribir su informe es invitado a tomarse unas vacaciones forzadas. Intenta convencer a su jefe de que lo que vio es real, pero solo consigue que le tomen por loco. El oficial Dr. Doug Jackson, aseadamente maquillado con eyeliner, le cita para discutir el informe y durante el transcurso de la conversación, la dulce japonesa Tsi Chang les sirve el té. Cuando las cosas se ponen algo violentas por la tenacidad de Foster, Chang aparecerá de la nada para bloquear al piloto con una llave y dejarlo al borde de la asfixia. Las cosas, de nuevo, no son lo que parecen.

A partir de aquí el episodio ofrece todo tipo de desencuentros con diferentes personajes que intentan disuadirlo de su objetivo de demostrar su teoría marciana. De esta forma los Anderson flirtean con la fórmula realidad-irrealidad que tan famosa hizo Blow Up (1966), un complot en contra de lo que uno ha visto, un intento de hacerle creer que ha perdido la razón, una excusa para colocar a alguien en los límites de su paciencia.
El Estado tiene un secreto, oculta información por el bien general, somos testigos de una mentira piadosa para “proteger” al ciudadano, para evitar el caos general. El siguiente encuentro le sorprenderá en su propia casa y nos explica este concepto con pelos y señales. La hermana del piloto fallecido, Wade, se ha colado para pedirle explicaciones sobre la responsabilidad del accidente, pero pronto lo que era una visita de acusación se convierte en el comienzo de una gran amistad y en una segunda secuencia los veremos bebiéndose un whisky. Pronto la convence de su versión y explica el encubrimiento de con estos términos:
Imaginemos que las autoridades tienen evidencias irrefutables de que ovnis han llegado a la tierra. Cuál sería el resultado si esta información se infiltrara? Histeria masiva, terror, un colapso de la autoridad.
En el proceso de la conversación, Foster descubre que su antiguo jefe conserva los objetos personales entre los que podría estar la cámara de fotos utilizada durante el avistamiento. En un gesto que más casual que planeado, le ofrece el vaso a la chica (casi puedo escuchar a voz de grito: “Friega esto!”) mientras él sale disparado a realizar cosas importantes. Un gesto insignificante que casi sirve para poner al personaje femenino en su sitio, sobre todo teniendo en cuenta que ocurre en casa de éste. Pero perdonamos la insignificancia del detalle porque previamente hemos visto a la geisha experta en artes marciales. Hay que hacer balance.

La cámara ha sido manipulada, pero en su búsqueda, Foster da con el nombre de Ed Straker.
Su encuentro con el Straker es mítico. La cita tiene lugar en unos estudios en los que el comandante despliega su farsa de director de cine que viste a la moda, a pesar de que su chaqueta no estaría fuera de lugar vistiendo a uno de los caballeros de la mesa redonda. Los estudios son verdaderos, la MGM los utilizó en El Prisionero y en The girl who was death. Straker lo intimida mostrándole su pistola y su afinada puntería; después lo acompaña a su despacho. Personalmente la secuencia entera destila un tufillo homoerótico discreto, un innuendo sexual tenso y con matices de maestro-aprendiz.

Muy sutil, recordemos que estamos en Gran Bretaña, aquí la población no tiene vida sexual, tienen bolsas de agua caliente. Un ligero tira y afloja que desencadena todo el montaje. Pero dije que las cosas no son lo que parecen? El twist final es una sorpresa a medias, una justificación a la rudeza del comandante y una explicación a los métodos de selección de personal de una corporación como SHADO. La seguridad es su máxima premisa nunca ha de bajar la guardia y para eso es importante que las cosas no sean lo que parecen.

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