Un episodio de su época. La ciencia ficción ofrece el ambiente más adecuado para el final de los sesenta, con guateques minifalderos y alcohol, rock y homoeroticismo. Entre todas las aleaciones posibles de elementos dispares (zombis y nazis, vampiros y icebergs, ratas gigantes y el oeste) los aliens y la psicodelia forman una pareja razonablemente hermosa, si bien esta última resulta una novia un tanto nihilista.
Foster es el personaje comodín de las series, utilizado por los Anderson para representar diversos conflictos desde crisis emocionales, dudas varoniles hasta, como en este caso, las repercusiones del exceso de vida nocturna. La razón reside en las características del personaje, joven, atractivo y versátil así como sus dotes de actor, que superan las del resto del equipo.
Ordeal es un episodio que por un lado nos advierte sobre los efectos negativos del alcohol (y las drogas, añadiría yo), como si se tratara de un protoanuncio de la dirección general de tráfico, al mismo tiempo que nos demuestra estar a la última en recursos narrativos. Se adelanta a su tiempo en el concepto de deus ex machina que los responsables de Dallas popularizarían veinte años más tarde. Esta es la técnica de “hacemos lo que nos da la real gana y después decimos que era un sueño”. El abuso de autoridad para manipular a la audiencia no es justificable ni en nombre de la didáctica, pero una abducción alienígena llevada a cabo en una sauna es suficiente para mí para absolverles de todo pecado. Foster, semidesnudo, con una toalla cubriéndole las caderas, es raptado por marcianos justo después de asistir a una fiesta salvaje.

Después tenemos al corazón de hierro Straker, que a pesar de ser consciente de que su subordinado se halla en el ovni, quiere derribarlo. Y si este no fuera castigo suficiente, los aliens convierten a Foster en uno de ellos, plantándole un traje espacial rojo y forzándole a respirar el aire líquido que los mantiene vivos. Esa es la parte más turbadora y el mayor logro del capítulo, la posibilidad de que uno de nuestros héroes sea transformado en villano.
Las escenas de la fiesta están montadas de forma efectista y son de alto contenido sexual. El vestuario de los invitados es la envidia hippy, la música es de los Beatles y los cóctails con numerosas bebidas circulan de forma fluída. Incluso el piloto parece demasiado feliz como para estar solo bajo los efectos del alcohol. Una representación agradable y festiva que contradice el mensaje absoluto de Ordeal, que de nuevo es el de acentuar la relevancia del deber y la responsabilidad que acarrea proteger el mundo sobre lo personal y cotidiano. Así, si en un principio admiramos las imágenes de la celebración positivamente, al final habremos cambiado nuestra lectura de la misma. Nos pretende enseñar que quien se excede es castigado y que como cualquier padre diría, no se puede tener todo. Hay que elegir.
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